Sí, el amargo vino a recuperar terreno, por lo mismo no se asombren de encontrar en la góndola de supermercados o en tiendas especializadas estos dos nuevos actores. Un par de amargos, que constituyen flor de bitters para complementar cocteles o bien beberlos como digestivo: Cynar y Amaro di Angostura.
Publicado el 30.11.2017
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Por años (específicamente hace 13 o 14 años) etiquetas como Campari enfocaban sus campañas de marketing en resaltar que eran un gusto minoritario, que casi involucraba un paladar de connoisseur. Campari y soda con un dash de jugo de naranja, tuvo que esperar su momento hasta el revival del Negroni. El Araucano siempre fue visto como un pariente tal vez no reconocido del Jägermeister, un digestivo multiherbal de un perfil amargoso que solía aparecer como “bajativo de la casa” en alguna parrillada de barrio. Tuvo que llegar Aperol, un amargo bastante más dócil con el paladar global, que se apoderó de la receta del Spritz hasta el punto de transformarse en el amargo oficial para involucrarse en esta receta.

Parece que de a poco el amargo (a horcajadas del influjo y el auge de los bartenders locales en la escena gastronómica) llegó para quedarse en las barras puertas afuera y el bar de casa. Las tónicas del rótulo premium y la popularidad todavía vigente de los gin tonics nos enseñaron que las burbujas finas de una bebida de quinina son importantes tanto como la delicadeza de su amargor. Para qué hablar de los cazadores de IBU (International Bitterness Units) que buscan sobre todo en las cervezas del estilo IPA (India Pale Ale) sensaciones al paladar cada vez más extremas y lupuladas en cuanto a amargor se refiere. Algunas poseen un amargo resinoso que se ancla en la boca por largos minutos. Parece que (así como sucede con el picante) internarse en los vericuetos y derroteros del amargo es un camino sin retorno ni arrepentimiento.

Sí, el amargo vino a recuperar terreno, por lo mismo no se asombren de encontrar en la góndola de supermercados o en tiendas especializadas estos dos nuevos actores. Un par de amargos, que constituyen flor de bitters para complementar cocteles o bien beberlos como digestivo. El primero es un conocido de la casa que desembarca en nuestro país de la mano de Santa Rita. Se trata de Cynar, un licor compuesto por alcachofa y otros 13 componentes botánicos y herbales. De consumo masivo en Argentina, en un principio enamoró a los bartenders trasandinos debido a las políticas restrictivas de importaciones (desde 2012 se produce bajo licencia de Campari en ese país). Como muchas de las genialidades nacen de la necesidad y la escasez, allá se dio vida al Cynar Julep, una suerte de mojito, fresco y sabroso mitigador de la sed. Bienvenido.

El otro debutante no es un cachorro en las barras internacionales, sino que proviene de la misma casa responsable de la receta irrepetible del Amargo de Angostura, uno de los bitters más masivos en todo el orbe. Y es que como la Casa de Angostura, ubicada en Trinidad y Tobago, también maneja al dedillo las artes de la destilación de alcohol de caña de azúcar, su Amaro di Angostura (de 35º) combina ron con la complejidad botánica del bitter para generar una sensación en boca llena de recovecos de sabor.