Al reciente espacio de mesas y sillas que tiene la conocida tienda La Vinoteca en Nueva Costanera en su ala de vitrina comestible (charcutería, panes y quesos), le entregaron el extra de preparaciones sencillas y sabrosas que se despachan a toda hora del día.
Publicado el 28.09.2017
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Ya tener un buen pan en un comedor es un mérito, ante la avalancha (por conveniencia y comodidad) de los panes congelados recalentados sin más cuidado que poner el tiempo correcto en un horno eléctrico. Pero aún son pocos los restaurantes que cuentan con su propio pan. Si lo hacen, la utilización de masa madre en su proceso es menester. La tautología que titula este texto rescata la significancia de las cosas en un mundo donde las premezclas y lo instantáneo invaden la industria alimentaria y gastronómica. Como lo era hace décadas usar el refuerzo de un “café-café” para hablar de café de grano. Por suerte, hay un puñado de nuevos establecimientos (como éste) que asumieron que ya no se puede pretender usar el rótulo gourmet con mantequillas o mayonesas industriales, panes prehorneados o huevos que provienen de avícolas a gran escala o, incluso, tener una carta de vinos idéntica a una góndola de supermercado. No, señor, no más de eso por favor.

Al reciente espacio de mesas y sillas que tiene la conocida tienda La Vinoteca en Nueva Costanera en su ala de vitrina comestible (charcutería, panes y quesos), le entregaron el extra de preparaciones sencillas y sabrosas que se despachan a toda hora del día. Además de sus  “huevos libres”,  que al menos constatan una yema furiosa y cocciones al dedillo.  En su carta, destacan una oferta de huevos florentinos al estilo tradicional con jamón, espinaca y salsa holandesa o bien unos benedictinos con láminas de palta, salmón ahumado y espinacas ($4.800). Otro, el huevo Molette (de una cocción suave y delicada) con salsa Maurette, que no es otra cosa que salsa de vino tinto con tocino, champiñones y chalotas ($5.400).

Su carta también es pródiga en otras opciones, como los estofados llevados al pan ($5.800). Pequeños guisos para remojar una tajada que puede ser con tártaro de pescado del día, guiso de carne al vino, lengua sobre confitura de tomate, filete en salsa de quesos, garbanzos con mollejas o pollo orgánico trufado. También siempre hay guisos del día que pueden sorprender. Si buscan un plato de resistencia más contundente, intenten con las escalopas de ternera con salsa de foie gras, papas fritas trufadas y ensaladilla.

A cargo de esta propuesta comestible está el también chef del 3er Piso de este edificio, Ignacio Ovalle, que desde este nuevo espacio recrea algo de su trabajo en el binomio Ópera-Catedral, pero con mayor soltura y el mismo nivel de precisión. Sin necesidad de tanta cocina, este espacio puede despachar, por ejemplo,  ¼ de baguette con un ingrediente (desde $2.800), hasta tablas de quesos franceses a elegir, quesos nacionales y charcutería ibérica o italiana.

Cierra la oferta un puñado de cocteles que buscan encaminarse hacia visos más autorales y hay una quincena de etiquetas disponibles por copa y la posibilidad de descorchar etiquetas de vino a los mismos precios que hay en tienda. Espacio desenfadado, sencillo y sabroso, desde el desayuno hasta la hora de la cena, para aperitivos o para un brunch. Se le ve futuro.

Pan/Bar. 
La Vinoteca. Nueva Costanera 3955, Vitacura (ver mapa). Tel. 22 953 6291. Abierto de lunes a sábado de 8:30 a 23:30 horas. Más información en www.lavinoteca.cl