La historia parte cuando ya transcurridos tres años de la Guerra de Secesión de Estados Unidos, el soldado en cuestión yace bajo un árbol semi inmovilizado por una grave lesión en su pierna, hasta que lo rescata una de las niñas del Colegio de Señoritas del otro lado del bosque, en algún lugar de Virginia.
Publicado el 07.09.2017
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Imágenes de mujeres dulces, impecables en sus largas polleras almidonadas, prolijas en sus modales y educación -casi cuadros de Renoir- y además, piadosas, con sus oraciones al día… entonces, ¿quién iba a sospechar que cederían a sus bajos instintos?

Este es el ambiente que envuelve toda la primera parte de “El Seductor”, la última y aplaudida película de Sofia Coppola, quien ha aclarado que no es un remake de la versión de 1971, protagonizada por Clint Eastwood (que tuvo mejor título: “El Engaño”).

Y es que no hay tal seductor en el sentido clásico, de un hombre más bien guapo y magnético que conquista fácilmente a cuanta fémina se le cruce por delante. El título en inglés, “The Beguiled”, que significa algo así como “engatusador”, “cautivador”, tampoco es mucho más consecuente porque el personaje de Colin Farrell (el cabo de la Unión, John McBurney), no tiene que hacer ni el más mínimo esfuerzo para seducir.

La historia parte cuando ya transcurridos tres años de la Guerra de Secesión de Estados Unidos, el soldado en cuestión yace bajo un árbol semi inmovilizado por una grave lesión en su pierna, hasta que lo rescata una de las niñas del Colegio de Señoritas del otro lado del bosque, en algún lugar de Virginia.

Tras un primer gesto humanitario –pues es soldado del bando contrario- es acogido por la directora del lugar, Miss Martha (Nicole Kidman perfecta en el rol) quien cura y cose con delicadeza su herida. Luego, la maestra Miss Edwina (Kirsten Dunst espléndida) y las cinco alumnas se turnan para atenderlo y hacer cómoda su recuperación… las hormonas de las señoritas están desatadas. Tanto, que se “auto seducen” si se puede decir así. Es tan perturbadora la presencia masculina que se erotiza  todo: modales, vestuario, comida, labores.

Y es precisamente esto lo que incomoda en esta mirada desde lo femenino que propone Coppola, pues qué mal quedamos las mujeres.

Si en un principio nos evocó la intensa historia de las hermanas March de “Mujercitas”, obra emblemática de Louisa M. Alcott y lectura obligada de varias generaciones, estas mujercitas a lo Coppola sacan lo peor de sus vanidades, envidias y celos, para con guante blanco y máximo cinismo, tomar venganza de un enamoramiento colectivo.

Lo extraordinario de la película es que de escenas deliciosas de elegante coquetería y refinada atmósfera, pasamos a casi un crimen pasional, confundidos por la agresividad que se ha despertado en el cabo (¿el único lúcido?). La escena del pseudo bordado de la mortaja, para un poco los pelos.

Como espectadora quedan muchas reflexiones respecto a la fuerza y complicidad que podemos tener las mujeres frente a un objetivo común… pero mi curiosidad es conocer la conclusión que harán los espectadores hombres. ¿Dirán que somos así? La película se estrena hoy.