En el universo de las bebidas de diseño, aparte de un buen sabor, equilibrio y montajes vistosos, los cocteles deben oler de maravilla y tener un extra, un ingrediente único, autoral.
Publicado el 20.04.2017
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Apunten esta micro tendencia que de a poco abandona el apodo pequeño y se está instalando en las barras que llevan la vanguardia en la escena mixológica de la capital. En el universo de las bebidas de diseño, aparte de un buen sabor, equilibrio y montajes vistosos, los cocteles deben oler de maravillas y tener un extra, un ingrediente único, autoral, un proceso que genera una distinción, un toque especial.

Uno de estos espacios es el que comanda el bartender José Álvarez, a cargo del Red Luxury Bar, y su recientemente estrenado Lab, donde preparan bitters y maceraciones y trabajan con el uso de botánicos que luego engalanan sus preparaciones. No necesariamente basta trabajar con etiquetas, destilados y licores superlativos, sino que ofrecer una experiencia única. Por lo mismo, pusieron también ahínco en su oferta comestible. Cocteles clásicos preparados al dedillo con combinaciones osadas y un inspirado cruce de bebidas espirituosas con fruta fresca, de estación y casi una veintena de ingredientes botánicos que le dan a los cocteles de esta barra (una de las mejores de la ciudad) una nota vegetal innegable.

Un paso más allá es lo que propone la fitoterapeuta y bartender Michelle Lacoste, quien prepara acertadamente cocteles clásicos desde la barra de María Callas. Pero, donde mejor maneja el área funcional de sus preparaciones es en el capítulo de sus tragos autorales que siempre, siempre, incluyen alguna “propiedad” según preferencias o necesidades del cliente, si necesitan subir el ánimo, relajarse o apoyarse en ingredientes afrodisiacos (nunca están de más). La propuesta lleva  a los cocteles al sitial de ser una terapia alternativa y complementaria. Algunos ejemplos son los cocteles Tea Break, con manzana, gin, toques de limón sutil y canela china.  Tronado, que ocupa tequila, sírope de romero, jugo de pomelo, crusta de oliva salada y bitter La Chimba. Coinco, que ocupa bourbon, horchata y jugo de naranja, y funciona como un atractivo aperitivo. Además del aplaudido Sanación, que ocupa Campari, licor Araucano, kombucha y agua tónica. Una excusa para los bon-vivants locales  para dejar un rato descansar a las Flores de Bach. La misma Michelle ha desarrollado una línea propia de bitters La Chimba, funcionales para subir el ánimo o incentivar un buen descanso como es el caso de Yegua echá, a base de aceites esenciales de azahar, lavanda y almendra.

En tanto, en Castillo Forestal y La Misión, pueden apreciar el trabajo del autodenominado mixsóulogo, José Rojas, quien trabaja una coctelería botánica y con un bucle terapéutico. El neologismo de su apodo nace en que su foco es darle un coctel a la medida del “alma” de cada consumidor. Esta propuesta pretende hacer una suerte de terapia bebestible, busca tocar la fibra y generar una mixología sensorial y con un sentido único para cada parroquiano.

En sus preparaciones abundan los vegetales frescos –de un huerto propio- y buscan la extracción de propiedades botánicas, clorofilas, aceites esenciales, humos y esotéricas y acertadas maceraciones que se terminan “bajo tierra”. Un coctel inusual de su autoría es Primtemps (con té verde, jarabe de manzana verde, jugo de limón y vodka con clorofila de tomillo) o el Plancoet, que ocupa agua gasificada con esencia de violetas, Grand Marnier, triple-sec, vodka, ahumado de romero, jarabe de albahaca, jugo de limón y de pomelo. Desalmados, abstenerse.

Direcciones:
Red Luxury Bar. Constitución 30, local 73, Bellavista (ver mapa).
María Callas Coctel Club. Nueva Costanera 3750, Vitacura (ver mapa).
Castillo Forestal. Av. Cardenal José María Caro 390 (ver mapa).