En "El Líbero" hoy debuta un nuevo columnista, que tiene como misión desmenuzar la parrilla televisiva de la Copa América, transformado en el "comentarista de los comentaristas".
Publicado el 11.06.2015
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roka

Usted, a solas, se frota las manos: ha llegado el día, el momento que esperó calmadamente desde 1991, desde la última Copa América que se jugó en Chile. La emoción lo embarga y habla de fútbol con todo su círculo social. Pero, seamos francos, usted no es de los que va al estadio. Le pone tenso el contacto con la sociedad, el fervor nacionalista, los cánticos de kermesse, el sudor del chileno medio. Usted es un hombre de casa, un caballero, y por tanto expresa el fanatismo en privado. A fin de cuentas, como tantos otros, usted es un fiero barrabrava de living. Es un enfurecido hincha de sofá. Usted, ni más ni menos, es el Tano Pasman del barrio.

De manera que está obligado a encender el televisor. A buscar velozmente la cobertura que se adapte a su actual sistema valórico. Se enfrenta, entonces, a un desagradable clásico televisivo. Le dan dos opciones: dos canales grandes, aburridos, con personal sin coraje. TVN o el 13. El dilema, a horas del debut, le está causando estrés. Usted debe analizar la situación con frialdad. Primero, cálmese. Sacuda el sillón. Analice lo que hay.

El emblemático de TVN, el capitán, es Pedro Carcuro, un hombre que perdió el ánimo en 1990 (Italia no fue campeón en Italia). No puede negar que, décadas atrás, Carcuro le erizó la piel con relatos intuitivos, surgidos desde el estómago. Pero usted, aún con sus conocimientos básicos, es un experto al lado de Carcuro. Es un ícono con las cuerdas vocales reventadas. Es, además, el emperador de la obviedad. Si el equipo recibe un gol, Carcuro propone poner más delanteros. Si el equipo convierte un gol, Carcuro propone tocar la pelota. Si el partido transcurre en un empate terco, Carcuro, desesperado, sugiere un cambio desde la banca. Una vez, recuerda, Carcuro propuso a gritos jugar con cuatro delanteros. Lo dijo al aire, envalentonado, luego se produjo un silencio de cuarenta segundos y usted alcanzó a escuchar que los compañeros de transmisión aguantaban una carcajada. A usted, en fin, le preocupa Carcuro, desea que sea feliz. Pero lejos de las canchas.

Lo acompañará, entre otros, el profesor Bonini. Usted no olvida: ese hombre destronó a Solabarrieta. Ese descontrolado, un matón de camarín, un argentino que interactúa a alaridos, sacó al poeta del camino. Más encima, usted no cree que Bonini sea brillante. Un tipo con ese nivel de ira no es agudo. También, en ese equipo, estará Manuel de Tezanos, un Solabarrieta sin metáforas. Un hombre educado, con tino y excesivo sentido común. Y Luis Omar Tapia, un hombre bueno. Usted aplaude su incorporación.

En el 13 la estrella es el Negro Palma, el rey de todo, el glorioso hombre del ráting. Su talento es el entusiasmo. Sus metáforas quizás no estremezcan, pero un hombre exagerado siempre es un aporte en partidos emocionantes. No es sensacional, solamente es un gozador. A su lado, Aldo Schiappacasse, un comentarista obsesionado con la ironía, pero sin tempo dramático. Schiappacasse parece tan urgido de gracia que, aún en una final, o en los descuentos de una final, se obstina en hacer un chiste. No señor. Las finales son serias. El fútbol, en líneas generales, es un asunto de gravedad. Imaginemos al ya mentado Tano Pasman tolerando una anécdota graciosa en mitad del segundo tiempo. Lanza el televisor por la ventana. Se suman en el equipo del 13, Nacho Valenzuela, un relator que le ganó a la vida. Y Guarello, un periodista que luce una estupenda contradicción: es un amargado con carisma. El más valiente de los dos canales.

Son las opciones y usted ha quedado helado. Se pregunta, ido, si no hay más relatores. Se pregunta, conmovido, por Solabarrieta, a quien considera un ejemplo de lírica. Le advierten que tendrá que seguirlo en la radio, como a muchos más. También, en DIRECT TV, se anuncia el regreso de Zamorano, entretenido en privado y aburrido en público. Y hay poco más. Este es el material de nuestra Copa América comunicacional y usted, comentarista de comentaristas, deberá conservar la calma. Si no va al estadio, tendrá que aguantar lo que le dan.

Roka Valbuena, Periodista.