La nueva serie documental de Netflix, plama el arte no sólo desde una óptica fresca y divertida en ocho episodios que hay que ver. Son varios los aciertos de esta producción, la principal es el uso del metamensaje como parte de la experiencia visual.
Publicado el 13.04.2017
Comparte:

Plasmar el mundo del arte siempre ha sido complejo, sobre todo por sus múltiples dimensiones y alcances. Pero más allá de eso, se trata también de un reto que implica reflejar al artista y propuesta como un concepto que se complementan entre sí. La nueva serie documental de Netflix, “Abstract: art by design”, no sólo lo intenta, sino que lo plantea desde una óptica fresca y divertida. En los ocho capítulos de su primera temporada, el show muestra las infinitas relaciones entre la obra y su autor, en una amena mirada al mundo artístico como parte fundamental de nuestra época.

La serie añade un toque juguetón y desenfadado a la tarea de explicar — y mostrar — lo que en realidad hacen los diseñadores, tema debatido de sobra y que parece tener tantas ramificaciones distintas como para que sea difícil definir el tema de una única manera. Pero “Abstract” muestra las implicaciones del diseño — como arte y técnica — en la vida moderna y elabora un sentido de pertenencia necesario para comprender su importancia. Ilustra el trabajo de reconocidos artistas en diferentes áreas, concentrándose en sus aportes desde lo humano. Cada capítulo muestra el trabajo de su selecto catálogo de invitados a través de  recorridos por sus estudios, entrevistas y retratos emocionales, que añade una dimensión por completo nueva al análisis de la identidad artística. Se trata además de una visión realista, interactiva y accesible sobre la aplicación del arte en la vida común: la animación y una serie de inteligentes recursos visuales, convierten la experiencia en una deliciosa travesía no sólo por la obra, sino también por las vidas del grupo de artistas, que aparecen frente a la cámara con una timidez casi infantil que conmovedora. Los largos monólogos explicativos son de sustancial interés sin resultar tediosos: Los invitados van de un lado a otro, rodeados de sus obras, impregnados en su capacidad para comprender el arte por el arte. La serie se transforma entonces en una vitrina deslumbrante de logros técnicos y también de buen hacer narrativo que sorprende por su consistencia.

“Abstract” comienza con pie firme: el primer capítulo — dedicado al ilustrador Christoph Niemann — refleja la creatividad neurótica urbana a través de una graciosa sucesión de imágenes que describen con pulcritud la vida y obra del autor. El resultado es una curiosa mezcla de diálogo introspectivo — memorable la larga escena donde el autor dibuja literalmente su vida familiar — y también, de análisis objetivo sobre el trabajo que realiza. La serie parece definir su tono y su forma con un capítulo de apertura que va entre lo infantil a un discurso más adulto. Y en medio de ambas cosas, la percepción de la labor artística como forma de vida y subsistencia, se hace perenne, descrito desde una óptica feliz que sorprende por su inocencia. La pantalla se llena de bocetos y dibujos animados, que describen paso a paso el proceso del artista al crear. La abstracción de lo imaginario se transforma en una limpia propuesta audiovisual de enorme buen gusto.

El productor Scott Dadich se tomó en serio la labor de mostrar el mundo del arte desde una perspectiva más allá de las idealizaciones y críticas. En cada capítulo, hay toda una travesía que implica lo creativo como sustento de un lenguaje personalísimo y una expresión individual rica en matices. La serie lo refleja no sólo de la mejor manera posible, sino que además, se plantea la cualidad del arte como unificador y disuasivo. Cada uno de los artistas expresa cuestionamientos propios sobre el objetivo de lo que hace — y cómo lo hace — y lo convierte en un sistema de ideas que hacen del lenguaje estético un código que reflexiona sobre los dolores y aciertos de la cultura. El resultado es un caleidoscopio de puntos de vista sobre lo artístico y lo sensible, la manera como nuestra época concibe lo funcional y el logro visual contemporáneo. Desde las portadas de Niemann para el New Yorker ( y sus muy conocidos trabajos para New York Times, Instagram, la App Store), la sensibilidad del fotógrafo Platon, la inteligencia vanguardista de la escenógrafo Es Devlin y la singular mirada a lo urbano de Bjarke Ingels, la serie abarca todo tipo de propuestas y las sublima, hasta transformarlas en discusiones específicas sobre la viabilidad de lo creativo, la imaginación y la capacidad transformadora del arte como concepto.

