El abogado, que además es fanático de todos los deportes, escribe su primera crónica desde Río de Janeiro. Este viernes presenció la espectacular jornada del tenis, encabezada con el incombustible Rafael Nadal: "El camino que está recorriendo Nadal en Río 2016 y todo lo que deja en la cancha hace inevitable el recuerdo de la doble medalla de oro de Nicolás Massú en Atenas. El domingo sabremos si se repite la historia cambiando al protagonista".
Publicado el 13.08.2016
Comparte:

 

 

JUAN EDUARDO TRONCOSOContra muchos de los pronósticos hay que decir que en Río de Janeiro las cosas están funcionando, lo que se agradece. En atención que estaré presente en las próximas tres jornadas atléticas a desarrollarse en la noche consideré apropiado parar en un hotel en la zona céntrica de la ciudad, más cerca del Estadio Olímpico, sede del atletismo, sabiendo de la dificultad que podría significar en una ciudad congestionada llegar al Centro Olímpico de Barra de Tijuca donde se encuentran la mayoría de los recintos más importantes construidos para estos juegos. Y dicha zona está en el otro extremo de la ciudad. Se ponía entonces a prueba el sistema de transporte diseñado por las autoridades, y la prueba fue superada.

El recorrido considera la línea 1 del metro en cuya estación terminal se toma la nueva línea 4, construida especialmente para la ocasión, y a la que solo se accede a modo de boleto, mientras duren los juegos naturalmente, con las entradas a los eventos. Al final de esta nueva línea de metro se encuentran los BTR (Buses de Transporte Rápido), buses oruga perfectamente coordinados en tiempo y cantidad para satisfacer a los cientos de pasajeros que continuadamente se desplazan hacia y desde el Centro Olímpico. Dichos buses llegan a terminales techados y muy bien acondicionados desde donde caminando una corta distancia se accede al recinto.  Bien le vendría a los expertos del Transantiago darse una vueltecita por acá para sacar algunas ideas que podrían facilitarle la vida a la gente.

Se ingresa al recinto por la que llamaré Avenida de los Estadios que es una gran explanada peatonal donde a los costados se levantan las diferentes Arenas, el velódromo, el Centro Acuático y el Court Central del Tenis y un gran edificio desde donde se dirige la transmisión televisiva de los eventos. Todos estos estadios son de arquitectura moderna los que armónicamente diseñados lucen muy atractivos, a la altura de un evento de esta magnitud.

Este viernes fue para mí un día de tenis. Me instalé en el court central donde a primera hora la tenista de Puerto Rico Mónica Puig, en un disputado partido venció a la checa Petra Kvitova consiguiendo su paso a la final y de esta manera hacer soñar a su país con su primera medalla de oro olímpica. En el siguiente partido el ex número uno del mundo Rafael Nadal buscaba su paso a semifinales frente al local Thomas Bellucci, número 58 de la ATP.  Bellucci se impuso con propiedad en el primer set por un claro 6/2, lo que no fue obstáculo para que Nadal, con su garra habitual que se acrecienta cuando defiende a su país, comenzara a desplegar su mejor tenis para llevarse los siguientes sets y el partido por 6/4 y 6/2.

Con los brasileños alentando a su compatriota el court central vivía un ambiente típico de Copa Davis. Resultaba muy curioso el espectáculo dado que desde el court vecino al central llegaban fuerte y claro los ruidos de alientos de los números argentinos que andan por estos lados la deban a Juan Martín del Potro el que a la misma hora sellaba también su paso a semifinales donde enfrentará al mismísimo Nadal. Conocida la rivalidad entre brasileños y argentinos se consumaba entonces una derrota doble para los locales.

La jornada terminaba con la disputa del oro en el doble masculino donde dos horas después de su paso a semifinales en single, Nadal volvía a la cancha junto a Marc López para transformarse en el puntal de la dupla y vencer en un emocionante partido a los rumanos Florin Mergea y Horia Tecau. El camino que está recorriendo Nadal en Río 2016 y todo lo que deja en la cancha hace inevitable el recuerdo de la doble medalla de oro de Nicolás Massú en Atenas. El domingo sabremos si se repite la historia cambiando al protagonista.

Para el final la explicación del título de esta columna. Se trata de una simpática y entretenida práctica que han impuesto los organizadores que consiste en que, al término del partido, el ganador firma tres pelotas y con su raqueta las lanza a los distintos costados del recinto para que algún afortunado espectador se haga del recuerdo. Y esto lo hace cuando el anunciador del juego le avisa al público: ¡ahí va la bola!

Juan Eduardo Troncoso, abogado y socio de Fontaine & Cia.