Es otra original serie de Netflix, estrenada hace una semana. que intenta no sólo mostrar el complicado universo que se crea a partir de la lucha libre, sino también su trasfondo y humanidad.
Publicado el 27.06.2017
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La lucha libre es un espectáculo de excesos. Uno tan extravagante y pomposo que parece atravesar con dificultad la delgada línea entre la narrativa, la puesta en escena y el deporte. Una combinación de teatro con piruetas físicas que no termina de definirse de manera muy clara. Quizá, en medio de toda esa compleja combinación de referentes es que se encuentra el elemento que hace a la disciplina tan popular o al menos tanto como para convertirse en un referente obligatorio del mundo del espectáculo.

La serie “Glow”, original de Netflix, intenta no sólo mostrar el complicado universo que se crea a partir de la lucha libre, sino también su trasfondo y humanidad. Una apuesta arriesgada dentro de esa comprensión sobre la disciplina más allá de los clichés evidentes. En esta producción que se estrenó la semana pasada en la plataforma, la lucha libre es algo más que un espectáculo cuidadosamente coreografiado: se trata de una mirada inteligente y global al sufrimiento — esa gran actuación meticulosa — y también a la noción del melodrama como parte de una expresión formal del arte. Además, el punto de vista es femenino, una minoría dentro del deporte que por mucho tiempo fue menospreciada e infravalorada fuera y dentro del cuadrilátero. Todo lo anterior envuelto en vibrantes colores fluorescentes y una insólita ambientación de la década de los ochenta, que dota al show de una vivaz personalidad propia. El guión está lleno de golpes, drama y muchísimo humor, pero también de una profunda visión sobre la complicidad y la rivalidad que sorprende por solidez.

Como comedia de diez episodios, “Glow” cumple con todas las características de los exitosos experimentos de Netflix. El argumento avanza con ligereza y se toma el tiempo para analizar a sus personajes con cuidado, a pesar del ritmo ágil y por momentos frenéticos de cada capítulo. La historia recorre a la ciudad de Los Ángeles durante el año 1985 y utiliza la vitalidad de la ciudad como telón de fondo de las peripecias del Gorgeous Ladies of Wrestling (de ahí las iniciales que dan nombre a la serie, Glow), que es la liga real que agrupaba a las luchadoras de la época y que era a la vez una franquicia de televisión de bajo presupuesto cuyo único objetivo parecía ser el de ganar dinero.

La serie también tiene la extraña percepción sobre sus personajes como parte de una gran obra visual hasta la atmósfera divertida y brutalmente honesta, pero se toma muy en serio esa concepción del arte como reflejo de su tiempo. El resultado es una mezcla de sátira y humor negro que critica sin piedad las desigualdades del sistema, el machismo tácito y la inevitable competencia entre artistas sin profundizar demasiado pero muy consciente del valor de la imagen que muestra.

Pero a pesar de su apariencia sencilla, “Glow” es mucho más de lo que parece. El show engloba el habitual concepto sobre historias de personajes dispares que comparten casi por accidente el mismo estilo de vida a un nivel y lo hace bien. Cada una de las luchadoras proviene de un lugar distinto y encuentra en la cancha un lugar inesperado para mostrar su talento. El elenco además, dota a cada personaje de una frescura inesperada que brinda buena parte de su desenfado y frescura.

Con Alison Brie a la cabeza, las actrices que encarnan al grupo de “mujeres no convencionales” — como el guión insiste en llamar a estas peculiares artistas — y les brindan una curiosa tridimensionalidad, a pesar de las mayas caricaturescas y los giros argumentales insólitos en algunas ocasiones. Hay algo profundamente simbólico en las batallas sobre el ring, que parecen metaforizar los dolores y pequeños sinsabores del grupo de mujeres que las escenifican. Una travesía extrañamente divertida y melodramática a través de las aspiraciones, la lucha por la identidad e incluso, nociones filosóficas que la serie toca con el suficiente buen gusto para no resultar del todo artificiales.

Pero la forma en que se tratan los estereotipos, con una visión tan cerca del cliché, por momentos resulta irritante, lo que hace más evidente su intención de mostrar los pequeños dolores del sexismo en una alegoría sobre la mujer empoderada disimulada bajo una comedia de humor chispeante. Arthie (Sunita Mani) — con todo su aspecto de tópico indio-estadounidense — encarna a “Beirut”, una terrorista y lo hace llevando a cuestas todos los elementos comunes que se acentúan hasta que la parodia resulta incómoda. Tamee (Kia Stevens) personifica quizá sin querer, lo mejor y lo peor de la era Reaga,  convertida en una mezcla de obsesión por lo saludable y romántica estampa femenina. Rhonda (Kate Nash), se muestra como la “mujer más inteligente del mundo”, con su acento británico y por usar un libro como arma. Y aunque el guión deja muy claro que se trata de algo inevitable dentro del mundo de la lucha, también utiliza la metáfora para crear una perspectiva sobre la subversión del papel cultural de la mujer de enorme eficacia. Nada queda al azar, en este raro paisaje que muestra la liberación de lo femenino como una forma de festiva lucha a ciegas.

Porque “Glow” es una comedia y lo tiene muy claro: más allá del inteligente subtexto, también divierte. Lo hace además utilizando toda una batería de pequeños gags y raras percepciones sobre la puesta en escena de la lucha libre y magníficos juegos de palabras de enorme gusto y agilidad intelectual. Analiza el arte basura y barato desde una mirada optimista y bien intencionada que enaltece no sólo a la lucha como disciplina sino que le brinda una rara complejidad   que se agradece. Eso a pesar de los toques agrios que no dejan de recordar que los productores son Liz Flahive y Carly Mensch, de la amarga y divertida “Nurse Jackie”. También hay algo de “The Orange is the New Black” en el acento coral de la trama, algo que la serie hereda de la mano de Jenji Kohan, que es parte de la producción ejecutiva.

Con su dosis de nostalgia, alegría inocente, una gran banda sonora y ese aire punk de una ciudad de Los Ángeles brillante de buen gusto, “Glow” demuestra que Netflix sigue arriesgándose en el fondo y en la forma por conseguir un discurso coherente sobre los experimentación argumental y visual que hizo famosa a la cadena. No obstante, más allá de todo eso, “Glow” es una criatura pop que deslumbra por su dosis de simpática originalidad y su ligera versión sobre la lucha de las mujeres por controlar su propia vida. Un pequeño triunfo de la imaginación.

Aglaia Berlutti es fotógrafa y escritora venezolana. 

“Glow”

Temporadas: 1
Capítulos: 10
Creador:  Liz Flahive y Carly Mensch
Dónde verla: Netflix
Calificación en IMDb: 8,7

Tráiler: