Son 172 páginas de lectura rápida acerca del falso médico francés que horrorizó, más que por el crimen, por su arribismo al tratar de ser quien no era.
Publicado el 19.01.2017
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En enero de 1993 causó gran impacto en el mundo el caso del falso médico Claude Romand cuando, a punto de ser descubierto en su mentira, optó por matar a quienes no hubiese tolerado se enteraran de la farsa: sus padres, su esposa y sus hijos, para luego fallar al suicidarse. Fue un crimen premeditado y salvaje, como tantos otros, pero en cuanto la motivación y los resultados, en una palabra, fue inexplicable.

Emmanuel Carrère lo vio como una poderosa historia y más por la infinidad de preguntas que planteaba el caso que por los hechos propiamente tales, se lanzó a escribir El adversario. En su estilo de no ficción y en sus zapatos. En esos días una amiga suya moría de sida, él fumaba y tomaba demasiado al tiempo que cuidaba de su hijo y su mujer. En ese contexto decidió escribirle a Romand la carta más difícil de su vida, como señala, porque lo vincularía con él. Y entender es también una manera de disculpar. Tal vez por eso el autor pretende a lo menos dar una visión objetiva (por imposible que sea) para no ser cómplice, y va reconstruyendo calculadamente los eventos.

En El adversario, el verdadero horror no es el crimen, lo que repele del caso es más simple y corriente. Es lo que no se explica pero que paradójicamente está presente en unos más, en otros menos, y que puede resumirse en ese tratar de ser “alguien” sin ser ese “alguien” (para dar un ejemplo del patetismo, hoy, basta pensar en las redes sociales). Por este vacío entre el deseo y el ser, Romand es un personaje trágico que intenta algo tan básico como llevar una vida normal. ¿Es tan malo Romand? Sí. Porque como no logró ser médico, mintió, y para perseverar perdió el dinero de todos los que lo rodeaban, incluidos los padres de su mujer y suyos, y luego vinieron los asesinatos. Y no. Porque ¿acaso no es valioso ser un buen padre? (que lo era en exceso) ¿o un marido entregado?, ¿un amante ferviente? ¿el mejor amigo incluso? Todo eso era también Romand.

No existe un juicio moral en esta novela, solamente la exposición de un cuadro con distintos matices, si es que es posible llegar a conocer al sujeto-objeto de un acto cualquiera. A Sangre Fría, de Truman Capote es una comparación un poco injusta: quizás mejor identificarla con la película True Story donde Jonah Hill y James Franco se relacionan tal vez como Carrère y Jean Claude Romand, entender hasta banalizar. Son 172 páginas de fácil lectura, lo que es bueno, aunque con muy pocas hipótesis, lo que es simplista. Esta parcialidad, como todo los actos humanos, tal vez sea tan solo un rasgo narcisista del autor, del mismo tipo que el del homicida. Lo que Carrère se temía.

Crítica publicada en lectambulos.cl