En regiones hoy tenemos estadios magníficos, de los que debemos sentirnos orgullosos. Basta haber mirado hace unos días el Ester Roa Rebolledo, donde jugaron las universidades de Concepción y Católica. Si no me dicen que era un encuentro entre equipos chilenos, podía haber pensado que estaba sintonizando la liga europea.
Publicado el 01.06.2018
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Finalizada la primera rueda (15° fechas) del torneo nacional 2018 podemos aseverar que el fútbol chileno empieza a descentralizarse. Los fríos números lo avalan. Los posicionados en los 6 primeros lugares los ocupan 3 equipos regionales y 3 de la capital. Universidad de Concepción, la Calera y Antofagasta, suman 90 puntos, con una diferencia de goles a favor de +27. La Católica, La U. de Chile y Colo Colo, suman 86 puntos, con una diferencia de goles a favor de +18.

Buscando estadísticas de los últimos 10 años, no se había dado que los primeros lugares los ocuparan los cuadros de regiones. Se emparejó la cancha y eso está muy bien.

Lógicamente, estamos analizando la primera rueda del torneo. Bien sabemos que en el fútbol, mientras haya posibilidades matemáticas, todo puede pasar. A lo mejor, en diciembre, cuando finalice el torneo, este comentario habrá sido más una expresión de deseo que una realidad. Espero que no sea así.

Las razones de esta avasalladora arremetida de los equipos de regiones en el torneo pueden ser muchas. Una, sin duda, es la poca visión de los equipos “llamados grandes” en conformar sus planteles, lo que es responsabilidad ineludible de sus dirigentes. En muchos casos, sus directivos están distanciados entre ellos y eso se refleja hacia abajo. Es increíble que algunos técnicos no se hablen con los directores deportivos, que también son técnicos; que jugadores emblemáticos de estos clubes hagan declaraciones por la prensa sobre lo que debe hacer o no el club. En fin, se han perdido las jerarquías y esto se ve reflejado en los resultados.

Por otro lado, los cuadros de las provincias, al tener menos presupuesto, tienen que ser austeros a la hora de conformar sus equipos y no tienen espacio para equivocaciones. Sus dirigentes se hacen asesorar muy bien y, además de tener muy buen ojo a la hora de las contrataciones, han formado planteles equilibrados y comprometidos que defienden la camiseta que representan. Y se creen el cuento.

Hay un motivo, aparte del deportivo, para creérselo. Tras el Mundial Femenino Sub 20, hay que reconocer el mérito del periodista Eduardo Rojas, impulsor de la iniciativa que acogió la Presidenta Bachelet en su primer gobierno: que hubiese estadios con estándar FIFA en Coquimbo, Chillán, Temuco y La Florida, en Santiago.

Los gobiernos de Piñera y Bachelet II continuaron en esta senda, y en regiones hoy tenemos estadios magníficos, de los que debemos sentirnos orgullosos. Basta haber mirado hace unos días el estadio Ester Roa Rebolledo donde jugaron las universidades de Concepción y Católica. Si mi hijo no me dice que era el partido entre estos equipos chilenos, podía haber pensado que estábamos sintonizando un encuentro de la liga europea.

Y me llevé una sorpresa al ver el estadio en que se jugó el partido amistoso entre Chile y Rumania, el jueves. No hago juicio de valor sobre si está bien o mal. De hecho, el estadio (si se puede llamar estadio) cumplía los estándares FIFA para este tipo de encuentros. Pero a Chile, que está ubicado 9° en el ránking FIFA, y es doble campeón de América, ¿se le habría permitido organizar un partido amistoso, entre dos selecciones que no participan en el próximo mundial, en un recinto como el de Austria?

No tengo ninguna duda… ¡Por supuesto que no! Ahora bien, esto que vi el jueves, es para que valoremos y cuidemos los estadios que tenemos ahora en Chile.