Gran valor en una película sobre sexualidad no pontificar. Sería además una torpeza, dado los tiempos que corren.
Publicado el 15.03.2018
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En “Llámame por tu nombre” (Call me by your name) ni se pontifica ni se moraliza. Por el contrario, “en algún lugar de la Toscana en 1983” -como se advierte al comienzo de la película-, las vacaciones de la familia judía Perlman, compuesta por dos profesores de arqueología y su hijo de 17 años Elio (Timothée Chalamet), fluyen en un ambiente bucólico, caluroso  y relajado. Literatura, música, historia y el descubrimiento de piezas romanas son el contexto de este apacible y monótono verano con un adolescente en llamas.

Invitado por el padre, llega a visitarlos su alumno de posgrado Oliver (Armie Hammer), un estudiante judío estadounidense muy buenmozo, inteligente, con mucho mundo y que en pocos días se convierte en el winner del lugar. Elio, todo lo contrario, tímido, encerrado en su lectura voraz de libros que lo inspiran para escribir sus partituras, resiente en un principio la presencia de este dandy roba cámaras, pero que también lo va cautivando erótica y románticamente en su despertar sexual. Intenta evadir la realidad con un noviazgo fugaz con su amiga Marzia, pero se desintegra ante la pasión que finalmente Oliver lo invita a compartir.

Nadie del entorno parece enterarse, excepto los padres de Elio, que lo contienen en silencio… no hay preguntas, sólo espacio para que su hijo vaya descubriendo y sintiendo. Tanto así, que cuando llega el momento de la partida  de Oliver, sugieren que antes pasen unos días solos en Bérgamo. Allí dan rienda suelta a su amor infantil y libre.

Devastado por la despedida, Elio vuelve al regazo de sus padres a  llorar su amor. Es en este punto cuando la historia nos sorprende. Sin mayores explicaciones, padre e hijo tienen una singular comunión emocional, sin juicios morales. Es inevitable pensar lo valioso de este tipo de actitudes parentales para evitar frustraciones y traumas que producen la negación de lo obvio. Serenidad y amor.

Maravillosa imagen final del protagonista con la canción “Mistery of Love” de Sufjan Stevens.

Basada en la novela homónima de André Aciman de 2007, y filmada en 35 mm, esta  cinta pertenece a la trilogía «Deseo» de Guadagnino junto con “Io sono l’amore” de 2009 y “Cegados por el sol” de 2015.

Premios Oscar y Bafta a Mejor Guión Adaptado de James Ivory. Cines Hoyts, 132 minutos.