En esta Copa América todo indica que la televisión aporta lo lógico y la radio la sorpresa.
Publicado el 16.06.2015
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rokaA sólo minutos del inicio del segundo partido usted figura al interior de un taxi, en mitad de un taco. Asume el retraso con ligera dignidad. Y, dado que no tiene previsto bajar del auto y correr como un hincha enajenado buscando un televisor, sugiere al taxista sintonizar una radio para empaparse con la previa. “¿Cuál?”, pregunta el hombre. Usted titubea. Usted se jacta de amar la radio como vehículo de expresión, pero no conoce el dial de ninguna emisora. “Ponga Agricultura”, exige con carácter. E inmediatamente, a segundos de que se lleve a cabo un momento crucial para el deporte, aparece la voz de Milton Millas analizando a la mujer mexicana. Si bien, para ser sinceros, usted necesitaba saber la alineación de Chile, se entera a través de Milton que la mujer mexicana es gentil y hogareña. Usted se pregunta si algún auditor estará escuchando este discurso.

Luego, apenas entra a su casa, su mujer le hace preguntas bancarias, ajenas a la cancha, y su hija se le cuelga tiernamente al pantalón. Usted, como un toro, se abre paso hasta el televisor y distingue de forma inmediata a Carcuro, otra vez. Su mujer quería estar con Carcuro, buscando el tono cómplice de los años noventa. “Ahí está Albornoz”, anuncia, concentrado, Carcuro, “un fuerte abrazo a todos los chilenos que viven en Suecia, tanto chileno que se fue a los países del norte, ojalá nos estén mirando, somos todos chilenos”. Nota, una vez más, que Carcuro es un hombre inspirado para el cliché. Apela a la emoción sencilla. En los primeros minutos lanza con certeza cinco lugares comunes. Aconseja atacar, pero sin dejar de defender. Especifica que lo adecuado es que los atacantes queden solos frente al arco. Usted, incluso, le detecta reacciones eléctricas, inconexas: “¡Presión alta! ¡Otra vez México!”, grita Carcuro en un instante, de forma misteriosa, casi sollozando. Pero es en la mención comercial donde el comentarista brilla. Oferta un regalo de cinco millones de pesos con pasión de jefe de barra.

A su lado, como ya sabemos, Bonini, hace gala de sus conocimientos con el tono de un Premio Nobel. Sin embargo, usted –pese a que detesta su petulancia, su grandeza de barrio- se permite un giro en su percepción: ahora admite que el hombre entrega conceptos. No sabría decir qué conceptos. Algo referente al sistema para recuperar la pelota. Algo, con seguridad, sumamente snob. Pero Bonini, como sea, es el único de los dos canales, TVN y el 13, que puede sorprender con sensaciones tácticas.

Luego vienen seis goles, una invasión de alaridos, Luis Omar Tapia y el Negro, los dos se debaten en un empate a gritos, sin adjetivos, sólo “gooooooooooool”. Tensión, mensajes de esperanza, poca consistencia en la evaluación técnica. Usted se abruma. Necesita con urgencia la presencia de alguna opinión natural. Se dirige, como un zombie, hasta una radio. La enciende. Usted no lo puede creer: brota, sin querer, la Agricultura.

Ya no es sólo Milton Millas, es también el notero Pato Oñate. Millas dice que el partido fue complicado y Oñate, en la galería, entrevista a mujeres con escotes. Oñate, por ejemplo, detiene a Valdivia y le pregunta: “Pateaste y la pelota rozó el palo, ¿la sentiste adentro?”. Valdivia, estupefacto, responde: “¿Cómo es eso de que la sentí adentro?”. Oñate ríe, Valdivia se va. Y usted cambia de dial y aparece la Cooperativa. Escucha el relajo de Toño Prieto y le da la sensación que ese comentarista está en bata. Cambia y encuentra la Biobío. Busca, desesperado, la cebolla imponente de Solabarrieta. No está. Sólo está allí la cebolla aspiracional de Marco Sotomayor, quien de pronto dice: “Poner a Jara de último hombre es prácticamente un albur”. Usted no da crédito a lo que escucha: un ser humano ha dicho la palabra “albur”. Siente, al googlear ese vocablo, una fuerte emoción. Albur significa azar. Apaga todos los aparatos y se va a la cama conmocionado. En fin. En esta Copa América todo indica que la televisión aporta lo lógico y la radio la sorpresa. Y hoy, gracias a ella, aprendimos la palabra “albur”.