Pionera en preparar estos bocadillos en Chile, la cocinera Claire Wang trasladó a Providencia los productos que la hicieron conocida en Patronato
Publicado el 12.07.2018
Comparte:

Del street food a comedores de lujo. La cocina de Oriente siempre introduce un influjo potente en la cocina de Occidente: sus fermentaciones, los caldos de algas, el ramen y ahora los baos. El bao vive su momento. Se trata de una masa elástica, suave, cocinada al vapor y que resiste como soporte un sinfín de rellenos. Los baos se han tomado la ciudad y demuestran su versatilidad acompañando a la más variopinta coctelería.

Una preparación que ya hace más de un lustro se apoderó de los comedores globales. España sucumbió ante el furor de estos panecillos y la receta se comenzó a replicar de fogón en fogón, de bar en bar, de taberna en taberna. Una receta que conquistó panzas y paladares de los reyes del tapeo y el maridaje perfecto entre bocadillos y cocteles. Una preparación que se han apoderado también de propuestas más trendy y comedores de alto vuelo. Por ejemplo, los que preparan en Bao Bar (Manuel Montt 925), son un perfecto consorte de su coctelería de autor. En República Nikkei (Merced 571) también los encontramos y en el impecable Osaka de Ciro Watanabe figura en una suerte de hot-dog (revise la nota acá): el Completo Nikkei se construye con una salchicha de mar casera sobre un bao negro, con cebolla, rábanos encurtidos y mayonesa a la palta y sriracha casera.

Pero, los pioneros en entregar esta preparación en nuestro país fue el emprendimiento de la cocinera Claire Wang quien trasladó a Providencia los bocadillos que la hicieron conocida en Patronato. Sus esponjosos y casi aéreos bollos al vapor con una rebanada de panceta estofada, con pickles, maní en polvo y un toque de cilantro. La textura es única y se acopla perfectamente con diversos rellenos como chuleta frita, pollo, frito, champiñones, tofu para los vegetarianos. Este comedor más amplio y mejor ubicado es perfecto para atreverse con los sabores agridulces, picantes y recorrer los vericuetos crocantes de esta cocina que vale la pena degustar.

¿Y los cocteles? Hay que tener en cuenta que Taiwán tiene un clima tropical, donde hay una diversidad de frutas y el uso del té es muy usual en sus bebidas más recreativas como el Hocha Sour ($3.800) con pisco, triple sec, calpis, limón y té verde. La coctelería en líneas generales, se nos muestra con la estridencia de un almacén oriental, una inclinación pop al trabajar los dulzores, atrevidas alianzas, moderada carga alcohólica que se baja jugo de frutas, ¡leche!, té verde, y bebidas orientales como el Calpis (una bebida lechosa) y Taro (bebida de leche de coco). Es coctelería refrescante y que trabaja con alianzas que tanto en el papel como al paladar resultan una agradable sorpresa, como el cóctel llamado Li-Li con vino blanco, ron blanco, piña y té verde. Una coctelería inusual, que vale la pena conocer. Con visos de mixología de crucero o de All-Inclusive, los líquidos se acoplan perfectamente a la oferta de los baos. Ideal para descubrir nuevos sabores en grupo. Atienden de lunes a sábado de 13.00 a 21.00 horas

Hocha. Av. Nueva Providencia 1346, local 6, casi esquina Manuel Montt, Providencia (ver mapa). Tel. 2 2984 9660. www.hocha.cl