Tres comedores para degustar no necesariamente en código ​fine-dine​, pero sí en el nicho de ​cocina casera y casual​, con ingredientes nobles, preparaciones simples y un servicio con paciencia oriental para tolerar catástrofes en toda mesa, a toda hora.
Publicado el 11.05.2017
Comparte:

Buscar un lugar donde comer​ (primera tarea). Encontrar ​una cocina conciliadora que satisfaga de capitán a paje (segundo escollo). Que este comedor tenga una propuesta abierta en temporada baja (vamos que se puede). Que además demuestren una paciencia oriental con los más pequeños y revoltosos comensales (¿será posible?). Al menos, algo de rubor hay siempre en la cara de los adultos responsables de desastrosas mesas que quedan como vestigios de una batalla entre el control parental y la necesaria alimentación (con tablets o smartphones, no vale). Si en la capital hay lugares contados con los dedos de la mano con este perfil, salvo las cadenas de comida chatarra, imaginen el panorama en Pucón, un día lunes de mediados de mayo.​ ​La buena noticia es que confirmamos que hay alternativas. Cocinas sabrosas, sencillas, que están al pie del cañón –llueva o truene- para apetitos madrugadores o que reverencian esa pastelería sureña​ ​-​de influjo​ ​centroeuropeo-​ ​​que invita al ritual casi oxidado de tomar once. Otras con cocina sana o la transversal y siempre bienvenida pizza al horno. Son espacios “middle-range” que la guía Lonely Planet felicitaría. Pero con niños revoltosos a cuestas, estos backpackers no saben que esto termina siendo –para algunos padres- la más cremosa Haute Cuisine y calificaría hasta para guía Michelin.

Cassis. Casi siempre abierto, casi siempre animado y con público. A toda hora. Qué mejor señal de la salud de un recinto que ese continuo pasar de comensales sonrientes. Mucha madera en mobiliario y estructura. Más de uno que otro placement que por suerte mantiene el rigor de lo rústico en un lugar que sirve para desayunar, cumple a cabalidad para almorzar y, para onces, es todo lo que los amantes de lo dulce sueñan. Además, que tiene una vida nocturna –en temporada- bastante animada. Hay un buen batallón de imaginativos sánguches de autor y jugos con el twist tan de moda de ser funcionales. Si no se animan con  ninguna de estas opciones, hay una página entera de alternativas con carnes que van desde un vacuno grillado hasta una ensalada con atún sellado con dressing de soya. Cuan​do la simpleza se viste bien y n​o suena rimbombante, uno hasta se anima a pedir una mayonesa de zanahoria, por ejemplo, ni tan rica, pero tampoco cara. La panera, de ensueño. Una metralleta de opciones y que funciona bien en todos sus flancos. Modelo de negocio.
Cassis. Fresia 223 (ver mapa). Tel. 45 2449088.

Pizza Cala. Con tres sucursales (también en Villarrica y San Martín de los Andes, Argentina), esta pizzería se ha ganado el mote de picada a punta de buenos comentarios. Han hecho una buena triangulación de sabores y ese saber hacer de la masa de los argentos, insumos locales y combinaciones que apuestan a la simpleza. Además  no se complican y pueden pedirse medias porciones de la pizza. Así, si piden dos pizzas, todos prueban tres o cuatro versiones de entre más de una treintena de opciones. Destacamos la con espinaca, mozzarella y ricota que tiene un upgrade de sabor (algunos dirán salobridad) cuando se pide con tocino. Hay otras deleitosas incrustaciones como la que confabula la Machas del Sur, que es una especie de traslado de las machas a la parmesana sobre una cama de crujiente masa. Cierran la oferta carnes, pastas y calzones. Ambiente animado por las tardes. Un buen espacio para ir en grupos grandes y dejar a todos contentos, bolsillo incluido.
Pizza Cala. Lincoyán 361 (ver mapa). Tel. 45 2463024.

École. Es el favorito en Trip Advisor. Ojo con la moda de las redes y los comentarios de los viajeros. A veces lo único que uno quiere tras hacer un día de trekking es un plato caliente, casero, abundante, con ingredientes reales. Ese es el guante que recoge esta cocina con una innegable impronta veggie (atentos también con esa tendencia global) y que se presenta en un formato rústico, caluroso, con buenos precios y en un concepto sin aspavientos, con productos naturales y de estación. Pueden ser su plato del día (en este caso pastel de papas con un delicioso gratinado y con un pino de vegetales grillados) o una aplaudida lasaña de vegetales, ambos platos acompañados de ensaladas de la estación. Se nota una veta clara, un camino definido. Si ponen algunos puntos más en la sazón de algunos platos tendrán tanta buena salud como los visionarios de El Huerto. Se extraña que no usen más hongos, murtas silvestres o changles que venden en la calle y un largo etcétera de insumos que tienen, literalmente a la mano.
École. Gral. Urrutia 592 (ver mapa). Tel. 45 2441675.