La producción original de Netflix se estrenó el 28 de abril y hasta el momento su mayor atractivo son los designios del destino y el desamor que contiene la trama.
Publicado el 19.05.2017
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Madrid, 12:00 am. La madrugada del 28 de abril en la estación de metro Gran Vía cerca de 15 hombres se encontraban vistiendo las paredes, de lado a lado, con afiches promocionales de la serie “Las chicas del cable”. Era el indicio de que la nueva apuesta original de Netflix, esta vez producida en España, sería una bomba. Pero eso quedó en expectativas.

La ambientación de la década de 1920, en la que se desarrolla la trama, es perfecta. Emblema que Bambú Producciones se ha ganado en el tiempo con sus propuestas de series de época. Ejemplo de su pulcritud fueron elvete”t, “Gran Hotel”, “Seis Hermanas”e “Imperium”.

Lo que genera ruido no son los atuendos ni las locaciones, sino la reiteración de los contenidos en vida, muerte y amor, los tres temas básicos de cualquier narrativa. Los enredos complejos de encuentros y desencuentros entre los personajes están a la orden del día y el ya conocido trauma del amor imposible son los ejes de la historia que ya no sorprenden.

A breves rasgos se habla de política. Es sin duda un tema en el que la producción podría profundizar, pues el tratamiento de la coyuntura política de 1928 –la pérdida de poder del régimen de Miguel Primo de Rivera y la organización de un golpe de estado- en la que se ambienta la serie se toca casi sin rozar.

También hay intrigas y mafias: Alba Romero o Lidia Aguilar –a cargo de la actriz Blanca Suárez- es una ladrona extorsionada por el Inspector Beltrán (Carlos Kaniowsky) porque le debe dinero y tiene que hacer lo que sea por conseguirlo.

Las protagonistas son mujeres y las historias de los personajes Ángeles Vidal (Maggie Civantos), Carlota Rodríguez (Ana Fernández) y Marga Suárez (Nadia de Santiago) se entrecruzan en la central telefónica para la cual trabajan. Es ahí donde las historias se enlazan y los personajes se conocen. Cada una con un contexto y una vida diferentes, representan los estereotipos de mujeres que trataban de abrirse camino y pelear por sus derechos en 1920. Sin duda una gran lucha por la equidad femenina, pero que en “Las chicas del cable” se trata con exageración y sin equilibrio. Los personajes no tienen fuerza y ceden fácil, a pesar de que hay injusticias, de las que se habla en la serie, que hasta hoy se cometen en contra de las mujeres. Con pinceladas se habla de la disgregación por género, la falta de equidad en los lugares de trabajo, la valía de las mujeres solo en compañía de un hombre y la violencia intrafamiliar. De ahí que “Libres y soñadoras” es la frase con la que se intenta enganchar al espectador, pero que le falta contenido.

Lo que queda es una vez más es el amor. La historia de Ángeles Vidal es tal vez la más potente. Un personaje de características débiles que evoluciona para empoderarse y esta vez sí romper sus barreras. Durante esta primera temporada ella crece y se nota en la buena interpretación de Maggie Civantos. Algo que no sucede con la presencia de Alba Romero, que es la antítesis de los tres anteriores. Una mujer con aires de femme fatale que, en principio, se abre paso usando sus encantos y manipulaciones. Es temeraria y no deja ningún cabo suelto; al menos hasta que la trama avanza. Cuando esta especie de viuda negra empieza a sensibilizarse pierde fuerza, o al menos la poca que tiene al principio.

Dependiendo de lo que busque el espectador, engancharse con la serie cuesta. Los temas son escuetos, las actuaciones poco potentes y algunos lugares comunes. Sin duda se rescata el amargor de las historias de amor imposible pero queda la deuda de la búsqueda profunda de libertad y sueños de estos cuatro personajes femeninos.

Monserrat Vela, periodista ecuatoriana residenciada en España.

Temporadas: 1
Capítulos: 8
Calificación Imbd: 7,5
Creador: Ramón Campos, Teresa Fernández-Valdés,Gema R. Neira
Dónde verla: Netflix

Tráiler: