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El conflicto entre el clan Luchsinger y parte de la comunidad mapuche se intensifica cuando en 2008 fallece Matías Catrileo en el fundo Santa Margarita. Desde esa fecha que han sido víctimas de constantes ataques incendiarios, uno de ellos acabó con la vida de dos personas.
Publicado el 08.12.2014
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“Es triste recordar esta historia”, son las palabras de Ewald Luchsinger, sobrino de Werner Luchsinger y Vivianne Mackay, al volver a la Granja Lumahue (comuna de Vilcún, región de La Araucanía) el lugar donde la madrugada del 4 de enero de 2013 fallecieron sus tíos tras un violento ataque incendiario.

Celestino Córdova fue declarado culpable y condenado a 18 años de cárcel por el asesinato del matrimonio. A juicio de Aucán Huilcamán, encargado de Relaciones Internacionales del Consejo de Todas las Tierras, jamás se pudo comprobar que estuviese vinculado. “No se logró relacionar la participación directa, sino del contexto. Y el contexto aquí puede ser mucho, el elemento del contexto fue la presunción”, dice.

La tragedia, que marcó un antes y un después en el denominado conflicto indígena, se originó sólo una hora después del aniversario de la muerte de Matías Catrileo. El joven comunero falleció el 3 de enero de 2008 tras un enfrentamiento con Carabineros precisamente en el Fundo Santa Margarita, que en ese entonces pertenecía a Jorge Luchsinger.

A fines de 2009 se decide vender el terreno mencionado de 260 hectáreas a la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) y desde 2010 que lo habita la comunidad Catrilaf II. El predio colinda con el Fundo Santa Rosa I, cuyos dueños son los padres de Ewald Luchsinger.

“Es una frontera que hoy día nosotros hacemos de contención al avance que han tenido las comunidades a adquirir Santa Margarita. De hecho, eso ha provocado que seamos objeto natural de los hechos de violencia. No por un tema de apellido, como se ha dicho, sino que por ubicación”, señala Ewald.

Los padres de Ewald decidieron dejar de vivir en el fundo Santa Rosa I, debido a las constantes presiones y ataques por parte de sus vecinos mapuches. De hecho, desde 2006 que este sector cuenta con resguardo policial.

Carabineros realiza patrullajes en todos los predios que cuentan con medida de protección, desde las 08.00 a las 20.00 hrs. y luego un relevo desde las 20.00 a las 08.00 hrs. “El último ataque que hubo fue contra personal policial. Le dispararon a un vehículo del Grupo de Operaciones Policiales (GOPE). No hubo detenidos, porque esto fue en la noche entonces es difícil por la oscuridad del lugar ver de dónde provienen los disparos”, explica el Suboficial Óscar Romero de la IX Comisaría de La Araucanía.

Para Aucán Huilcamán, el resguardo por parte de las fuerzas especiales es injusto. “A mí me habría gustado que hubiese sido siempre de manera equitativa e igual desde hace algún tiempo. El mapuche cuando fue objeto del despojo de sus tierras nunca tuvo la misma protección”, comenta.

Ewald fue objeto del último ataque incendiario que ha sufrido su familia. El pasado 9 de junio un grupo de encapuchados entró a su fundo llamado San Luis de Palermo y quemaron galpones, maquinarias, semillas e incluso la casa del cuidador del predio que se encontraba en el lugar.

“Yo lo que puedo afirmar es que en el territorio mapuche hay fuerzas que están operando, que no son mapuches, con ciertos intereses que tienen por objeto criminalizar al pueblo indígena”, indica Huilcamán, quien además agrega que “estamos trabajando para, en algún momento, constituir un auto gobierno en el sur“.

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