De no encontrar su silla en el café del barrio desocupada, la rockera se amurra y encierra en el baño.
Publicado el 05.01.2017
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Rockera punk, artista visual, actriz y escritora; en su inquietud permanente radica el genio de Patti Smith. Con su debut Éramos unos niños obtuvo el National Book Award y ahora vuelve con M Train, un libro de memorias donde cuenta episodios de su pasado y sus aficiones del presente. La máxima: su gusto por visitar cafés que resultan el perfecto complemento a su agitada vida intelectual.

Este volumen contiene reflexiones o episodios de su vida combinados con fotografías de lugares u objetos que la obsesionan y otras donde aparecen ella y su marido fallecido, recurso nostálgico, que recuerda a los libros de W. G. Sebald a quien cita entre otros muchos autores que la entusiasman. Quien más es el chileno Roberto Bolaño. Estuvo analizando 2666 por varios años. También se demoró con Haruki Murakami. Pero Smith no solamente se conmueve por las letras, últimamente se queda pegada con las series policiales, desde The Killing hasta C.S.I. Miami, todas tienen el componente de la oscura personalidad del detective. Si toma whisky ella también lo hará. En una oportunidad estuvo en Londres dedicada exclusivamente a ver una de estas series.

No es el simple trastorno obsesivo compulsivo lo que la lleva a sentarse en el mismo lugar, bajo el mismo cuadro, en el mismo café. Lo que hay es una postura melancólica y teatral muy acorde a sus inicios punk. Así escribe: “No es depresión sino más bien fascinación por la melancolía, a la que doy vueltas en la mano como si fuera un pequeño planeta, veteado de sombras de un azul imposible” o: “Tengo un bonito escritorio pero prefiero trabajar en la cama, como un convaleciente en un poema de Robert Luis Stevenson”.

Esta actitud romántica trae implícita también una pureza ingenua que se refleja por ejemplo en un episodio en Islandia con Bobby Fisher cuando la manda a llamar en plena noche y tras una breve charla de política, que al ajedrecista le parece intrascendente (quiere aprovechar el genio musical), terminan cantando a viva voz frente al asombro del guardaespaldas.