Anunciados por el GPS dentro de su oferta de panoramas, concurrimos a los inicios de la temporada de conciertos de las dos principales orquestas del país: la Filarmónica de Santiago y la Sinfónica Nacional. Las presentaciones de los conjuntos estuvieron marcadas por la calidad de los directores a cargo de las interpretaciones: los maestros Juan Pablo Izquierdo y Leonid Grin. También, presenciamos una nueva versión de “La Traviata”, montada sobre el escenario del Metropolitan Opera House del Lincoln Center, gracias a los esfuerzos tecnológicos del Teatro Nescafé de las Artes.
Publicado el 14.03.2017
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Había expectación en el rebautizado Municipal de Santiago por el regreso a su mítico proscenio de Juan Pablo Izquierdo -el ex asistente de Leonard Bernstein en la Filarmónica de Nueva York y Premio Nacional de Artes Musicales 2012-, para observarlo al mando de esa agrupación que había dirigido hace ya más de una década.

Un cambio de última hora propició el adelanto (pensado hacia la segunda fecha de la temporada 2017) del Concierto para Violín nº 4 en Re mayor, K. 218, de Wolfgang Amadeus Mozart, para el primer programa de este inicio de labores doctas, que se expresó en complacencia durante los días jueves 9 y viernes 10 de marzo. Así, la presentación comenzó con la Obertura de la ópera “Don Giovanni”, obra del mismo compositor austríaco.

De la primera interpretación mencionada cabe destacar el oficio del solista, el violinista Richard Biaggini, y su compenetración de estilos, tiempos y búsquedas estéticas y de volumen sonoro, con la solidaria compañía del maestro Izquierdo: el músico venezolano es un cerebral y correcto hombre de cuerdas, en el que destacan el ímpetu y el dominio de la partitura, como principales características de su recordable desempeño. La orquesta se mostró un tanto alejada de ese entusiasmo, me inclino a pensar, debido al cambio de último minuto, y porque apostaba sus fueros e ilusiones artísticas en la noche del pasado viernes, para la acometida final del poema sinfónico “Así habló Zaratustra”, opus 30, del creador alemán Richard Strauss, inspirado en la pieza homónima del filósofo, poeta, escritor y ensayista germano Friedrich Nietzsche.

Anteriormente, se había escuchado aquella partitura una fría noche de invierno de 2013 en el Municipal de Santiago, en el contexto de una exhibición de la Orquesta Filarmónica de Israel, y de su director Zubin Mehta. Salvo la fuerza musical y de marca registrada de ese numeroso conjunto, la versión que se pudo apreciar hace unos días en el céntrico recinto, poco tiene que envidiarle al citado evento. Uno, por la presencia inspirada y apasionada del maestro Izquierdo, segundo, porque a pesar de las diferencias evidentes entre una agrupación y otra, resulta posible enjuiciar que durante esta ocasión, la Filarmónica de Santiago se entregó sin reservas, conducida por el primer violín Richard Biaggini, y por la sapiencia y talentos entrenados del connotado artista chileno.

La belleza de “Así habló Zaratustra” se puede calificar sin reservas de sublime, y sus cambios de velocidades, intensidades, variaciones rítmicas y cruce de cultivados modos y expresiones musicales, resumen lo mejor del clasicismo y el romanticismo europeos del siglo XIX, en un deleite de sensibilidad y de genio, sentidos de principio a fin. Si alguien desea acercarse al repertorio docto, puede comenzar con el estudio de esta partitura, difundida en la cultura popular gracias a la conocida pista de su preludio (“Amanecer”), que introduce una famosa escena del largometraje de ficción “2001: Odisea del espacio” (1968), del realizador inglés Stanley Kubrick.

Fueron nueve poemas hermosos, versos de cuerdas, percusiones y vientos, que anidan en la mente de la audiencia reflexiones y pensamientos que exceden la cotidianidad, y que se empinan en la búsqueda y en la persecución de la trascendencia espiritual. La orquesta caminó de la mano de Izquierdo en ese peregrinaje por las colinas y cumbres nevadas, que imaginaron Nietzsche y su colega músico, donde melodías de alta formulación estética y complejidad, se unen con las palabras y la literatura en espera del hallazgo, y una interrogación por el “silencio” y la ausencia de Dios, en el reciente tramo de la turbulenta historia humana. En resumen, un ejército de músicos que comprendieron de qué se trataba el asunto, comandados en su gesta heroica, por ese comandante experto y en plena posesión de sus aptitudes y facultades, propias del canoso director nacional.

La temporada 2017 del Municipal prosigue el próximo jueves 16 y viernes 17 de marzo, con el Concierto 2, dedicado a los compositores Anton Bruckner y, nuevamente, al genio de Salzburgo (Mozart).

LEONID GRIN Y LA MEJOR ORQUESTA DOCTA DE CHILE

También hizo su debut de ciclo anual la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, cuerpo estable mantenido en excelente forma por su titular, el maestro ucraniano Leonid Grin, y por el director del Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile, el prestigioso gestor Diego Matte Palacios. El programa del pasado viernes 10 y sábado 11 contemplaron la sinfonía Nº 4 en Si bemol Mayor, opus 60, de Ludwig van Beethoven, y la sinfonía Nº 3 en Mi bemol Mayor, opus 55, “Heroica”, dedicada por el autor a la figura, campañas, victorias y conquistas militares de Napoleón Bonaparte.

