Un largometraje acerca de la sobrevivencia en años de dura conflagración militar, la lucha por las libertades civiles, la consumación de un amor prohibido y la confirmación del actor descomunalmente completo que es Matthew McConaughey. Este filme ambientado en el escenario de la Guerra de Secesión norteamericana, también es la revelación de una figura histórica desconocida, y la demostración de una cámara dotada de una fotografía grandilocuente, en su dinámica audiovisual de exhibir un relato épico y fascinante.
Publicado el 06.10.2016
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“En la noche de los tiempos, aquí, había un poeta, contestó el cura, tal vez fuera animista o tal vez no, pero estaba en contacto con las sombras, es una pena que tú no lo hayas conocido, yo creo que estaba loco, tal vez hubiera podido darte una indicación sobre la persona que buscas, entre otras cosas porque creo que él, igual que tú, provenía de fuera del tiempo”.

Antonio Tabucchi, en Para Isabel

 

El ejército Confederado, la milicia regular que defendía la causa de los Estados del sur, que apoyaba su economía en la esclavitud y la producción de algodón, entendía la guerra como un acto casi suicida: las tropas marchaban, al grito del oficial de mando, y los hombres debían llegar a las líneas enemigas, pese a las balas, los cañones, a la carnicería evidente, en una postura altiva y señorial. Eran las tropas de los hacendados católicos, franceses e irlandeses.

Después del trasfondo netamente técnico: una cámara equipada para contar la gesta de un héroe, al que se le suman otros abolicionistas y esclavos desertores, en el refugio del pantano y los bosques de Misisipi, igualmente subyace la historia de un amor secreto, sancionado e imposible, por las leyes de segregación racial de ese entonces, y que con ligeros cambios, se mantendrían vigentes hasta mediados del siglo XX, en algunas zonas del sur de la reunificada y moderna Unión.

Dirigida por Gary Ross, “El valiente” (Free State of Jones, 2016), presenta ambiciones que sobrepasan las expectativas de una película más, de esas tantas basadas en la causa que encumbró al Presidente Abraham Lincoln, en el capitolio de los héroes: centrada en la retaguardia Confederada (los de uniforme celeste y amarillo), exhibe el argumento de la resistencia de un ciudadano, en contra de los abusos y la impunidad. Ese es el personaje de Newton Knight (interpretado por el ganador del Oscar, Matthew McConaughey): un simple herrero y granjero, que hastiado de pelear una batalla de “otros”, decide escapar, y organizar una resistencia al estilo de una guerrilla de profunda religiosidad.

La fotografía es bellísima: enfocada en representar la transformación de un individuo común, en líder de un grupo de libertarios dispuestos a cualquier sacrificio. Un hombre que deja a su familia, y que encuentra el amor en una mujer que antes nunca hubiese mirado, tal vez, siquiera. Mientras, innumerables despojos, las venganzas, las represalias, los asaltos a esas fuerzas Confederadas que ante la inminente derrota, ven acrecentar las huestes de los huidos de sus filas.

En efecto, el argumento de “El valiente”, se transforma en una reivindicación de la lucha por la libertad personal y de culto, inédita en esos tiempos (1861-1865), conducida por un ciudadano que ni siquiera parece saber adónde dirigir las claves de su existencia. Arma batallones de descamisados, sugiere estrategias de combate, libera esclavos encadenados con grilletas, y se toma a través del combate a un pueblo y derrota por completo a una división celeste y amarilla.

Esa estrategia “épica”, gracias al montaje y al libreto, ofrece señales de una batalla, también, de carácter individual, que encara un descendiente de Knight, en el Misisipi de mediados del siglo XX, por descubrirse la verdad de su origen mestizo, y el impedimento de contraer matrimonio con una mujer blanca. Así, y como en un cuento de William Faulkner, la tragedia del sur vencido por el norte, adquiere visos de un drama íntimo, mínimo, dentro de un contexto universal e histórico y político.

Los dispositivos audiovisuales a los que recurre el realizador se despliegan en un relato ágil, coherente, desgranado en planos de hermosa factura y composición fotográfica: lo mejor de los grandes estudios, al servicio de una fábula moral, de sacrificios personales, en el objetivo y la persecución de objetivos mayores y trascendentes, tal y cómo se exhibían, por ejemplo, en otro largometraje que comentamos hace unas semanas: en “Los 7 magníficos”, de Antoine Fuqua.

La cámara, entonces, absorbe la realidad con el propósito de reducirla a un espacio de confrontación espiritual y afectiva: la de Knight y su amor proscrito por Rachel (la actriz Gugu Mbatha-Raw). Del cosmos nacional a una granja sencilla, y llanuras inmensas pero recogidas, y los sentimientos, de esa manera, su independencia y dirección por caminos desconocidos a los del tiempo presente, discurren frente al lente, con rapidez y una economía de elementos escénicos y dramáticos encomiables, aunque se mantienen, siempre, las aspiraciones épicas, refundacionales y de reverberación libertaria.

Desplazamientos y combate en disparidad de fuerzas. Balas, explosiones, tácticas y estrategias, bélicas y del corazón. Una emboscada, una trampa y una intentona cuyo resultado es difícil de prever. El lente, se aleja, busca caminos de expresión para montar una pequeña lucha sideral, y hacerla entendible a nuestros ojos. De la mano de esa reflexión cinética, Knight se enamora, y le enseña a leer al objeto de su devoción, como sucede en una novela del escritor alemán Bernhard Schlink (“El lector”) y en otra del narrador estadounidense Paul Auster (“El libro de las ilusiones”). Y los amantes proscritos, enumeran palabras, descubren significados, en una sintaxis de la renovación, de la esperanza y de los votos por el romanticismo. Bello.

“El valiente”, así, es una película altamente emocional: la música incidental, también, aporta con ese propósito. Y Matthew McConaughey, mejor que nunca, como en su rol de El club de los desahuciados (2013), hacen de este título un imperdible de la cartelera local. En ese sentido, es que podríamos hablar de otro filme completísimo. Un guión de primera calidad, una cámara con rasgos de altísima ubicuidad técnica y estética (de sentido ideológico), en la persistencia por hallar medios de expresión insaciables: el relato de un hombre solo, que dirige a unos rebeldes, que tropiezan con el sueño común de la inasible libertad.

¿Podría ser, asimismo, un largometraje de amor prohibido, el que inspira estas líneas? Todo parece indicar que sí: Knight, como buen indomable, entrega su corazón a un ser que no aceptan ni la costumbre sureña, ni tampoco la del norte, en una gesta por un ideal que rompe tiempos y códigos, en el latir de una pieza cinematográfica, sin duda, de otra época.

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