Julia Roberts está de vuelta. Quizás ese sea uno de los ganchos principales de esta película, pero no es ni por lejos lo más atractivo.
Publicado el 06.12.2017
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Basada en Wonder, una novela para niños de R. J. Palacio, best seller, esta versión cinematográfica dirigida por Stephen Chbosky, es bastante fiel al original. Pero no es una historia real, sino una “anécdota” real. Es decir, Palacio se encontró en una heladería con una niña con desfiguración facial, y el miedo y la reacción de su hijo de tres años, la inspiró a escribir una historia que ayudara a los niños a integrar a las personas diferentes. Así nació el personaje de August (Auggie) Pullman, un niño de quinto grado que vive en el Alto Manhattan, con sus padres, su hermana mayor Via y su perro.

Auggie (Jacob Tremblay) tiene una diferencia facial médica extremadamente rara, conocida como “disostosis mandibulofacial”, y ha vivido sus 27 cirugías en la protección de su hogar, con todo el cariño y contención del mundo. Allí, su mamá Isabel (Julia Roberts) es su maestra; su papá Nate (Owen Wilson) su amigo; y da rienda suelta a su fantasía de conquista espacial, con el beneficio de evadir la realidad, especialmente al usar un casco que cubre por completo su cara.

Eso, hasta que su madre decide que llegó el momento de enviarlo al colegio, que socialice, ya sin la protección de su disfraz de astronauta, y que enfrente el temor de provocar rechazo. Aquí parte la historia, con capítulos dedicados a cada uno de los personajes, cuyos relatos si bien se mueven al borde del cliché, no hay cebolla picada ni manipulación gratuita con temas como la discapacidad, el bullying, o el sufrimiento de los padres. Esto hace que sea agradable de ver en familia y no un dramón hollywoodense más. Muestra una familia común, en que uno de sus hijos nació con un grave problema genético y, por tanto, han debido hacer diferentes sacrificios para sobrellevarlo en armonía.

Las miradas de su hermana Via, que siempre ha quedado relegada por el protagonismo de Auggie -linda escena con su abuela interpretada por Sonia Braga-, y las de su amigo Jack, frente a compañeros y autoridades del colegio, son ricas en matices que completan al mismo Auggie. El contraste también con los apoderados del “niño malo” Jullian, que a diferencia de su hijo, se mantienen en la soberbia y la discriminación, recuerda que esas personas desgraciadamente existen.

De a poco, Auggie se va incorporando al mundo real de competencias y crueldades, pero también al de amigos y buenos maestros. La prueba de fuego ocurre en el campamento del colegio donde sus defectos faciales ya no lo aislan, sino que  lo integran como uno más, listo para graduarse.

Finalmente todos crecen y son todos “extraordinarios”: la familia, el colegio, los compañeros y, por supuesto, Auggie.