Igual que el protagonista de la película “Cinema Paradiso”, el ex técnico de La Roja volvió a su pueblo de la infancia para reencantarse con el fútbol y sanarse de su pasado en la Selección. Sentado en la banca de Argentinos Juniors, Claudio Borghi vuelve a ser “el Bichi”. En ese lugar se confiesa con “El Líbero”.
Publicado el 01.09.2014
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El próximo domingo 28 de septiembre Claudio Borghi cumplirá 50 años. El día anterior dirigirá a Argentinos Juniors, para enfrentar a Ferro Carril Oeste por la décima fecha del Torneo Nacional B, la segunda división del fútbol argentino. Ese fin de semana, lo más seguro es que lo visitará su mujer y sus dos hijos, que viven en Santiago. Borghi, aquí en Argentina, vive en la casa de su suegra, en Castelar, el pueblo que lo vio nacer futbolísticamente. Ese es su refugio, es el lugar donde día a día intenta sanar las heridas que aún mantiene de los tormentosos 21 meses que estuvo al mando de la Selección Chilena. “Tuve un año de encierro, lo pasé muy mal. Parecía que yo era el culpable de todo lo que pasaba. Me sentía defraudado, atacado, ofendido”, señala a “El Líbero”, en su entrevista más íntima desde que abandonó el banco de La Roja.

¿Por qué quiso vivir ese encierro?
– Porque no quería saber nada de fútbol. Yo nunca digo que el fútbol es mi vida, pero es gran parte de mi vida. Entonces no poder hablar, no poder ir a una cancha, fue muy duro, era como que te cortaran el camino de toda la vida. Si iba a ver a Colo Colo –que no era campeón y que no andaba muy bien- iban a decir este se está candidateando. Entonces preferí quedarme en el encierro de mi casa. Era un encierro deportivo, porque mi vida la seguí haciendo de manera normal.

¿Qué era lo que más lo ofendía?
– Que a partir de que me fui de la Selección, para el medio todo fue diferente. Era como que yo hubiese sido el causante de todos los males. Y yo pensaba que no era un tipo malo, que después de vivir tantos años en Chile, no había hecho nada malo.Me ofendía que alguna gente pensara que yo era el culpable de todo. Sacando cuentas, había dirigido en Colo Colo, en Audax, en Boca, Independiente, Argentinos Juniors, y nunca había tenido un problema de indisciplina. Y resulta que en dos años en la Selección, supuestamente tuve todos los casos de indisciplina en la historia del fútbol chileno. Entonces, debo ser un tipo muy malo. Todo lo que yo hacía estaba dentro de lo vulgar, de lo malo. Luego me fui y de un día para otro, esta disciplina cambió, cosa que me alegra muchísimo. Pero no creo ser yo el culpable porque, insisto, en Chile llevo más de 20 años, tengo una familia bien constituida, mis hijos nunca han estado en problemas, están bien educados. Tú me dices, Bichi, ¿tomas trago?, yo te digo , me tomo mi pisco, pero jamás se me ha visto en mal estado, ni chocando curado. Mi matrimonio lleva 30 años.

¿Pero debe tener algún grado de autocrítica?
– Evidentemente hice cosas malas. Nadie hace todo bien, o nadie hace todo mal. Yo lo que sí sé es que, durante el Mundial, sin vivir en Chile y sin estar en Brasil, muchas cosas pasaron, y no salió absolutamente nada. Hace muy poco conversé con un periodista y él me dijo si hubieses ganado, hubieses tenido que esconder cosas. Y yo digo que no, que las cosas no se esconden, ganes o pierdas, las cosas se tienen que decir. Yo tuve que salir a explicar un twitter de una persona que vio a unos jugadores a las 7 de la mañana.

¿Confió mucho en los jugadores?
– Mi mayor virtud como entrenador es confiar mucho en el jugador, pero mi mayor defecto es también confiar mucho en el jugador. Yo trabajo en base a la confianza, depende de ti cómo lo recibas. Si tú crees que tutearme es faltarme el respeto, estás equivocado. O el que me digas que estás lesionado, yo confíe en ti, y al final no lo estás, es un problema tuyo, no es un problema mío. Sobre los actos de indisciplina, yo no puedo pedir que los jugadores pidan disculpas. Yo no acusé nunca a nadie. Después salieron cosas que pasaron en un bautizo. Si yo soy el responsable de lo que pasa en los bautizos de Chile, es complicado. No se puede pasar la vida pidiendo cuentas de cosas que uno hizo por otros. Lo que sí me llamó la atención fue que luego de la salida de muchos jugadores, varios estuvieron de acuerdo y dijeron no tienen que volver más y después vuelven y no dicen nada. Y a los meses los veo a todos juntos, como si no hubiese pasado nada. Como que dijeran se murió Borghi y arrancamos de nuevo. Es un asunto de formación, de principios, que yo no voy a cambiar. No es una situación que se pueda entender en ningún jugador, yo no lo entiendo en nadie. Yo creo que cuando hay una causa injusta, la gente tiene que pelearla por más que no sea su pelea. Cuando hay alguien que comete una injusticia contigo, o cometen una injusticia con él, por más que no sea tu amigo, yo tengo que defenderlo o atacarlo, eso es ética de vida. Los principios hay que mantenerlos.

