El alterego de Mairal está hasta el cuello con su matrimonio y aprovecha un viaje a Montevideo para buscar el amor y recuperar su yo perdido. No es que lo encuentre.
Publicado el 01.12.2016
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La uruguaya abre con un matrimonio en crisis. A la defensiva la voz de Pedro Mairal o su alterego desahoga los nervios con un monólogo muy stand up comedy que destila el resentimiento por su ineptitud como marido y la falta de amor que lo afecta, pero que apunta contra esas parejas funcionales que además se contentan con hacer todo a la vez. Las parejas siamesas. Melódicas. Modélicas. Como ésta, hay varias piezas autónomas respecto de la trama, mini-ensayos también que podrían servir en otro contexto. Son momentos universales, en que el autor parece tomar la metralleta y ponerse a disparar contra cada blanco acertándole y, con tal habilidad, que es una detrás de la otra sin tiempo entre medio. Mairal parte al límite de la velocidad, y luego va jugando con la marcha, va cambiando de pista, soltando el cuello, los muslos, para adoptar nuevamente la postura tensa del ritmo vertiginoso de un relato policial que se lee en una sentada. La uruguaya se va construyendo entre estos arranques elocuentes y escenas verosímiles mezcladas con evidente ficción.

Mientras que en Una noche con Sabrina Love un chico se gana una noche con una actriz porno y viaja para encontrarse con ella, en La uruguaya hay una fórmula parecida. El protagonista viaja a buscar plata que no pague impuestos y encontrarse con una mujer llamada Guerra a quien tiene idealizada después de haberla conocido y bailado con ella en un festival de música. Su matrimonio y su hijo son en ese minuto la demostración de su fracaso, apenas los mantiene tapado de deudas, incluso le debe a su mujer, que algo esconde. Pero él también “¿Por qué has leído mis mails?”, le pregunta. Un clásico instantáneo. La uruguaya es una chica engrupida y border que da y quita. Agotadora. Como dice Mairal, al Quijote Cervantes lo apalea tres veces por capítulo. Desde que paga un hotel caro para llevarla como viene soñando por tanto tiempo, todo irá de mal en peor.

Mairal nació en 1970, como cuenta en La uruguaya, en una familia adinerada (también hay un episodio de stand up sobre la clase alta: “la plata estaba en mi infancia, me rodeaba, me cubría de buena ropa, cuadras de un barrio seguro de la capital, alambrados, cercos, ligustros bien podados… y yo después me había dado el lujo de hacerme el descarriado, el artista sin empuje empresarial, el bohemio. Era un lujo más. El hijo sensible de la alta burguesía. Pero el precio de mi bohemia se empieza a pagar ahora, era a largo plazo”). Se hizo famoso con Una noche con Sabrina Love, (la mamá de un amigo le preguntó por qué le habían premiado con una prostituta). Publicó El año del desierto,SalvatierraPornosonetosEl gran surubí entre otros y el 2015, en Chile, Maniobras de evasión (Edicones UDP), donde reunió sus columnas a las que se dedicó por más de siete años.

La uruguaya es la vuelta del escritor a la ficción o a la autoficción. Mairal juega con el lector, lo ve como el detective que busca al autor, y le sigue el juego dejándose encontrar; el voyerismo que se nutre del exhibicionismo de mostrar y ocultar. Por eso no duda en poner gran parte de su persona en su personaje, para que el lector sienta que está viviendo la historia, como si fuera “Elige tu aventura”, ese es su poder, porque de todo lo que cuenta el argentino de su pesadilla por “el tranquilo”  Montevideo, de la mina increíble pero loca con la que estuvo a punto pero a punto de acostarse, de sus problemas económicos, de su matrimonio vivido como una cárcel, hay algo de verdad, se huele y es posible compadecerlo y probable que lo espere.

*Esta crítica fue publicada en el sitio www.lectambulos.cl