Como una primera cita con tu esposa después de 25 años de matrimonio, "El espíritu de la ciencia ficción", que es el texto inédito más esperado de Bolaño, nos vuelve a sorprender levantando la llama de la pasión como si nunca se hubiera mojado la pólvora.
Publicado el 24.11.2016
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Bolaño ilegible. Inasible. Mítico. Una estrella distante que ni siquiera baja cuando el lector abre un libro suyo. El Roberto Bolaño de los afiches y textos análiticos no le hace justicia al escritor excelente. Como una camisa de fuerza, volvemos al artista chileno más influyente de este siglo con anteojeras, con el freno de mano arriba y tieso, y la existencia de trabajadísimos textos inéditos suyos prometida por su viuda y su mejor amigo, el crítico literario Ignacio Echeverría, solo contribuye a echar leña en la ansiedad de su público. 

¿Dónde está la literatura? ¿Para qué sirve escribir? En Bolaño World, los escritores están por todas partes. Todo el mundo quiere ser publicado, vive la poesía diariamente y se relaciona afiebradamente con todos los aspectos de la vida. El espíritu de la ciencia ficción fue escrita en México a principios de los años 80, cuando el chileno recién superaba la treintena, pero ya había optado por renunciar a todo, a una vida opaca, a su país, al contacto con lo pedestre, a todo, menos al prurito de escribir bien. Esta novela inédita, que hasta hoy se suponía inacabada y que debe ubicarse previa a toda fragua estilística de la carrera del chileno, puede claramente servir de lo que en el rock son los discos de outtakes y demos no publicados: una especie de puente conceptual, un barniz de contexto para entender los mecanismos internos de la creación. Los críticos la están relacionando con Los Detectives Salvajes, y hay mucho de eso, pero no sugeriría dicha empresa. Allí donde el mito se come al artesano, tenemos una oportunidad de volver a leer a Roberto Bolaño como si fuera un furioso escritor joven.

El espíritu de la ciencia ficción va construyendo un relato con piezas de Lego esparcidas en el piso que Bolaño va disponiendo hábilmente para que tropecemos con ellas, y sólo nos deja ver la protoforma de sus hilos narrativos cuando ya es tarde, y las tenemos clavadas en la planta del pie. Esta pequeña novela a tirones es poco más que un truco muy bien diseñado, un pie forzado que aún no fluye natural, pero en esa rudeza reside su encanto. ¿Será que este debería ser el primer libro que leamos de Bolaño y deberíamos olvidar todo el resto para volver a descubrirlo? Como una primera cita con tu esposa después de 25 años de matrimonio, este, que es el texto inédito más esperado de Bolaño, nos vuelve a sorprender levantando la llama de la pasión como si nunca se hubiera mojado la pólvora, y se lee como un vórtex magnético porque la prosa de Bolaño, ese típico relato suyo que es erúdito pero filoso, es también incombustible, inesquivable.

Hay algo morboso en los facsímiles de apuntes, notas y dibujos que cierran el volumen. Vaya a saber uno si la aparente liquidez y simpleza de El espíritu de la ciencia ficción mortificó a sus editores con el temor de entregar un producto demasiado puro, demasiado desnudo, demasiado real, con muy poco glamour y decidieron incorporar dicho acápite para “vestir” más la edición. Vaya a saber uno. Lo que sí está claro, es que al terminar la lectura, uno queda con ganas de recomendar al escritor. Eso pasa un milisegundo antes de recordar que acabamos de tener una cita retro con el más grande de su tiempo. No te mueres nunca, Bolaño. No te mueres nunca.

*Esta columna fue publicada originalmente en el sitio http://www.lectambulos.cl/