El plato de la semana es una receta muy querida por lo osorninos y cuyo nombre resuena con el espíritu futbolero reinante: la Pichanga Caliente, guiso que nace en mercados y mataderos y que va tomando forma gracias al aporte colectivo de los comensales.
Publicado el 14.06.2018
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@politicaycocina

Pichanga Caliente Osornina
(Para los obispos)

½ kilo de posta o abastero
½ kilo carne de cerdo
1 pechuga de pollo
½ pimentón rojo morrón
3 cucharadas de aceite
1 diente de ajo
2 longanizas
4 salchichas
1 tomate
1 palta
Orégano y sal
Láminas de queso mantecoso
2 huevos duros
½ kilo de papas

Frío, frío como el agua del río… Así nos pronosticaron el comienzo de esta semana. Los golosos aprovechamos de preparar todo tipo de sopas y cosas ricas, los friolentos no perdonaron el guatero, los soñadores se imaginaron montados sobre un par de esquís en la Plaza de Armas y a los escolares no les quedó otra que chuparse el dedo mientras miraban el techo el lunes. Y es que, para ser bien francos, de nieve harto poco, aunque lo suficiente para que la Primera Dama hiciera la bolita que le tiró por la cabeza al Presidente en La Moneda. Pero bueno, más vale prevenir que curar, como dijo la Karla Rubilar, intendenta de Santiago, con lo que se ganó un poroto (y un par de reproches). Yo la aplaudo, nada más sabio que ser precavido, sobre todo ante los enfados de la madre naturaleza.

Qué fortuna poder haber sido testigos del gran espectáculo que protagonizaron en Singapur el dictador norcoreano Kim Jong- un y el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Y digo espectáculo porque mientras los veía en la televisión, no podía dejar de pensar en dos caricaturas infantiles y la latente posibilidad de que una de ellas explotara por los aires… Por suerte nada de eso sucedió, sino más bien, todo lo contrario: el encuentro fue cordial, no dejaron de golpearse la espalda y la cara de felicidad de Kim al conocer a la “Bestia”, la enorme limosina presidencial del gringo cuyos neumáticos le llegaban a la cintura al norcoreano, lo dijeron todo. Debo admitir que además aprendí una palabra nueva, “desnuclearización”, la que no figuraba en ninguno de mis manuales culinarios. Otro “bean” (o poroto) para ellos: dieron una poderosa señal al mundo de que, literalmente, todo es posible.

Finalmente salió humo blanco de la sede del PPD después de que Heraldo Muñoz se impusiera con un 54% en las elecciones internas. Sí señores, el propio, el ex canciller del gobierno de Bachelet, el mismo que en la campaña de la ex Presidenta se encargó personalmente de llenar el chanchito con dólares mientras navegaba en una chalupa por el río Hudson en Nueva York. Parece que esa vez Heraldo no leyó con atención la ley de financiamiento electoral, la que dice clarito que están prohibidos los aportes de personas naturales o jurídicas extranjeras. Peor aún, y para ponerle pimienta, al ser funcionario de la ONU, Herarldo tenía prohibido, además, subirse a ese bote. En fin, seguimos en lo mismo y con los mismos.

A sólo dos días del puntapié inicial de la Copa del Mundo Rusia 2018, aterrizó en Chile el arzobispo de Malta, Monseñor Charles Scicluna, en compañía de Jordi Bertomeu, un simpático y sonriente sacerdote (ojalá esa sonrisa perdure). Ambos vienen por encargo del Papa y su misión es poner orden en la Iglesia local, partiendo por el menjunje que hay en Osorno. ¡Vaya desafío! De aquí surge, entonces, el plato de la semana, una receta muy querida por lo osorninos y cuyo nombre resuena con el espíritu futbolero reinante: la Pichanga Caliente, guiso que nace en mercados y mataderos y que va tomando forma gracias al aporte colectivo de los comensales.

Por Dios que va a tener que tener fuerza y ánimo, Monseñor, y espero que esta preparación aporte con lo suyo, porque poner orden en esta cocina no va a ser fácil. Algunos tendrán que salir para no volver, otros van a tener que ser más cuidadosos y, ciertamente, la disposición de las ollas va a tener que variar.

Manos a la obra. Que entren uno a uno los obispos y se pongan a su disposición, va a necesitarlos a todos, porque los ingredientes son muchos. Pero antes de partir con la Pichanga Caliente, mande a los ex obispos Juan Barros, Cristián Caro y Gonzalo Duarte al supermercado de la esquina y cierre la puerta con llave.

El resto, que se organice en grupos. Que los primeros se pongan a picar la carne de vacuno y cerdo en cubitos, mientras otros preparan un sofrito con aceite, pimentón rojo, ajo y sal. Que el tercer equipo agregue al sofrito el pollo picado, las longanizas y las salchichas, sin olvidarse del orégano y de las carnes de vacuno y cerdo. Que revuelvan por un tiempo a fuego lento. El cuarto grupo será el encargado de pelar las papas, cortarlas en tiras y freírlas en aceite muy caliente.

Es su turno Monseñor: tome el control y pídale ayuda al sonriente Jordi. Es momento de que le muestre a los asistentes cómo se ordenan las cosas. Escoja una fuente grande y ponga primero las papas fritas, sobre ellas las carnes, luego el queso laminado, arriba la palta y el tomate rebanado. Corone el plato con huevos duros cortados en cuatro. Si quiere ponerle color, consígase con los laicos de Osorno unas cebollitas perlas, unos cuantos pickles, unas aceitunas y sírvalo tal como está el ambiente en la zona: bien calentito.