Alejarse del primer plano comunicacional y confiar ciegamente en el trabajo de Pablo Silva, Ronald Fuentes y Sabino Aguad, fue la estrategia que usó el presidente de Azul Azul para transformar, en tan sólo seis meses, el oscuro panorama que vivía la institución.
Publicado el 23.05.2017
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Quizás sea una gran casualidad la fotografía que ilustra esta nota. En ella aparece el presidente de Azul Azul, Carlos Heller, festejando el título número 18 de Universidad de Chile junto a Gonzalo Espinoza. Hasta ahí nada de extraño, pero resulta interesante recordar que hace poco más de un año el volante era calificado por el dirigente de la “U” como una “manzana podrida”. El 6 de abril de 2016, Heller señaló en una conferencia de prensa que “se tomó la decisión de sacar las manzanas podridas”, tras anunciar la decisión de apartar del plantel azul a seis jugadores que habían participado de un controvertido asado para festejar precisamente el cumpleaños de Espinoza.

Este fue sólo uno de los problemas extra futbolísticos de la era “Beccacece”, que le explotaban directamente a la cara al máximo accionista de Azul Azul, quien a su vez, no tenía ningún problema de enfrentarlos.

Un mes más tarde, el 11 de mayo de 2016, y frente al bajo desempeño del equipo en el torneo de Clausura de ese año, Carlos Heller manifestó ante las cámaras de televisión que  “nosotros (los dirigentes) somos los dueños del circo y los jugadores son los payasos que deben dar un buen espectáculo”, lo que generó muchas críticas en el medio futbolístico.

Se sabe que el presidente del Grupo Bethia es fanático de Universidad de Chile, pero ese fanatismo muchas veces le ha jugado en contra en su calidad de dirigente del club. Fue por ese motivo que en diciembre pasado tomó la decisión de alejarse de los micrófonos y delegar el rol de vocero de la “U”, en sus hombres más confiables: primero en el director ejecutivo Pablo Silva y luego en el gerente deportivo, Ronald Fuentes.

Desde diciembre de 2016 -cuando en medio de la presentación de Ángel Guillermo Hoyos se vio envuelto en una polémica con Pepe Rojas– hasta abril pasado, Carlos Heller no había tenido ninguna intervención de prensa. Y su regreso al primer plano en los medios, sólo le reportó ganancias. Al mismo tiempo en que los directores de Blanco y Negro extremaban sus divisiones en su junta de accionistas, el dueño de Mega era ratificado con toda comodidad como presidente de Azul Azul hasta el año 2020. Y luego de la junta de accionistas de abril pasado, nuevamente se alejó de los medios.

Quienes conocen de cerca el trabajo de Carlos Heller señalan que si bien el presidente de Azul Azul tomó distancia desde el punto de vista comunicacional, nunca se alejó un centímetro de la institución. Y la fórmula que ideó para estar al tanto de todo lo que sucedía en el CDA, fue llevar a la “U” a uno de sus más importantes ejecutivos en el Grupo Behtia, Pablo Silva, quien hasta junio de 2016 se desempeñaba como gerente general de MegaSport, la empresa ligada a Bethia, que es dueña de los derechos de imagen de la selección chilena de fútbol.

Con la incorporación de Pablo Silva (en la foto) se produce el primer cambio organizacional en la estructura de mando de Azul Azul. El ingeniero comercial de la Universidad Los Andes se incorpora como director ejecutivo, un cargo que no existía y donde asume toda la labor administrativa de la institución. Carlos Heller descansa en el trabajo que realiza Pablo Silva, un ejecutivo que es de su extrema confianza y a quien había reclutado en el año 2012 como gerente de desarrollo de Mega. “Silva se transforma en la persona que administra el club las 24 horas del día y los siete días a la semana”, señalan desde el interior de Azul Azul.

Con el cambio administrativo, faltaba ahora generar una nueva estructura en la organización deportiva.  Así fue como el 23 de enero pasado llega Ronald Fuentes como como gerente deportivo del club, en reemplazo de Andrés Lagos. A diferencia de su antecesor, Fuentes fue jugador, es entrenador, pero por sobre todo es uno del máximos referentes del club, ya que fue campeón con la “U” en los torneos de 1994 y 1995 y también integró el plantel bicampeón de 2000 y 2001. En Azul Azul concuerdan que el ex DT de la Universidad de Concepción llegó a robustecer la estructura administrativa en su nexo con el plantel y con el cuerpo técnico.

El mundialista de Francia 98 ya había trabajado como gerente deportivo en Iberia, club de Primera B también ligado a Carlos Heller, por tanto también es considerado como un hombre muy cercano al presidente. Él mismo señaló cuál era su misión cuando llegó a la “U” en enero pasado: “Una de mis funciones será mediar entre el plantel y los dirigentes, con la idea de que Carlos Heller no se vea tan expuesto, que no esté tanto en la palestra”.

La llegada de Ronald Fuentes también descomprimió la relación de la institución con la opinión pública, fundamentalmente con los hinchas. El ex defensa central señaló a su llegada a la “U” que el equipo no estaba preparado aún para obtener un título, una aseveración que la hinchada no se la hubiese perdonado a Carlos Heller o a Pablo Silva.

Ronald Fuentes tuvo una muy buena relación con el cuerpo técnico liderado por Ángel Guillermo Hoyos, y también con el plantel, por lo cual su incorporación es también considerada como un acierto. En Azul Azul y fundamentalmente Carlos Heller, se dieron cuenta que necesitaban un verdadero experto en materia futbolística para la gerencia deportiva, como es Ronald Fuentes.

Finalmente, otra de las incorporaciones en esta nueva era de Azul Azul, fue la del ingeniero civil Sabino Aguad, quien regresó al club ahora como asesor externo del directorio para integrar la comisión de fútbol. Aguad, quien se desempeñó anteriormente como gerente deportivo de la “U”, es muy cercano a Ronald Fuentes y también ha tenido buena sintonía con Ángel Guillermo Hoyos. Se le reconoce como un gran conocedor del fútbol, que ha tenido muchos aciertos en la contratación y renovación de jugadores en la época dorada de Jorge Sampaoli y en el último título que había conseguido la “U” en el año 2014.