La sanación en Argentina

El plantel de Argentinos Juniors entrena en la localidad de Moreno, a 36 kilómetros al oeste del centro de Buenos Aires. Alejados de la prensa, la única ocasión en que concurrieron en masa los periodistas, fue el día que llegó a entrenar por primera vez Juan Román Riquelme. En un sencillo camarín, llama la atención que de la docena de fotografías de los planteles históricos de los “bichos colorados”, en diez de ellas aparezca Claudio Borghi, como jugador y también como técnico. “Cuando Argentinos Juniors se quedó sin técnico, llamé a los dirigentes y les dije que si me daban un tiempo, yo podía ir, porque quería estar ahí”.

¿Por qué eligió Argentinos Juniors?
– Porque acá están mis raíces. Voy a cumplir 50 años y hablando con mi mujer de esta posibilidad de venir, que era medio una locura, le dije: es el lugar donde quiero estar. Ofertas de trabajo siempre tuve, pero no eran mi proyecto, no eran mis ideas, no eran mis costumbres. Para que te hagas una idea, esta es la peor oferta económica que tuve. No es una cuestión de dinero, es querer estar en este lugar. Llego al entrenamiento, me siento conforme, me siento contento. La estadía acá es muy grata. Durante mi carrera he hecho muchos esfuerzos de estar en lugares donde no he querido estar: por conveniencia, por trabajo, por sacrificio. Y hoy decidí esto, mi familia me entendió y yo me siento muy bien.

Borghi repara en una historia que sólo se puede vivir en pueblos como éste: “Hace unos días, estaba caminando aquí en Castelar y una señora ya mayor se me acerca y me dice que me conoce, y yo le respondo claro, si usted fue mi profesora de séptimo grado. Luego la señora se puso a llorar y a mí también casi me hace llorar, porque me conocía como Bichi y no como Claudio Borghi. Mi vida aquí en Castelar es como la del niño de Cinema Paradiso: un chico huérfano, que se gana la vida a los nueve años, que le cuesta alimentarse, que le cuesta vestirse, que lucha por su amor. Y que luego, vuelve a su pueblo después de que le va bien en la vida, y encuentra lo que yo veo acá, que todo sigue exactamente igual. Estas son las cosas que me da este barrio, que es reencontrarme con mi pasado, con lo que ya fui”.

Hace 40 años, Claudio Borghi se juntaba todos los días a jugar con sus amigos. Hoy lo vuelve a hacer, pero ahora para pasar la tarde juntos y tomarse un café. “Acá soy Bichi, me conozca o no me conozca la gente. Acá no están preocupados de sacarse una foto contigo. Acá no eres controlado, acá soy un tipo común y corriente. Mi barrio es el mismo de siempre, soy un tipo más. Quizás eso es lo que más falta me hacía, sentirme un tipo común y corriente”.

Pero debe tener sus costos estar lejos de la familia.
– Es verdad. Vivo algunos estados depresivos diarios. Hasta las ocho de la tarde estoy bárbaro porque estoy ocupado. Pero a esa hora comienza este estado depresivo, de llegar a la casa y que no esté mi familia. Es un esfuerzo grande que estoy haciendo por el lado sentimental. Las noches son complicadas, pero mi familia me entendió que yo quería estar acá. Mi familia va y viene. Y mi estado depresivo termina cuando me duermo y arranca un nuevo día.

¿Volverá a Chile?
– Si bien no tengo ningún proyecto deportivo en Chile y no he tenido ofertas de trabajo, voy a seguir viviendo allá, porque Chile es mi lugar en el mundo. Acá estoy de paso. Como familia, elegimos vivir en Chile. Y más allá de todo lo que pase, mi vida está en Chile, le guste a quien le guste. Tu lugar es donde está tu familia. Acá, pese al cariño de la gente, me sigo sintiendo como un extranjero en mi propio país.