Real Madrid sí fue un "Real Campeón", pero no un "Campeón Real". Llegó a esta instancia sin merecerlo y con la "complicidad" de muchos. La "historia" y la "suerte" de los merengues, y la "fatalidad" de los rojos del Liverpool, estuvieron presentes en el Complejo Olímpico Nacional de Deportes de Kiev.
Publicado el 29.05.2018
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Sentado frente al televisor, a 10 minutos del comienzo del encuentro, pongo un ojo y medio en Kiev, y el otro medio en Talcahuano, para “otear” a Huachipato v/s U. de Chile.  Me dispuse a ver esta importante y publicitada final en la capital de Ucrania, Kiev, entre ingleses y españoles, con sentimientos muy encontrados. Jamás pensé (disculpas por la autorreferencia, pero es necesaria), que alguna vez iba “hinchar” por un club o selección, que no fuera español, siempre y cuando no se enfrentara a Chile.

Sí, quería que ganara el Liverpool. Se lo merecían y tenían “hambre” de triunfo, algo que quedó reflejado en el desarrollo de los primeros 30’. Lo que me pasó, le sucedió a muchos aquí en Chile, parientes y amigos (españoles o descendientes) que deseaban que ganaran los ingleses. Además, en el plantel merengue, no hay ningún jugador chileno, pero sí había una “chilena” extraordinaria, la de Gareth Bale, en el segundo gol del Madrid.

La razón de este “anti merenguismo” -momentáneo, por cierto- es muy simple. Todos vimos o leímos, de la forma que llegó el Real a esta final. Arbitralmente, los “merengues” fueron favorecidos descarada y groseramente siempre -no juzgo ninguna intención- en los cobros y faltas polémicas. Los árbitros, nunca tuvieron el mismo criterio para aplicar el reglamento.

La final fue “limpia”, el referee serbio, Milorad Mazic, estuvo correcto y dejó fluir el juego. Solo hubo dos jugadas polémicas que fueron dudosas. El foul no sancionado de Ramos, que saca de la cancha a Salah y que era por lo menos para amarilla. Esta acción cambió el destino del partido. Y el penal de Casemiro (mano-codo), cuando Liverpool perdía 1-2, fue “casualmente” no sancionadas en contra del Madrid, ante la duda, no hay duda.

El encuentro fue de tres tiempos. Del 1’ al 30’, cuando sale lesionado el jugador egipcio del Liverpool, Mohamed Salah, ahí cambió todo. Fue sustituido por el inglés Adam Lallana, un suplente de suplentes.

Entre 30’ al 51’, gol de Benzema, tras un error de locura del portero inglés, pero alemán, Loris Karius. Aún faltaba más. 4’ más tarde, Mané pone la igualdad 1-1.

Y del 55’ al 90+4’ pasó todo lo increíble: a los 64’ Gareth Bale, con una “chilena” espectacular, coloca el 2-1 para la “casa real”. A los 83’, el mismo Bale, con un remate desde fuera del área, vence la débil resistencia del portero Karius, que se le cuela entre las manos, 3-1 definitivo.

No había nada más que hacer para los del Liverpool, pero sí había para ver, para los espectadores. A los 92’ un hincha entró al terreno de juego, justo cuando Cristiano Ronaldo tenía posibilidades de convertir. Habría sido un despropósito que el portugués anotara en esta final de la Champions. No apareció nunca, más bien se escondió, fue uno de los “espectadores” mejor ubicado para presenciar el partido.

Al pitazo final, veo a los jugadores del Real Madrid celebrar sin una algarabía rebosante ni desbordante. Con un júbilo controlado, se notaba en sus rostros el peso en sus conciencias, del “como habían llegado” a esta final de la Champions. Les costaba estar alegres de verdad.  Por otro lado, Cristian Ronaldo, con su arrogancia y narcisismo que nos tiene acostumbrados, mostraba una sonrisa forzada, pero en su interior, no podía consolarse por la “chilena” de Bale, que fue mejor y más importante que la de él. El portugués, ya en el camarín, declaró que su ciclo en el Madrid se terminó, que oportuno para decirlo… después se retractó, pero “lo dicho, dicho estaba”.

Me quedo con la escena desgarradora del llanto sin control del Portero Karius, pidiendo perdón a su hinchada por sus errores que indudablemente fueron involuntarios. Cruel actitud de sus compañeros que lo dejaron solo. En esos momentos no lo contuvieron, que era cuando más lo necesitaba.

Finalmente me acuerdo, de mi medio ojo en Talcahuano, que nunca utilicé. Solo pude ver la repetición del gol de Seymour. Ya no quedaba tiempo, estaba a minutos que en Rancagua saliera el cuadro de O’Higgins a enfrentar a Iquique.

Nobleza obliga, el Real Madrid es, por lejos, el mejor equipo en la historia de Champions League y también entre los tres mejores del mundo. Pero esta, la N° 13, la ganaron a “empujones”.