Como es tradición, debería dedicarle un plato a algún personaje esta semana, pero en vista del funesto comportamiento del gobierno saliente, voy a consagrarle un banquete de despedida. Y cuando digo banquete, me refiero a un opíparo festín, donde la ostentación y la gran cantidad de comida son los protagonistas.
Publicado el 08.03.2018
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mecha corta ok

@politicaycocina

Menú para un banquete a la chilena

Aperitivo: Ponche a la Romana / Pisco Sour / Clery / Jugos Naturales.

Canapés Varios (ave mayo / pollo pimentón / jamón pepinillo / atún mayo.

Empanaditas de pino / empanaditas de queso / brochetas de carne y de pollo.

Entrada: Palta reina y Primavera de Ave.

Plato de fondo: Parrillada acompañada de papas cocidas, guarnición de salsas, ensalada chilena y ensaladas surtidas.

Postre: Peras al vino tinto, brochetas de frutas con helado, mote con huesillos y mousse de chocolate.

Vino blanco y tinto en abundancia.

Un buen whisky con hielo y menta frappé.

El súper lunes se quedó corto al lado del retorno que tuve a esta caótica ciudad. Y es que después de un mes desconectado del mundo, dedicado a comer y tomar buenos vinos, sin ningún contacto con la prensa y con el teléfono apagado, este inicio de semana me pareció un juego de niños.

Me fui a fines de enero con la sensación de que estaba todo controlado: muchas reuniones de ministros con el futuro Mandatario, una que otra junta entre algunas autoridades y sus reemplazantes y no más que eso. Todo tranquilo.

Pero vuelvo el primer día de marzo y el impacto fue brutal, partiendo por la recepción en nuestro aeropuerto, que más bien parece terminal de buses cuya lengua oficial es el “creole” haitiano.  Maleta en mano, el trámite para pasar por el SAG tardó más que un viaje al litoral central… y todo, porque tuve la mala suerte de llegar justo a la hora en que los funcionarios estaban “colando”: todos echados para atrás con las piernas en alto mientras yo y otros cientos de compatriotas y turistas extranjeros quedábamos boquiabiertos con esta particular y tan criolla costumbre. ¡Si algunos hasta se reían!

Pero aún más duro ha sido tratar de entender el desalojo del actual gobierno. Por nombrar algunos numeritos, leyes de último minuto (como la eliminación del CAE), citación a comités de ministros entre gallo y medianoche para sumar hectáreas marinas protegidas sin siquiera medir el efecto económico y –como si fuera poco– cadena nacional en horario prime para anunciar el envió del proyecto de reforma a la Constitución. Esto, sin preguntarle a sus socios de coalición y enumerando derechos tras derechos obviando los deberes y más deberes de los ciudadanos.

Ni el valioso Oscar obtenido por “Una mujer fantástica” logró apaciguar los ánimos de los futuros opositores del próximo gobierno producto de la actitud de la actual administración. Si incluso hemos visto a otrora incondicionales a la Señora despotricando y aprovechando cada oportunidad para atacarla. ¿Finalmente se habrán dado cuenta de que fueron protagonistas del peor gobierno de los últimos treinta años? Pero bueno… continuemos, nos queda mucho por comer este año.

Como verán, en sólo minutos quedaron atrás esos buenos momentos de las vacaciones, donde pude nutrirme con nuevas recetas y compartir. Debo admitir, eso sí, que no todo es tan malo. Al menos a partir del 11 de marzo algo nuevo pasará. El próximo domingo seremos testigos del cambio de mando donde, como un ordenado juego de niños, Bachelet le devolverá la banda presidencial a Sebastián Piñera. Qué gran desafío tendrán el Presidente y su equipo tras el contundente apoyo que recibió en las urnas. Evidentemente, no será fácil.

Como es tradición, debería dedicarle un plato a algún personaje esta semana, pero en vista del funesto comportamiento del gobierno saliente, voy a consagrarle un banquete de despedida. Y cuando digo banquete, me refiero a un opíparo festín, donde la ostentación y la gran cantidad de comida son los protagonistas. Estoy viendo a Bachelet y sus ministros en el Patio de los Naranjos sacando toda la carne a la parrilla. Apuesto a que no van a dejar ni un pan de mantequilla en el refrigerador de Palacio y ojala dejen un par de naranjas en el patio.

Vamos Señora, lidere el banquete, junte a su gente y parta por un homenaje a esos 18 ministros que no la acompañaron hasta el último día. Dicho sea de paso, me tinca que a varios de los asistentes, también les hubiese gustado haberse arrancado antes para sus casas.

Que corran el pisco sour, el ponche a la romana y el clery, eso sí, partan con prudencia que está por venir el vino. Preocúpense de que no quede ni un solo canapé en las bandejas, no se preocupen que los nuevos entrantes vendrán llenitos del almuerzo en Cerro Castillo. Señora, cómase hartas empanaditas de pino ya que, si más adelante le da por viajar, va a ser difícil encontrarlas. Ya imagino que a esas alturas habrá unos comensales más alegres que otros y, para emparejar los ánimos, que salga el vino y el resto de los platos. Así, en un baile entre paltas reina y primaveras de ave; parrillada, papas cocidas, ensalada chilena y surtidas, seguirán todos celebrando.

Es el turno de los postres porque, aunque parezca increíble, a este grupo todavía le quedan ganas de seguir comiendo. Repartan las brochetas de fruta con helado, las peras al vino y el mote con huesillos. Para los más pitucos, mousse de chocolate.

Finalmente, que aparezca el whisky con harto hielo y la menta frappé. Michelle, siéntese con su círculo más íntimo, o sea con las Bachelovers, y reflexionen juntos sobre qué diantres pasó en estos últimos cuatro años. Baje las revoluciones y preocúpese de seguir un nuevo rumbo. No se le vaya a ocurrir salir con otro domingo siete porque sueño con volver a dormir tranquilo.