El “pastelazo” de la semana fue el curioso e innecesario viaje a Cuba de la Presidenta Bachelet. Si incluso antes que comprara los pasajes se estaba poniendo en tela de juicio esta escapadita.
Publicado el 11.01.2018
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mecha corta ok

@politicaycocina

Pastel de Choclo

(Para 8 miembros de la delegación)

Para el pino:

2 cebollas picadas finas

500 gramos de carne molida o tártaro  (posta)

Caldo de carne

12 aceitunas negras

½ taza de pasas rubias

1 cucharadita de ají de color

1 cucharadita de comino

1 cucharada de mantequilla

Para el pastel:

6 choclos (4 frescos y verdes, 2 viejos)

1 taza de leche

3 cucharadas de mantequilla

2 huevos separados (yema y clara)

2 huevos duros cortados en rodajas

Azúcar para espolvorear

Sal y pimienta

 

Comienzo a perder la cuenta de cuántos platos le he dedicado a la Democracia Cristiana y sus camaradas en los últimos meses. Desde “La Picada de la Goic”, donde advertí que Guillier le quería comer la color a la Carolita; “La Tortilla de la DC”, que reveló en aquella Junta Nacional de abril los primeros atisbos de problemas dentro del partido; siguiendo por la sangrienta reunión del 29 de julio, donde los Rincón se robaron la película y que mereció el “Ñachi de la DC”. Seguimos luego con el “Pan de Miel de Goic”, protagonizada por la polémica e incomprendida abejita de su campaña; los “Suspiros de Monja de Carolina”, que subrayaba su fervor por la Virgen de Lourdes; rematando, hace unos días, con “Los Ñoquis de la Mariana”, destinados a darle fuerzas para seguir luchando por el futuro del partido que la vio nacer.

Me hubiese encantado dedicarle otro plato esta semana a la DC, pero no di con ninguna receta que se llamara “La Cueca en Pelota”… Y es que el show de la decé durante los últimos meses y sobre todo durante y después de las elecciones presidenciales, se queda corto ante el espectáculo de una pareja moviéndose al son de los acordes de nuestro baile nacional sin más atuendo que sus blancos pañuelos en mano. Quizás debería repetir el Ñachi, porque el desangre ha sido brutal… Y bueno, como me gusta dar consejos, les advierto, camaradas, que si no se definen y atacan esta anémica y mortal enfermedad, probablemente no les pueda dedicar nunca más un platillo.

Pasando a otro tema, el mandatario electo está a toda máquina preparando su nueva llegada a Palacio en marzo próximo. Supe que los currículums enviados por los partidos de Chile Vamos no cabían en su oficina. ¡Recibió más de 1.000 sobres para tan solo 188 cargos! Y como el hombre no tiene pelos en la lengua, les mandó al tiro un recadito: “Quedaron bien con toda su gente, pero renunciaron a ejercer su influencia”. O sea, mandó todos los sobres de vuelta, pidió acotar las nóminas y, en buen chileno, les pidió hacer bien la pega. Una recomendación, amigos: el “jefe” quiere partir con los mejores con miras a un gobierno de más de cuatro años, así que sean más prolijos.

Pero todavía algo de tiempo le queda al actual gobierno en La Moneda y, aún con un pie afuera, me sigue sorprendiendo. Ese desatado e irracional “frenesí legislativo” (término que incluso me queda corto) parece no medir sus actos, y un buen ejemplo es, a pesar de las críticas y aprensiones generalizadas, el envío con urgencia de 27 indicaciones al proyecto de reforma previsional. Este arrebato me huele a voluntarismo y fines testimoniales, como publicó un matutino.

Ahora, el “pastelazo” de la semana fue el curioso e innecesario viaje a Cuba de la Presidenta Bachelet. Si incluso antes que comprara los pasajes se estaba poniendo en tela de juicio esta escapadita. Salieron a defenderse aludiendo objetivos de negocios, cosa bastante peculiar considerando que el único empresario presente era el señor Fantuzzi, acompañado de la muñeca inflable que le devolvió el ex ministro Céspedes. Y ya con los dos pies en la isla, la gobernante fue incapaz de manifestarse en contra de las violaciones a los derechos humanos que suceden en Cuba y que, dicho sea de paso, fue una solicitud transversal de sus parlamentarios. Tampoco se reunió con la disidencia y para qué hablar de negocios, si no vendió ni un chicle.

Lo único bueno de todo esto es que me inspiró un rico plato para esta semana. Y ya que nos convoca un “gran pastel”, qué mejor que seguir con esos sabores de verano y preparar un tradicional Pastel de Choclo.

Presidenta, a pesar de lo que me enerva esa actitud de grandeza y esa cháchara permanente sobre su bendito legado, la voy a invitar una vez más a la cocina para que preparemos juntos este manjar. Partamos por rallar los choclos frescos y verdes para remojarlos luego en leche. Los granos de los choclos viejos también remojarlos en leche y triturarlos con la ayuda de una moledora de carne y luego unir ambas pastas y ponerlas a cocinar en una olla con tres cucharadas de mantequilla, sal y pimienta. Una vez listo, reservar.

Invite al canciller Muñoz, quien fue incapaz de acompañarla a Cuba, para que nos ayude con el pino. Que en un sartén, caliente una cucharada de mantequilla y fría la cebolla y la carne molida. Que agregue el caldo de carne, luego ají de color, comino, las aceitunas y las pasas y que sazone todo con sal y pimienta. Al igual que el choclo, cuando esté listo, que lo reserve.

¡Y a preparar las pailitas de greda se ha dicho! Que el canciller le ponga un poquito de mantequilla al fondo de cada una y agregue el pino más unas rodajas de huevo duro. Usted, mientras tanto, bata las yemas y luego las claras a nieve con sal e incorpore todo a la pasta de choclo. Mezcle bien y póngala sobre el pino. Corone cada paila espolvoreando con azúcar y horneé a 180 grados hasta que estén doradas.

Espero, Presidenta, que esta receta le sirva cuando esté en Estados Unidos y/o en Ginebra y le den ganas de comer algo bien chileno. Y por favor, no me haga rabiar más, haga un esfuerzo por mí y mi salud estos últimos días que le quedan de gobierno.