Pese a su alto impacto en la calidad de vida de las personas y a las externalidades positivas que genera, para nuestras autoridades, salvo honrosas excepciones, el deporte tiene y ha tenido una importancia menor.
Publicado el 24.08.2016
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JUAN EDUARDO TRONCOSOComo es costumbre, terminado un ciclo olímpico es hora de balances y debate. Si bien es cierto, los magros resultados en Brasil eran más o menos esperados, lo lamentable es que nos vuelve a mostrar lo lejos que estamos de un desarrollo deportivo acorde al nivel del desarrollo que han alcanzado otras áreas del quehacer nacional.

Fueron más de 80 los países que obtuvieron medallas en Rio 2016 y nuestra mejor ubicación fue apenas un quinto lugar. Pero esta situación no es nueva. En Londres 2012 fue un cuarto puesto lo mejor de Chile. Y si no se consideran los deportes de alto profesionalismo como el tenis y el fútbol, cuyas medallas no son resultados de una política deportiva, la realidad es que en los últimos 60 años Chile sólo ha obtenido una medalla (la de Alfonso de Iruarrizaga en Seúl 88). La conclusión es obvia. Pese a su alto impacto en la calidad de vida de las personas y a las externalidades positivas que genera, para nuestras autoridades, salvo honrosas excepciones, el deporte tiene y ha tenido una importancia menor.

En efecto, no es aceptable que en Chile se destine sólo el 0,35% del presupuesto, lo que equivale a un 0,091% del PIB a la inversión en deporte. Menos es aceptable la sub ejecución presupuestaria que durante los dos últimos años ha reportado el Ministerio del Deporte, lo que ha traído como consecuencia un recorte por parte del Ministerio de Hacienda al ya exiguo presupuesto. En esto último hay un claro problema de gestión, síntoma del desinterés de las autoridades por el tema. En estas circunstancias estamos condenados a permanecer en el subdesarrollo deportivo.

¿Qué hacemos entonces para revertir esta situación? En primer lugar, tener voluntad para asumir el rol que juega el deporte en el bienestar de la sociedad, ya que es necesario comprometer mayores recursos al desarrollo de la actividad. Por lo menos estos se deben duplicar en el corto plazo e ir avanzando gradualmente hasta alcanzar la inversión de países con similar nivel de desarrollo.

Estimado lector si usted tiene paciencia y revisa con detención el presupuesto de la nación se dará cuenta que hay muchas alternativas para obtener los recursos sin descuidar otras políticas sociales prioritarias. Es muy sencillo y consiste en aplicar la misma receta que entrega el doctor a su paciente: elimine la grasa en favor del deporte. Y vaya que tenemos grasa en nuestro país, de la corporal y de la otra. En segundo lugar, ejecutar una nueva política pública deportiva que nos comprometa a todos con la actividad. En mi opinión esta política debería abarcar cuatro ejes centrales: marco institucional; deporte masivo; cultura deportiva y alto rendimiento.

Con la intención de ser pro positivo en el debate, a continuación señalo algunas propuestas:

1.- En relación al marco institucional se le debe dar un reconocimiento constitucional a la práctica de la actividad física y deportiva; se deben profesionalizar los gobiernos corporativos de las federaciones deportivas; se debe integrar el deporte universitario y laboral al deporte federado; se debe perfeccionar el Estatuto del Deportista Profesional incorporando las necesidades educativas, previsionales y de reinserción laboral de los deportistas, y a 15 años de su dictación se debe revisar si la Ley del Deporte ha cumplido con los objetivos de ella esperados.

2.- Para masificar la actividad física y deportiva hay que aumentar las horas de educación física obligatoria a nivel escolar para llegar a seis horas semanales; mejorar la gestión en el uso de los recintos deportivos, ya que el problema hoy no es tanto la falta de recintos sino su subutilización; en virtud de las condiciones geográficas de nuestro país, hay que incentivar la práctica del deporte aventura; además, en todas las ciudades de más de 200 mil habitantes se debe construir una red troncal de ciclo vías, y finalmente hay que acercar la actividad física a los adultos mayores y a los discapacitados a través de la incorporación de zonas de deporte informal en los proyectos de espacios públicos urbanos.

3.- Para el desarrollo de una cultura deportiva orientada a cambiar la mentalidad con que se enfrenta la actividad, tanto recreacional como competitiva, se deben llevar adelante campañas publicitarias de carácter permanente que destaquen los beneficios de la práctica deportiva; además de instaurar durante la primavera el “Día Nacional de la Actividad Física y Deportiva”, a lo que se debe sumar la creación del museo nacional y archivo del deporte chileno.

4.- He dejado para el final el desarrollo del alto rendimiento, que me parece debe ser el foco central de esta nueva política deportiva. Ello porque el ejemplo inspirador que estos deportistas transmiten a la sociedad produce un efecto multiplicador de las personas que se motivan por la práctica deportiva, dando lugar a un circulo virtuoso indispensable para el surgimiento de los deportistas.

Dado que el alto rendimiento exige trabajar los talentos desde una edad temprana, es indispensable crear colegios especiales, a lo largo del país, enfocados en la formación del deportista. Estos establecimientos pueden ser públicos o subvencionados. En este último caso, con una subvención adicional que permita dotar al colegio de equipamiento necesario, alimentación especial y servicio de acercamiento y además organizar competencias atractivas.

Por de pronto se debe asumir como política de estado la postulación a la organización de los Juegos Panamericanos del año 2023; además de crear una escuela de entrenadores especializada en el alto rendimiento para lo cual será necesario traer técnicos extranjeros de primerísimo nivel. Esta escuela será también una muy buena opción para que los deportistas destacados puedan continuar ligados a la actividad después de su retiro; también, con el objeto que la universidad no sepulte la carrera del deportista, se propone organizar una feria anual del talento deportivo, orientada a universidades nacionales y extranjeras que quieran becar deportistas donde estos puedan conocer las distintas opciones de carreras y becas, y finalmente se debe promover un incremento sustancial en premios por logros internacionales. Por ejemplo, un premio de un millón de dólares para quien obtiene una medalla de oro olímpica. Esto tiene un costo marginal en el presupuesto y viene a recompensar el largo camino de sacrificio que un logro de esta naturaleza lleva asociado.

La propuesta está lanzada, esperemos que los actores políticos recojan el guante y así, además de tener una sociedad más sana y contenta, podremos esperar que nuestros futuros deportistas surjan de manera más organizada y no esperar por generación espontánea el nacimiento de un héroe para disfrutar de un éxito deportivo.

Juan Eduardo Troncoso. Abogado, socio de Fontaine & Cia.