Pero “Abstract” no se conforma sólo con mostrar el trabajo de sus invitados, sino que además les permite crear pequeños espacios individuales que hacen que cada capítulo sea una experiencia independiente. De hecho, una de las particularidades del show es que no tiene un orden específico: como si una aproximación a la visión sobre la libertad creativa se tratase, cada pequeña biografía puede disfrutarse por separado. El espectador tiene la libertad de escoger no sólo el orden en el cual disfrutará de la experiencia, sino además, de analizar sus implicaciones de forma individual.

Se ha dicho que “Abstract” es la serie de Netflix menos parecida al formato general de la cadena, pero en realidad, sólo se trata de un replanteamiento del documental basado en el registro emotivo en el cual el canal viene experimentado con éxito desde hace un par de años. Desde “Chef’s Table” (David Gelb , 2015) Netflix parece bastante decidido a mostrar el elemento sensorial de grandes experiencias creativas.  En la producción se celebra el diseño puro y se hace con la misma percepción accesible y abierta de su predecesora, que asimiló el mundo de la cocina como un panorama hedonista. En esta ocasión, el canal va más allá y permite a sus productores una innovación en el terreno del discurso televisivo que sorprende por momentos y falla en unos pocos, quizás por recargar en exceso el resultado final.

Mientras Morgan Neville triunfa en la animación para mostrar el arte de Christoph Niemann, Brian Oakes no logra la expresividad necesaria en la historia del diseñador Tinker Hatfield, que peca de conservadora en comparación al resto del conjunto. Con todo, la serie encuentra cierta unidad temática y estética para superar los problemas de ritmo y lo hace, a través de una sinceridad conmovedora. Con un cuidado pulso, logra crear un ambiente sorprendentemente íntimo en su reflexión sobre la vida de los creadores que presenta. Y aunque no siempre resulta suficiente, es lo bastante bueno como para dejar muy claro que “Abstract” medita no sólo sobre el arte como conjunto, también como experiencia emocional.

Uno de los grandes logros del show es el uso del metamensaje como parte de la experiencia visual. Las referencias cruzadas abundan, especialmente el acento a las relaciones entre la forma y el fondo de la obra de arte como parte de la cultura pop. El formato documental se ajusta a cierta delicia subjetiva para captar el punto de vista de los artistas y lo hace con un tono infantil que acompaña cada capítulo de la serie. Mientras Niemann se pasea en el primer capítulo por una Nueva York convertida en uno de sus bocetos, la diseñadora de escenarios Es Devlin camina por Londres, rodeada de piezas de escenografía digital. Las fotografías de Platon trascienden los espacios y se convierten en atmósfera de la historia que cuenta. La experiencia visual se hace algo vivo y cautivador.

Quizás lo único que se echa de menos en la serie, es una opinión más específica sobre lo político y social, pero los productores parecieron concentrarse sólo en el carácter del arte como reflejo de su autor y las circunstancias que le rodean de una manera más bien selectiva. En la larga entrevista a Tinker Hatfield por (diseñador de Nike) por ejemplo, no hay mención a la controversia de las fábricas de zapatos, ni tampoco los pequeños escarceos de Platon con algunos líderes políticos a los cuales ha fotografiado a lo largo de su vida. Aun así, los cuidados capítulos cumplen con su cometido y las diversas biografías tienen mucho de interés didáctico y personal.

Hay algo fascinante en el enfoque de “Abstract” y es sin duda, esa mirada a lo que hay detrás de una gran pieza de arte: La vocación del artista dibuja un nuevo mapa de significados para comprender la sustancia de lo que se cuenta y se muestra. La serie es optimista y sobre todo, se aplica en el objetivo de cautivar al espectador desde la percepción de la creación como una forma de bondad moderna. Hay mucho más que decir en este conjunto de historias fascinantes — algunas más que otras, pero todas conmovedoras — pero lo que se muestra, deja muy claro que la serie está dispuesta a redimensionar las relaciones del arte como objeto de exploración. Yese es quizás el mayor logro de una serie singular, que sin duda, dará mucho que hablar.

Aglaia Berlutti, fotógrafa y escritora venezolana

“Abstract: art by design”

Temporadas: 1
Capítulos: 8
Creador: 8,9
Dónde verla: Netflix
Calificación en IMDb: 7,2