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3%: La distopía llega en versión latinoamericana

Publicado el 24.11.2016
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Netflix sigue en el proceso de conquistar otros terrenos. Ya han realizado, por ejemplo, producciones francesas, como fue el caso de “Marseille” este año. Ahora es el turno del mercado brasileño, con una serie que se estrena hoy, se llama “3%” y pudimos ver dos episodios -de ocho- antes de su estreno, que es hoy 25 de noviembre.

La historia de “3%” —  post apocalíptica y directamente distópica — parece ser otra de las apuestas de Netflix hacia el género de ciencia ficción, como también lo es la venidera “Altered Carbon” (protagonizada por Kristin Lehman, actriz de la serie “The Killing”, también de Netflix) y “Stranger Things”, con una segunda temporada ya anunciada para 2017. No obstante, “3%” llega a la pantalla chica precedida por una historia propia: como webserie creada por el productor Pedro Aguilera en en 2011. Despertó el interés de la crítica y del público durante el corto tiempo en que se mantuvo al aire. Además, “3%” es quizás la aventura más osada de Netflix para nuestro continente: la serie es la primera producción realizada en su totalidad en Brasil  y hablada en portugués  que el canal estrena, lo que supone una nueva visión del canal sobre el mercado latinoamericano.

En esta serie se profundiza en  lo planteado por la webserie de Aguilera. La historia se sitúa en un futuro no muy lejano en el que sólo el 3% de la población de Brasil supera una serie de exigentes pruebas físicas y mentales para alcanzar el “Progreso”, punto élite de la cultura distópica que se describe. El otro porcentaje deberá enfrentarse a la condena de la “Devastación”, un espacio sin ley y sumido en el caos que define el horror de una sociedad rota y estructurada con fuertes jerarquías.

Al estilo de las sagas de “Los juegos del Hambre” de Suzanne Collins e “Insurgente” de Veronica Roth, “3%” explora los límites del existencialismo basado en la supervivencia. También medita sobre la naturaleza humana, el belicismo, la confrontación en medio de los límites de lo que consideramos identidad humana y sobre todo, cuestiona los elementos que sostienen a nuestra pretendida racionalidad. Como propuesta, la serie no se permite concesiones de una interpretación alterna sobre la crueldad inherente al ser humano y mucho menos, la comprensión sobre la violencia intrínseca en nuestra visión sobre la sociedad.

Toda la historia transcurre en un futuro impreciso que parece nutrirse de nuestro presente: ser aceptado en “Progreso” significa alcanzar una serie de oportunidades que se racionalizan como una percepción del éxito social y la promesa de cierta dignidad existencial. Mientras tanto, en “Devastación” la lucha se hace radical y primitiva. Todo lo anterior mientras las pruebas de selección dejan muy claro que están elaboradas para someter al posible aspirante a límites de estrés, miedo y dilemas morales cada vez más agresivos que con frecuencia rayan en la crueldad. Una realidad aumentada sobre las luchas y tensiones de la sociedad moderna, pero reconstruida para la definitiva segregación auspiciada desde el poder. No hay nada sencillo ni mucho menos casual en esta reflexión sobre la violencia de una cultura construida a través de las desigualdades y la jerarquización del estigma.

En “3%” se juega con todo tipo de elementos que reflejan la nueva visión de la distopía basada no sólo en el enfrentamiento de clases, sino también en la reivindicación del derecho de rebelión contra un sistema opresor. De la misma forma que en historias semejantes — cuyo origen más distante lo podemos encontrar en clásicos literarios como “1984” de George Orwell y “Un mundo feliz” de Aldous Huxley —,  la sociedad se construye a través de la agresión y el dolor del oprimido, donde se muestra un reflejo de la angustia existencial de la época de la cual es metáfora.

La edad límite para enfrentarse a las duras pruebas hacia el llamado “Progreso” es de 20 años, un símbolo de nuestra sociedad inmediata, obsesionada con la juventud y sobre todo, muy consciente de la perpetuación del ideal de perfección fallida. De la misma manera que los tributos al Minotauro de Grecia, los hombres y mujeres que deben enfrentar las duras pruebas para acceder al mítico 3% de prosperidad, lo hacen a través del impulso del miedo, del temor a la segregación y sobre todo, para enfrentar una tradición ciega que aplasta su individualidad bajo una fuerte concepción de anonimato.

Dirigida por un uruguayo residenciado en Brasil: César Charlone (cuyos créditos incluyen la dirección de fotografía de “Ciudad de Dios” del 2002), “3%” muestra una estética vibrante, a mitad de camino entre una devastación visual que resulta casi dolorosa y una exquisita elegancia nihilista, recursos usados por su director para delimitar el mundo – y las fronteras que lo dividen – en que se mueven los personajes. El elenco coral, compuesto en su gran mayoría por actores muy jóvenes, está liderado por la actriz Bianca Comparato como Michele, que a las primeras de cambio es la mirada silenciosa e inquieta sobre un sistema cruel al que debe enfrentarse a pesar de su resistencia a hacerlo. Por su lado João Miguel (Ezequiel) crea un personaje cuya fuerza radica en su capacidad para asumir el reto del proceso de selección como una empresa insalvable e imprescindible. Ambos parecen destinados no sólo a la lucha cuerpo a cuerpo – en escenas que recuerda de manera inevitable a “Los Juegos del hambre” – sino también, a convertirse en el emblema de una posible sublevación contra una sociedad  sectaria, violenta y radical.

Aglaia Berlutti, fotógrafa y escritora venezolana. 

3%

Temporadas: 1

Capítulos: 8

Creador: Pedro Aguilera

Dónde verla: Netflix