Leí en Twitter que a alguien le recordó la película “Tiburón”, y tiene sentido en la música, porque desde que parte, hay una banda sonora que marca el ritmo, la tensión de lo que va sucediendo, la ansiedad porque acabe, la urgencia de que termine el sufrimiento. Es tan impresionante que se siente hasta el frío de esa playa desgraciada.
Publicado el 03.08.2017
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George… es el único nombre de un personaje que se nos presenta en las casi dos horas de la megaproducción  de Christopher Nolan, hit fílmico del momento. Y no es el protagonista, es la humanidad…

Quizás muchos de quienes estén leyendo este comentario ya la vieron y han contado admirados su impresionante realización y prolijidad. No me detendré en los datos técnicos de un crítico de cine, pues más allá de la épica de las escenas, de los bombardeos, explosiones, vuelos rasantes y demases, me impresionó la humanidad que acompaña la película y que concluye en que las derrotas sí pueden ser victorias, y la vergüenza, orgullo. Sensibilidad que también Nolan nos regaló en Interestellar.

Quizás por eso mismo no son necesarios nombres, ni historias de familias, ni llantos. La mano de Nolan muestra implacable la realidad de una situación de desamparo en plena guerra. Desamparo para los aviones bombarderos (estrellas del combate), para los barcos naufragados en un mar que sube y baja como un opresor más, y para centenares de soldados en filas, desesperados en una playa sin fin, esperando ser rescatados (a ver si se les cumple el sueño de “volver a casa”). Pacientemente formados frente a un horizonte vacío, sin embargo, sin sentirse desamparados.

Y esa confianza en el rescate no es un sueño, porque varias embarcaciones civiles pequeñas, se aventuran temerariamente en alta mar para salvar vidas… en una de ellas viaja de voluntario nuestro George… nuestro ingenuo George que debe lidiar con la frustración de un sobreviviente de un submarino, quien luego también vencerá miedos para ayudar a otros.

Leí en Twitter que a alguien le recordó la película “Tiburón”, y tiene sentido en la música, porque desde que parte, hay una banda sonora que marca el ritmo, la tensión de lo que va sucediendo, la ansiedad porque acabe, la urgencia de que termine el sufrimiento. Es tan impresionante que se siente hasta el frío de esa playa desgraciada.

Imposible no recordar también la historia de un millonario europeo que el año pasado, al ver la labor de salvataje de refugiados en el Mediterráneo de la ONG Proactiva Open Arms, les regaló su yate de lujo para que lo transformaran en la embarcación de rescate “Astral”.

Así, el corolario de humanidad en “Dunkerque”, llega con la vuelta a casa, con miles de gestos de acogida hacia soldados que avergonzados por la derrota, no se atrevían ni a levantar la vista. Una manta de abrigo, una cerveza, el diario… simples detalles de humanidad que sumados al discurso de Churchill les devolvieron su dignidad.