En “El Líbero” hoy debuta un nuevo columnista, quien desde Brasil describirá el ambiente que se vive en torno a los Juegos Olímpicos. Como fanático del fútbol hace ya varios años fue uno de los pocos chilenos que presenció en vivo el título de Iván Zamorano en el Real Madrid. Además siguió a la “Roja” en Francia, Sudáfrica y también en el Mundial del 2014. El abogado Juan Eduardo Troncoso es un fanático del deporte y está listo para emprender una nueva aventura, que quedará registrada en estas páginas.
Publicado el 02.08.2016
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JUAN EDUARDO TRONCOSOEl próximo viernes, con la ceremonia inaugural, se ponen en marcha oficialmente los XXXI Juegos Olímpicos de la era moderna. Y la ciudad de Río de Janeiro será la anfitriona de más de 10 mil 500 deportistas provenientes de 206 países del mundo, que competirán por los honores y la gloria en 306 competencias de 32 diferentes disciplinas deportivas.

Esta fiesta de verdad promete, más allá de lo que siempre se sostiene sobre los problemas del organizador y de la trampa del doping con que algunos han pretendido ensuciarla. Y no puede ser menos cuando el responsable de su organización es un pueblo alegre por naturaleza, que se ha preparado por muchos años y que ha invertido nada menos que 6,7 miles de millones de euros en obras públicas y transporte urbano; 2,0 miles de millones en la organización propiamente tal; 1,9 miles de millones en la construcción y remodelación de instalaciones deportivas, y 0,8 miles de millones de euros en seguridad. Todo esto con el objetivo de ofrecer la mejor fiesta posible y una vez terminada, entregar a sus habitantes una ciudad modernizada, con nueva infraestructura que quedará al servicio de las próximas generaciones como siempre ocurre en las ciudades que acogen estos eventos.

Tendré la suerte de poder asistir a esta fiesta y mi compromiso es que todo lo que allí vea y me llame la atención, lo estaré compartiendo a través de esta tribuna. En el pasado he tenido la oportunidad de asistir a eventos deportivos de gran envergadura. Sin ir más lejos, el año 2014 en el propio Río de Janeiro estuve presente junto a dos de mis hijos en el estadio Maracaná – especialmente remozado para la ocasión-, para el histórico triunfo de la selección chilena de fútbol frente a España, entonces campeón mundial de este deporte. Cantar el himno nacional a capella con el estadio lleno y salir con el premio de una justa victoria, ha sido para mis hijos una de sus experiencias más emotivas que seguramente los acompañará durante toda su vida. Lo mismo he recogido de algunos pocos que estuvieron presentes en Atenas tras las recordadas medallas de oro que regalaron a nuestro deporte Nicolás Massú y Fernando González. Y ha habido muchos otros casos protagonizados por tantos deportistas, nacionales y extranjeros, que se preparan con esfuerzo y dedicación para dar lo mejor de sí, en competencias que despiertan la atención aún a aquellos que miran el deporte a distancia.

Cientos de estas competencias serán las que comenzaremos a vivir en los próximos días, donde cada deportista desplegará su mejor técnica para correr más rápido, saltar más alto o lanzar más lejos, todo con el objetivo de mejorar sus marcas, vencer a sus rivales y, en lo posible, subir al podio para recibir la medalla, al son de su himno patrio. Y en pos de ese objetivo podré ser testigo de muchos ejemplos de esfuerzo y superación, de trabajo en equipo, solidaridad, respeto y de otros valores que sólo el deporte nos acostumbra a regalar.

Como si fuera poco lo anterior, viviré una fiesta que no sólo estará presente en la cancha, en la pista, en la piscina o en el velódromo.  También estará presente en las calles, en los parques y restaurantes, y a modo de bonus track, en ésta oportunidad también la fiesta ocurrirá en la playa, donde aficionados de distintas razas, costumbres y vestimentas, representarán eso que Joan Manuel Serrat nos recita magníficamente en cuanto a que “hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha”. Al punto que terminada esta fiesta, “con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas”. La fiesta entonces es completa y no hay como no ser testigo de ella. Por eso he asistido a eventos similares en muchas ocasiones anteriores. Y por eso estaré ahora en Río. En agosto, al menos “Yo Río”.


*Juan Eduardo Troncoso. Abogado socio de Fontaine & Cia.