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Lejos de renunciar a la pasión de su vida, el destacado diseñador transformará su antiguo taller en un “laboratorio colaborativo”. Y en medio del cierre de su local del barrio El Golf, le confeccionó dos trajes a Ricardo Lagos Weber, quien podría estrenarlos este martes cuando asuma la segunda magistratura del país.
Publicado el 15.03.2016
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“Hace un par de meses mi amigo el senador Ricardo Lagos Weber pasó por el taller porque luego asume en la presidencia del Senado. Así es que tiene unos trajes Andreoli actuales”. El destacado diseñador Atilio Andreoli no tiene dudas en que el nuevo presidente de la Cámara Alta lucirá hoy uno de sus trajes, cuando asuma la segunda magistratura del país. Así también ocurrió con su padre, Ricardo Lagos Escobar, cuando reemplazó a Eduardo Frei Ruiz-Tagle en la Presidencia de la República en marzo del año 2000.

La relación de Atilio Andreoli con la familia Lagos viene de mucho tiempo: “Los trajes que le confeccioné a don Ricardo Lagos, son los mismos que ocupa hasta el día de hoy”, afirma con orgullo. “Don Ricardo ha mantenido su peso y su talla y eso hace que siga ocupando los trajes que le diseñé hace muchos años. La calidad era tan buena, que duran mucho tiempo. La garantía que yo daba era de tres años, pero los trajes Andreoli duran muchísimo más”.

El llamado “sastre de los políticos” este sábado cumplió 61 años, 36 de los cuales ha dedicado a la “construcción de ropa masculina”, como él mismo define su oficio. Sin embargo, cuando se refiere a sus trajes, habla en pasado luego que hace dos meses cerrara su conocida tienda del barrio El Golf, donde tuvo como clientes a empresarios, políticos y diplomáticos. “El cierre de mi tienda fue muy duro, fue el término de un ciclo. A través de mis diseños, de mis vitrinas, con la iluminación de mi tienda, expresaba mis sentimientos. Pero la internacionalización del vestuario, la producción en serie, el uso de materiales de costo bajísimo, entre  otras cosas, provocó que el mundo de la sastrería se fuera desdibujando. Esto trajo como consecuencia que muchas experiencias como la mía, ya no podían seguir funcionando”.

Después de tres años de duro discernimiento y pérdidas económicas, Atilio Andreoli tuvo que tomar la dolorosa decisión de bajar las cortinas de su local de Augusto Leguía Norte. “Logré mantener esta actividad durante tanto tiempo, porque formé un grupo de trabajo que duró muchos años, trabajadores con mucha experiencia, pero que lamentablemente no fui capaz de renovar”. Recuerda que sólo en Santiago hace 30 años había 400 sastres y 1200 en todo el país: “Pero hoy si se reúnen 12 sastres, es mucho. Hoy no existen las personas que quieren trabajar en este oficio. No hay pasión”, agrega.

“El que tiene mejor percha es Andrés Velasco”

“El Líbero” invitó a Atilio Andreoli a participar de la experiencia de ser entrevistado a seis mil pies de altura. A bordo del avión deportivo Pipistrel, recordó su infancia en Concepción y luego en Viña del Mar, cuando desde muy joven ya manifestaba interés por este oficio. Su familia tenía una pequeña industria textil y con esos materiales, ya a los 15 años él mismo se hacía su propia ropa: “A esa edad en que uno se pone presumido, me hacía mis trajes para no ser igual a los demás”.

El sastre de Ricardo Lagos Escobar y ahora de Ricardo Lagos Weber, también le confeccionó la ropa a otros políticos, como Andrés Velasco, Sebastián Piñera, Andrés Zaldívar y Marco Enríquez-Ominami. “El que tiene mejor percha es Andrés Velasco. Ahora, Sebastián Piñera y Andrés Zaldívar eran muy complicados”.

– Siempre diseñó trajes para hombres, ¿pero hizo alguna excepción con mujeres?

– Le hice chaquetas a algunas señoras de mis clientes, también a algunas diplomáticas. Y me tocó hacerle algunas cosas a la señora Michelle Bachelet, cuando era precandidata el año 2005. Me hubiera gustado seguir haciéndole ropa.

– ¿Qué pasó?

– No sé. Cuando asumió la presidencia nunca más me llamaron. Me dejaron a un lado.

“No fui capaz de cerrar mi taller”

Luego que el 16 de enero pasado Atilio Andreoli cerrara su tienda de El Golf, no pudo hacer lo mismo con su taller de Patronato. “Mantuve el taller y toda su infraestructura, porque no fui capaz de desarmar dos cosas al mismo tiempo”. Y en medio de este proceso, una antigua colaboradora lo llamó y le ofreció realizar un proyecto: “Me plantea una idea que tiene que ver con entregar mi conocimiento, mi experiencia y mi infraestructura, a un grupo de jóvenes diseñadores talentosos. Entonces de la nada, está comenzando a tomar forma una especie de laboratorio colaborativo”.

Andreoli confiesa que para él, a sus 61 años, es un gran reto trabajar con una nueva generación de diseñadores: “Es una idea que me encanta, el desafío de acompañar a jóvenes que no tienen la carga de 35 años de trabajo como yo, me entusiasma”.

– Es como dejar entrar aire fresco, que a la larga le da más vida al taller.

– Exacto, y de pasada me da más vida a mí.