A pesar del trabajo y la dedicación de todos nuestros deportistas y la ilusión de los aficionados por celebrar alguna actuación destacada, basta repasar la historia para concluir que algún éxito, en cuanto a obtención de medallas, es extremadamente difícil. De manera realista lo que debemos esperar de nuestros competidores es que, a lo menos, mantengan sus rendimientos que los llevaron a clasificar a Rio. Si mejoran sus marcas, objetivamente será un logro.
Publicado el 10.08.2016
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JUAN EDUARDO TRONCOSOLa respuesta al título de esta columna debe relacionarse con la historia de nuestro deporte. Desde los primeros Juegos Olímpicos en Atenas el año 1896, hasta los juegos de Londres el 2012, se repartieron la suma de 13.461 medallas entre 141 países, siendo EEUU la nación que ha cosechado la mayor cantidad de preseas, con un total 268. Chile ocupa el lugar 75, con sólo 13 medallas. Es decir, apenas un 0,096% del total de las medallas en disputa. A su vez, de los 30 Juegos Olímpicos que se han disputado hasta antes de Río, Chile obtuvo medallas sólo en siete de ellos, las que provinieron únicamente de seis deportes. Esa es nuestra realidad. Mucho y poco a la vez. Mucho por cuanto en general responden a esfuerzos individuales notables y poco por cuanto dejan de manifiesto una histórica postergación de políticas en favor del desarrollo del deporte.

Es justo entonces hacer un reconocimiento a nuestras estrellas olímpicas comenzando por el mítico fondista Manuel Plaza, medalla de plata en el Maratón de Amsterdam en 1924. Cuenta la leyenda que el oro se le fue de las manos porque se perdió en el recorrido. Posteriormente tuvimos la destacadísima actuación de la equitación en Helsinki 1952 con dos medallas de plata, una en equipos, formado por Oscar Cristi, Ricardo Echeverría y César Mendoza (el mismo que posteriormente fue integrante de la Junta de Gobierno), y la otra por el propio Oscar Cristi en la competencia individual. Los siguientes Juegos, en Melbourne el año 1956, obtuvo medalla en el lanzamiento de la jabalina Marlene Ahrens, la primera y única mujer chilena en lograr dicha distinción. Las otras tres medallas de esos juegos correspondieron al boxeo con plata para Ramón Tapia y bronce para Claudio Barrientos y Carlos Lucas.

32 años hubo que esperar para la siguiente distinción olímpica para Chile. Fue en 1988, en los Juegos de Seúl, donde Alfonso de Iruarrizaga, en tiro skeet, obtuvo una disputada medalla de plata que rozó el oro. El año 2000 el fútbol ganó bronce en Sídney, y así llegamos a Atenas 2004, testigo de la actuación más descollantes de nuestra historia olímpica. El oro de Nicolás Massu y el bronce de Fernando González en el single del tenis y el oro de ambos en el doble los sitúa en lo más alto del podio. Se cierra nuestro medallero en Beijing 2008 con la plata de Fernando González, que pierde la final del single del tenis con Rafael Nadal, pero que se convierte en el único deportista chileno en ganar medallas en dos juegos distintos.

Este recuerdo sirve como necesario antecedente para fijar las expectativas que pueda cumplir la delegación chilena en Río 2016. Son 42 deportistas los que lograron clasificar a estas instancias siendo el atletismo con diez representantes y la vela con nueve las disciplinas más numerosas. A pesar del trabajo y la dedicación de todos nuestros deportistas y la ilusión de los aficionados por celebrar alguna actuación destacada, basta el repaso histórico para concluir que algún éxito, en cuanto a la obtención de medallas, es extremadamente difícil. De manera realista lo que debemos esperar de nuestros competidores es que, a lo menos, mantengan sus rendimientos que los llevaron a clasificar a Rio. Si mejoran sus marcas, objetivamente, será un logro.

En mi opinión, tres o cuatro son los deportistas que tienen alguna posibilidad de medalla; en primer lugar, Felipe Aguilar en el golf, pero ello dependerá de cómo se acomode a una cancha nueva, construida especialmente para la ocasión, donde el viento se puede transformar en un factor, y de la fortaleza mental para superar la presión en un deporte en momentos claves. A su favor juega que conoce a muchos de sus rivales puesto que lleva más de diez años ininterrumpidos compitiendo, y también en ocasiones ganándoles, en los distintos torneos del tour europeo donde se desempeña habitualmente. En segundo lugar, Bárbara Riveros, la triatleta que va por sus terceros juegos consecutivos. Si logra salir de la natación, que será en aguas abiertas, dentro del grupo de avanzada, estará de todas formas en la pelea considerando que el trote es su fuerte. En tercer lugar, está la tiradora Francisca Crovetto, medallista panamericana y de buenos resultados en distintos mundiales de tiro skeet. En esta especialidad la inspiración del momento juega un papel muy importante y si Francisca está en su día, todo puede ser. Por último, una mención a la levantadora de pesas María Fernanda Valdés también medallista en los últimos panamericanos de Toronto.

Aun cuando la medalla no puede ser la única medida para el reconocimiento de un deportista, si alguno de ellos u otro que pueda sorprender la obtiene, debiera pasar directamente a nuestra pequeña galería de héroes deportivos. Nuestra corta historia así lo exige.

Termino comentando que la siguiente columna la escribiré directamente desde Río de Janeiro a donde viajaré durante las próximas horas con la idea de contarles, desde allá, la realidad de los Juegos y ojalá ser testigo de alguna destacada actuación de un chileno, o de una de esas historias inspiradoras que únicamente el deporte nos puede entregar.

 

*Juan Eduardo Troncoso. Abogado socio de Fontaine & Cia.

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