El trabajo de Eduardo Chadwick merece su recompensa, porque con una visión inalterable -y no ajena a cortapisas o incredulidades- ha logrado instalar los vinos chilenos de alta gama en el olimpo de la vitivinicultura mundial.
Publicado el 08.03.2018
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El abre-caminos. Nunca antes habíamos conocido el potencial de los vinos chilenos en un enfrentamiento con titanes franceses, súper toscanos o vinos del Viejo Continente en un “combate” de tú a tú, hasta que Eduardo Chadwick organizó la histórica cata de Berlín (2004).

Ese empeño sirvió para erradicar esa incómoda etiqueta de que los vinos chilenos eran –en el contexto mundial- apenas un buen ejemplo de caldos con una correcta relación precio-calidad, y nada más. No por nada Eduardo Chadwick instaló un ejercicio comparativo y una cata (a ciegas) reproducida en casi una veintena de países con resultados ecuánimes (para conocedores y prensa especializada) que sólo afianzó ínfulas y convicciones para los vinos nacidos en este lado del mundo.

La razón/convicción. Los cabernet chilenos estaban para competir en las grandes ligas y era cosa de tiempo, tesón y una convencida obstinación para que estos vinos lograran su merecido reconocimiento. Asesorías mediante, lo superlativo estuvo siempre en la meta de Chadwick quien, con un vino que lleva su apellido, obtuvo 100 puntos el año pasado a criterio del winewriter más influyente de la actualidad. ¿Coincidencia? Parece que no. Sucede que este actual reconocimiento de la destacada revista inglesa Decanter, se topa con la evaluación del crítico de vinos James Suckling, que más allá de un puntaje perfecto avala el desarrollo de vinos asombrosos que vale la pena conocer y descubrir en Chile (https://www.jamessuckling.com/chile/).

El trabajo de Eduardo Chadwick merece su recompensa, porque con una visión inalterable -y no ajena a cortapisas o incredulidades- ha logrado instalar los vinos chilenos de alta gama en el olimpo de la vitivinicultura mundial. Sólo queda alzar una copa por el vino chileno y brindar por el primer chileno reconocido en estas lides, cuyo apellido sigue acumulando credenciales para considerarle como uno de los personajes más influyentes de la escena vitivinícola nacional.