Libero
Claudio Behncke y Enrique Soto - dos ex jugadores de rugby de Old Boys- viajaron al lugar exacto del accidente ocurrido 1972 donde murió gran parte del equipo uruguayo que venía a jugar frente a ellos un partido amistoso. Invitados por uno de los 16 sobrevivientes, tomaron una cámara de “El Líbero” y registraron esta dura travesía a caballo en medio de la cordillera.
Publicado el 14.05.2017
Comparte:

En 1972, el ingeniero civil en minas Claudio Behncke tenía 25 años. Era uno de los más experimentados del equipo de los Old Boys, los ex alumnos del colegio Grange que por esos años comúnmente se enfrentaban a planteles de ex estudiantes de colegios argentinos y uruguayos. Para ese mes de octubre de 1972, se había pactado un partido amistoso frente a los Old Christians, los ex alumnos del tradicional colegio uruguayo Stella Maris. “Los estábamos esperando y cuando ocurrió el accidente, nos agarró a todos de sorpresa y fue muy terrible”, recuerda Behncke casi 45 años después de esta tragedia que conmovió al mundo entero y donde fallecieron 29 de los 45 pasajeros del Fairchild Hiller 227 de la Fuerza Aérea Uruguaya que se estrelló en medio de la Cordillera de los Andes.

Después de 76 días en que ya casi no quedaban esperanzas de que hubiera sobrevivientes, el 22 de diciembre de 1972 el arriero chileno Sergio Catalán se encontró milagrosamente con Roberto Canessa y Fernando Parrado, quienes llevaban 10 días caminando desde la montaña para buscar ayuda.

A partir de ese momento, la “Tragedia de Los Andes” pasó a llamarse en “El Milagro de Los Andes”, por todo lo que significó que estos 16 jóvenes rugbistas uruguayos hayan podido sobrevivir durante más de dos meses, a 3.500 metros de altura en medio de la cordillera de Los Andes, además de sufrir una violenta avalancha de nieve, duras condiciones ambientales que llegaban hasta los 42 grados bajo cero, y estar sin abrigo adecuado y sin comida.

Este verdadero milagro no sólo marcó para siempre a los 16 sobrevivientes, sino que también generó un vínculo muy fuerte con los Old Boys, que iban a recibirlos en Santiago. “Mientras los estábamos buscando, de alguna manera nos conectábamos con las emociones de ellos”, recuerda Claudio Behncke, quien además participó en las labores de búsqueda como piloto civil.

El viaje de los chilenos al Valle de las Lágrimas

Hasta el día de hoy, por lo menos una vez al año ambos equipos se reúnen y simbólicamente disputan el partido de rugby que nunca se pudo jugar en 1972. Y algunos de los sobrevivientes y las familias de los fallecidos, han viajado al lugar del accidente para homenajear a sus seres queridos, ya que sus cuerpos los dejaron enterrados bajo los restos del avión.

Hasta ese lugar -ubicado la zona de Malargüe, en la provincia de Mendoza en Argentina-, en febrero pasado viajó Claudio Behncke, acompañado de otro ex Old Boys, Enrique Soto, ambos invitados por uno de los sobrevivientes de la tragedia, Gustavo Zerbino. En el año 2012 otro ex alumno de Grange, Francisco Planella, se había convertido en el primer Old Boys en visitar la zona del accidente, llamada el Valle de las Lágrimas.

El viaje fue a caballo y duró dos días hasta llegar al lugar exacto donde cayó el avión. Claudio Behncke reconoce que debido a las dificultades de cabalgar en medio de la cordillera, muchas veces sintió miedo: “Pancho (Francisco Planella) me dijo que el viaje no era tan terrible, pero en realidad hubo momentos en que pensé sinceramente, que me podía morir”.

Enrique Soto, más conocido en el mundo del rugby como “American” Soto, fue el encargado de registrar el viaje con su cámara fotográfica y con una cámara de video proporcionada por “El Líbero”. “Fue realmente difícil llegar hasta el lugar del accidente, porque era un camino lleno de accidentes, lleno de peligro, pero finalmente lo logramos”.

A este verdadero santuario ubicado a más de 3.500 metros de altura, sólo se puede acceder durante los meses de verano, porque el resto del año está tapado de nieve. Gustavo Zerbino y otros sobrevivientes del “Milagro de Los Andes” han ido varias veces pero sólo invitan a sus familiares y a algunos amigos muy cercanos y nunca han dejado que lleguen periodistas o camarógrafos. “Para ellos este es un altar muy sagrado, está todo el dolor, todo el sufrimiento que tuvieron allá, toda una vida distinta que se produjo de un momento a otro”, señala Claudio Behncke al recordar lo que vivió con su amigo de Old Boys “American ” Soto. “Sientes que algo especial pasa allá arriba, ya que pese a que éramos muchos, de repente sólo escuchábamos el viento. Todos estaban como con la lengua mordida”, recuerda Enrique Soto.

Estos dos ex alumnos del Grange dejaron en el lugar una placa recordatoria a nombre de todos los rugbistas chilenos que iban a jugar un partido frente a sus amigos uruguayos que murieron en la Cordillera de Los Andes hace ya casi 45 años. La placa dice “Seguirán jugando en nosotros y en nuestros hijos”, una frase muy sencilla pero que para Claudio Behncke tiene mucho significado: “En 500 años más todavía se va a hablar de esto, por la forma como sucedió y por el desenlace que tuvo”.