Su aparición en una de las escenas de la película ganadora del Oscar “Una mujer fantástica” trajo de vuelta a este comedor con más de tres décadas de historia, que fue por años uno de los referentes de la propuesta culinaria capitalina.
Publicado el 21.06.2018
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Lo fantástico se emparenta con ideas afines como lo fabuloso, lo increíble, lo imaginario y lo quimérico. Este tradicional comedor, que cuenta con más de tres décadas operando en el subsuelo de una reconocida galería capitalina, ha sido utilizado anteriormente como locación para series de televisión y spots publicitarios. Pero no fue sino hasta su aparición en la película ganadora del Oscar “Una Mujer Fantástica” que el famoso Palacio Imperial Lung Fung ha incrementado sus visitas en un 20%, según sus dueños. Algunos son comensales curiosos (los nuevos) y otros, antiguos clientes que regresan.

El Lung Fung (1969), reinaugurado en 1982 en su emplazamiento actual, fue por décadas uno de los referentes de la propuesta culinaria capitalina. Su puesta en escena es realmente palaciega dentro del kitsch y la vegetación de plástico, siempre frondosa y verde. En la actualidad la felpa en los muros y el alfombrado ya cuenta sus batallas y el paso del tiempo. El staff de catas y pajaritos se ha renovado para seguir siendo un magneto ineludible para los niños. El servicio con caras que uno puede reconocer a través de las décadas.

El crítico de cine Andrés Nazarala nos comenta su visión de la escena en el film: “Uno de los mayores aciertos de “Una mujer fantástica” es la elección de locaciones exóticas que tiñen todo de cierta atmósfera de ensoñación. De todos los lugares escogidos -entre ellos La Diana y un vaporoso sauna de Santiago Centro- destaca el restaurant Lung Fung, ese palacio oriental enterrado bajo el asfalto de calle Agustinas. Ahí se desarrolla una escena fundamental dentro de la historia: Orlando (Francisco Reyes) invita a Marina (Daniela Vega) a cenar en la noche de su cumpleaños. La secuencia comienza en las escaleras. Vemos cómo bajan, revelando el letrero de neón en su descenso. Todo está teñido de una luz roja. Los recibe la recepcionista, quien los ubica en la mesa 41. Ya sentados, una pareja de orientales encienden una torta musical y le cantan a Marina el “Feliz cumpleaños” en chino. Todo el restaurant aplaude. Lo que sigue es importante: Orlando le pasa un sobre que contiene un vale por “dos pasajes para las cataratas de Iguazú”. Partirían en diez días pero, como ya sabemos, el viaje no se concretará. Horas más tarde, Orlando morirá de un ataque. El Lung Fung, idealizado al calor del cine, es una zona de promesas y, al mismo tiempo, el epicentro de una tragedia que se puede intuir”.

Pero lo que podría ser una verdadera tragedia culinaria, tiene dentro de todo un final abierto. Más allá de la carne mongoliana (un invento chileno), hay muchas concesiones al paladar local como platos con ¡carne, huevo y papas fritas! Cunde la oferta de voluminosos wantanes y empanadas de camarón (llamado mandarín), gorditas en su relleno y aéreas en su fritura de masa de arroz.

Para desmarcarse de la oferta típica de los restaurantes del rótulo, pedimos Jhon yau Gi, un plato con calamar relleno, bambú, hongos. En esta carta se observa el siempre respetable trabajo con el pato. En este caso el más notable: Pato Papoo, frito con champiñones, algas, camarones y verduras. Las salsas, desde la morena Tausí (en alianza con pescados como la corvina o incluso con cerdo) hasta las más claras como la que bañe el chapsuei, tienen esa carga de sodio tan emparentada al glutamanto y que coquetea en el paladar con su clave umami.

En líneas generales, un restaurant imposible, irreal, vaporoso, transportador. Con su iconografía, con lo que llaman mística, todavía tiene algo que ofrecer.

Lung Fung. Agustinas 715, Santiago (ver mapa). Tel 22638 0845. www.lungfung.cl