El campeón mundial y olímpico lidera la organización de la primera corrida para discapacitados que se realizará este domingo. "El Líbero" lo acompañó en los últimos preparativos, sorteando los obstáculos del centro de la capital.
Publicado el 07.11.2014
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El atleta Cristián Valenzuela viene llegando de la Maratón de Frankfurt, donde consiguió la marca para clasificar al próximo campeonato mundial de Qatar. Y la próxima semana parte a Brasil, para alcanzar la marca de los 800 metros planos. En medio de sus entrenamientos que tienen como meta revalidar la medalla de oro que consiguió en los 5 mil metros planos en los Juegos Paralímpicos de Londres, está organizando la primera “Corrida por la Inclusión”, que se realizará éste domingo en el centro de Santiago.

– ¿Por qué se te ocurrió organizar esta corrida?

– Para acercar la discapacidad a la gente y que se considere que una persona discapacitada no es distinta a otra. Para mí la discapacidad es sólo una característica más de algunas personas.

– ¿Qué es la inclusión?

– En Chile es un concepto muy poco entendible. Para mí es invitarte a mi fiesta, presentarte a mis invitados y que puedas compartir con ellos. Es interactuar con una persona entre comillas diferente,  porque en el fondo todos los seres humanos somos iguales. La inclusión es que la persona con discapacidad quiera incluirse y la persona sin discapacidad, quiera incluirla.

– ¿Y es bajo esa premisa por la cual se te ocurrió organizar esta Corrida?

– Lo que queremos lograr es que las personas con discapacidad inviten a la gente sin discapacidad, a correr junto a ellos. Personas con distintas discapacidades van a estar a cargo de la organización del evento. Queremos generar vínculos, acercar la discapacidad a las personas. Pero fundamentalmente queremos que esta corrida sea el inicio de otras cosas que queremos hacer junto a la Fundación Fortaleza, que creamos con otros deportistas paralímpicos. Queremos cambiar la mirada que existe en Chile sobre el tema de la discapacidad.

– ¿Qué significa “cambiar la mirada”?

– Queremos participar en la toma de decisiones con respecto a la discapacidad y la inclusión. No creo que se deba hacer un país o una ciudad, por cada persona diferente, pero sí debiesen incluirse cosas básicas. Por ejemplo, el tema de las rampas. Hay edificios de Gobierno que no tienen accesos para los discapacitados. Ponen una rampa y piensan que ya son inclusivos, pero ni siquiera conocen las especificaciones técnicas. En la práctica tampoco sirve de mucho que los accesos públicos tengan señalética en braille, porque para que un ciego llegue a leer ahí, va a significar una pérdida de tiempo.

“El Ciudadano Valenzuela”

Es difícil desprenderse de la imagen de Cristián Valenzuela cruzando la meta de los 5 mil metros en los Juegos Paralímpicos  de Londres 2012, o recibiendo algún homenaje en la Palacio de La Moneda. Pero, al igual que todas las personas discapacitadas, día a día debe enfrentarse a un mundo que aún no está preparado para convivir plenamente con ellos.

Para este atleta no vidente no ha sido fácil. Desde que perdió la vista por un glaucoma severo, a la edad de 12 años, ha vivido distintos procesos. “Fui un poco mal criado, me dejé regalonear, y mi mamá todavía me regalonea, incluso a mis 31 años, pero eso también es culpa mía.

Desde hace unos meses, Cristián Valenzuela arrienda un departamento en el centro de Santiago. Va de vez en cuando y a corto plazo la idea vivir ahí definitivamente. “Estoy tratando de despegarme un poco de mi mamá. Pero que me quede solo aquí, para ella es terrible. Tiene miedo a que me queme, a que me pase algo. Antes de meterme en el mundo del deporte, yo era bien independiente. Pero luego de obtener mi primer título mundial, mi mamá empezó nuevamente a sobreprotegerme. Quizás por el riesgo de salir a la calle, por los robos, los asaltos, la violencia, por ser más conocido”.

-¿Cómo vive el día a día un discapacitado?

-Ser discapacitado es un poco más complicado para vivir, pero no es más que eso. Por ejemplo tú ves mi departamento y no tiene nada que diga que es un lugar para ciegos. Si tengo un problema cotidiano, no me amargo la vida. Lo que pasa es que muchos discapacitados – y a mí también me pasaba – suelen echarle la culpa de todo lo que les sucede, a su discapacidad.

Antes, se me caía algo y era un drama. Hoy, me agacho y lo recojo. Cuando uno duda de lo que está haciendo, por ejemplo si yo salgo del departamento y pienso que voy a chocar o que me puedo caer, lo más seguro es que camine súper lento, temeroso.

-¿La gente te ayuda en la calle?

-Suele pasar que la gente te ayuda. Incluso algunas veces me han ido a dejar a la puerta del lugar donde voy. Pero de toda la gente que me cruzo en la calle, creo que sólo un 5% me ayuda.

A tus 31 años, ¿te sientes recuperado sicológicamente?

-Sí, de todas maneras. No vivo pensando en la ceguera, pensando en por qué no veo. Pienso que las personas son iguales a mí, que pueden aprender de mí, como yo puedo aprender de ellas. Si veo o no la veo la calle, da lo mismo. Si Dios en algún momento quiere que yo recupere la vista, lo va a hacer. Pero no me paso la vida preguntándome todos los días por qué veo o no veo.

Creo que es una tremenda oportunidad ser discapacitado en Chile, porque hay mucha carencia de información sobre estos temas. Las personas que toman decisiones importantes, necesitan aprender de la discapacidad. Ser discapacitado es una tremenda oportunidad para decirle al mundo de que cada persona puede cumplir lo que quiera si se sacrifica al máximo, como yo lo he hecho.

 

FOTO: EL LIBERO

VIDEO: EL LIBERO