La interpretación de la primera pieza, se caracterizó por la impronta que le impuso su conductor (Grin) al resto de la agrupación, seguido a cabalidad en sus conceptos por el primer violín Alberto Dourthé: austero, dogmático, pero con la claridad suficiente para llevar a efecto la empresa de reproducir una partitura atribuida a Beethoven. Reconozco que discrepo de los tiempos de ejecución con que se escuchó principalmente el primer movimiento (Adagio/Allegro vivace) de la Cuarta Sinfonía, sin embargo, aplaudo su acabada técnica y la convicción con que la orquesta obedece a su guía profesional. El estilo, y la pasión del autor alemán alcanzaron su recreación total (en un asunto de gustos, y en ningún caso de capacidad musical, por lo menos para mí) hacia el Allegro ma non troppo, el cuarto movimiento de esa mitad inicial del programa.

Después siguió el turno de la sinfonía Nº 3, también llamada “Heroica”: fueron 45 minutos de frenesí, arrebato y de sensibilidad para los asistentes al evento. Si el asalto de la cuarta sinfonía nos pareció algo lenta y desacomodada en su puesta a punto, debemos afirmar que la corrección llegó en el momento adecuado, permitiéndose al conjunto de la Casa de Bello un despliegue de sus más altas cualidades interpretativas: la sincronización de su andamiaje, el trabajo y el conocimiento sistemático de sus principales elementos, y el compromiso con el espectáculo que son una constante en las actividades profesionales de esta orquesta.

Nuestra afirmación de que hacemos referencia al mejor conjunto docto del país, se desprende de esa observancia y referencia a una realidad artística y musical: la Sinfónica Nacional de Chile es una agrupación donde se evidencia un estilo y una estrategia definidas a fin de manifestar las partituras del canon, en un discurso que puede gustarnos o no, pero que se aprecia preciso y coherente con sus objetivos estéticos: la fundamentación en la idea sonora de un maestro que, de formación eslava, reinterpreta sus parámetros en cada presentación, y donde advertimos su parsimonioso y severo sello conductor, en las formas y modos, del profesor que enseña a sus discípulos y al público concurrente.

La “Heroica” fue dedicada a un general, a un guerrero invisible e inexistente, que se movía y luchaba contra la nieve rusa, el frío, sus indecisiones y su creencia de que el trabajo todo lo vence.

El concierto 2 del Ceac de la Universidad de Chile estará dedicado a Johann Strauss II, a Igor Stravinsky y a Héctor Berlioz, en sus clásicas funciones de viernes y sábado (17 y 18 de marzo), respectivamente.

“LA TRAVIATA”: ABSTRACCIONES NOVEDOSAS

En vivo y en directo, y en calidad HD, desde el MET Opera House de Nueva York, pudimos disfrutar del montaje de “La Traviata”, de Giuseppe Verdi, proyectada en la espectacular pantalla de cine del Teatro Nescafé de las Artes: planos y secuencias que estudiadas previamente en un par de presentaciones, alcanzaron su máxima plasticidad audiovisual, en esa transmisión del sábado 11, para ser lanzada a decenas de ciudades en el resto de los Estados Unidos, y hacia urbes de los demás continentes del planeta.

Lo mejor de esta fecha crítica estuvo en la voz y en la actuación de la soprano búlgara Sonya Yoncheva: sus esfuerzos vocales se conjugaron perfectamente con su corporalidad, que aunque de notoria presencia, supo equilibrarse con sus movimientos y exigencias tonales. En efecto, su interpretación aportó la teatralidad que una pírrica y mínima escenografía –además de gastada y pretenciosa- le prestaron a un escenario que acogió a un coro y a un elenco que, pese a leerse consabido y majadero, era de primer y de altísimo nivel.

Un reloj, el toro rojo del equipo de básquetbol de la NBA, los Chicago Bulls, representaron algunos de los factores y citas a lo “kitsch”, lo pop, y a lo simbólico, que en su desarrollo apeló la puesta en escena de Willy Decker. La verdad es que estas versiones minimalistas y onerosamente abstractas sólo alejan a los espectadores de un formato que debe guardar correlación con la tradición histórica que aborda. Los movimientos coreográficos eran perfectos y bellos en su ejecución rítmica y espacial, sin embargo, la reiteración de los rasgos estéticos de la escenografía (el reloj, por de pronto), agotaron con rapidez la retórica de un montaje que en su pretendida ideologización de la finita temporalidad del personaje y de lo diegético (la ficción), aspira a entregar una óptica general de fenómenos tan complejos como lo son un sinnúmero de visiones acerca del amor romántico, la muerte, las traiciones, la tragedia, la fidelidad, y de un largo etcétera y etcétera.

Pero el timbre placentero de Yoncheva (caleidoscópico, potente, múltiple y generoso en sus distintas notas y variantes), amortiguan la mirada y exacerban el gozo y la adhesión a esta Violetta pálida, cansada, atormentada, sensual, carnosa y absurda.

La próxima transmisión de la temporada 2016 – 2017 del MET Opera House de Nueva York, tendrá lugar el sábado 25 de marzo, nuevamente, en la confortable y moderna sala de cine del Teatro Nescafé de las Artes, ubicada en la calle Manuel Montt.