Usted aplaude la verborrea sensacionalista de los comentaristas, pero ignora qué partido habrán visto. Se pregunta: ¿Por qué, si Uruguay es tan futbolizado, se empeña en jugar tan rústico?
Publicado el 25.06.2015
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Justo antes de que empiece el partido usted ha decidido, en lo que considera un ejercicio de mesura, escuchar una radio uruguaya. Le recomiendan Radio Oriental, 770 AM, la hora de la pasión con Javier Máximo Goñi y el escribano Filosi. Escucha atentamente al señor Goñi, un locutor ronco, exaltado, que anuncia a gritos: “¡Aquí hay un local y un visitante: Chile tiene la OBLIGACIÓN de ganar. Pero, ojo, que está Uruguay al frente!!”. El locutor, luego, enumera los logros históricos, repasa títulos, jugadores, cita a poetas, casi llora. Termina con un aullido patriota: “¡Que entre la Celeste, que entre el coraje, vamos Uruguay!”. De la humildad a la soberbia: en fin, el espectáculo le incomoda. Se pregunta dónde puede estar el coraje de futbolistas que juegan acorralados en su campo de juego.

Necesita una dosis de nacionalismo con urgencia. Y, a causa del apuro, pone a Carcuro en TVN. “¡Ha llegado el momento del desafío!”, grita con simpleza. Le surge una pregunta: ¿Por qué en un partido tan trascendente, usted, de pronto, ha optado por sintonizar los pensamientos de Carcuro? Porque Carcuro domina históricamente la excitación. Y este es un partido para verlo conmovido. En partidos de leyenda, el Negro Palma le parece sobreactuado.

Y va con Carcuro en la televisión y Goñi, el patriota celeste, en las orejas. Transmisión duplicada, un partido analizado en dos países. Carcuro, tras el himno, grita: “El canto que nos llena el alma”. Goñi, en la radio, indolente, comenta: “Qué frío bárbaro. Marcelito, ¿usted al borde de la cancha cómo lo ve?”. “Firmes aún, Goñi”, responde un reportero. Carcuro alaba el ataque de Chile, Goñi alaba la defensa uruguaya. Carcuro se queja de los golpes uruguayos, Goñi se queja que el árbitro es localista. “Chile comienza a hacer su juego”, dice Carcuro. “Chile toca y nada”, refuta Goñi.

En el entretiempo, en Radio Oriental, 770 AM, el escribano Filosi opina que la selección uruguaya está haciendo “un partido de colección. Fíjese, Goñi, que hemos tenido el balón lo justo y necesario para ir dos goles arriba”. Usted le hace un corte de manga a la radio. Después circula por el dial chileno y aparece Igor Ochoa en Cooperativa: no le gusta Chile, no le gusta Uruguay, no le gusta el partido y no le gusta el clima. “Veamos qué pasa en el segundo tiempo”, amenaza con tono enojado.

En el segundo tiempo usted pierde la compostura y, buscando la suerte, vaga de canal en canal, de radio en radio. Goñi: “Chile no sabe qué hacer”. Carcuro: “Uruguay está haciendo su partido”. Schiaccapasse: “Chile es protagonista”. Viene el gol, los gritos, la furia celeste, los expulsados, la rabia. Termina el partido, Chile es feliz y los análisis se diferencian más que nunca. Los relatores chilenos están con ganas de llorar. Los uruguayos concluyen que el partido fue un robo.

Goñi dispara: “¡Los jueces son unos carcamanes mal paridos!”. El escribano Filosi apoya: “Débiles y corruptos”. Goñi no se controla: “¡A un año de la salvajada que hicieron con Suárez, sienten que no les alcanzó!”. “¿A qué apunta, Goñi?”, interviene el escribano Filosi. “No se haga el boludo, escribano, usted y yo sabemos que esto es un fraude: sacaron a Cavani sin razón”. Maldita FIFA, grita Goñi desbocado. Maldita Conmebol, solidariza el escribano. Pido justicia y la pido con la voz quebrada, anuncia Goñi. Así el fútbol no puede caminar, concluye Filosi.

Usted aplaude la verborrea sensacionalista de los comentaristas, pero ignora qué partido habrán visto. Se pregunta: ¿Por qué, si Uruguay es tan futbolizado, se empeña en jugar tan rústico? ¿Se darán cuenta que deshonran la historia, esa que tanto enfatizan, colgándose del travesaño? Usted, como todos los televidentes y auditores, lo tiene claro: ganó el mejor. Ganó Chile. La gloria se acerca. Y por eso, cuando por Radio Oriental escucha el aviso comercial de una funeraria, usted sonríe. El funeral, esta vez, le corresponde a Uruguay.