No cabe duda que Neymar será la figura indiscutida del campeonato francés y su club, el Paris Saint Germain, recuperará lo invertido en menor tiempo de lo esperado. Al ver la presentación del astro brasileño en el PSG, resulta imposible no acordarse del desembarco del "10" al Puerto de Nápoles en 1984.
Publicado el 04.08.2017
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El Paris Saint-Germain (PSG) presentó este viernes a los medios de comunicación a su nuevo fichaje, el brasileño Neymar, mientras que hoy le dará la bienvenida ante su nueva afición en el estadio Parque de los Príncipes, en la previa del primer partido de Ligue 1, ante el Amiens.

Tres horas y media antes de la presentación del jugador por parte del presidente del PSG, Nasser al Khelaifi, las tiendas oficiales del club y también por internet se comenzaron a vender las camisetas de la estrella brasileña, que portará el número 10 en su espalda, que antes pertenecía a Javier Pastore. El argentino cedió su número, gesto no muy común en deportivistas de elite.

La presentación de Neymar en Paris me recordó lo que sucedió con Diego Armando Maradona cuando llegó al Nápoles de Italia en 1984. El capitán de la Argentina subía los escalones que separaban el túnel de la gramilla y lo hacía a paso lento, como haciéndose esperar. Una multitud de fotógrafos lo rodeaban y lo seguían como si fueran sus escoltas, mientras 75 mil napolitanos lo aguardaban en las tribunas del estadio San Paolo, impacientes.

Cuando Diego tocó la cancha, con su cara aún muy joven, su melena revuelta y su mirada ambiciosa, levantó sus brazos para saludar y escuchó un coro de bienvenida: “Dieeeegooo, Dieeeeegooo”. El presidente del Nápoles, Corrado Ferlaino, obligó a la hinchada a comprar una entrada. Y la locura llegó hasta tal punto que los tickets triplicaron su precio en la reventa. Aunque se preparó una entrada cinematográfica en helicóptero, al final el argentino, saltó a pie a un campo adornado con una enorme pancarta: “Maradona, il dio” (Maradona, el Dios).

El impacto informativo fue planetario. Hubo más de 300 periodistas acreditados, aunque el acto sólo se pudo ver en directo a través de la RAI. Ese día la afición ya estaba rendida a los pies de Maradona, que ni siquiera jugó. Fue solo su presentación, la anticipación de la alegría que desataría su paso por Nápoles.

La historia de Diego Maradona con el equipo italiano parece de romance, con sus alegrías y sus tristezas, con polémicas y escándalos. Fue un amor a primera vista pero no sabía a dónde había llegado. “Para mí, Nápoles era algo italiano, como la pizza, y nada más”, recordó alguna vez.

Nápoles es la ciudad más poblada del sur de Italia. Ciudad de pizzas y cerveza. Excluida y vista con desdén desde el norte del país. Una ciudad futbolera. Maradona, que apenas tenía 23 años, se encontró con una afición apasionada y deseosa de un ídolo, al igual que Neymar en el Paris Saint Germain. También se encontró con gente humilde y trabajadora, un escenario parecido al de su infancia, en Argentina. Tal vez por eso se sintió atraído. Con Maradona, el Napoli gano la copa UEFA y dos campeonatos italianos, únicos títulos en la historia del club. En definitiva, el Argentino fue la figura excluyente en el fútbol italiano transformándose en el mejor futbolista del mundo y, por qué no decirlo, en el mejor de todos los tiempos.

En el fútbol, se dice que siempre las comparaciones son odiosas. Neymar es un tipazo, simpático, liviano y sencillo, con la dosis justa de “divismo”, está entre los mejores cuatro jugadores del mundo. Sin duda París seguirá siendo la misma ciudad después de su paso por el PSG, no será una ciudad distinta como sucedió con Nápoles después de Maradona. Los franceses no tienen la misma pasión por el fútbol como la tienen los italianos, pero al menos Neymar tiene la oportunidad de hacer brillar con su alegría, gambetas y fintas, a una ciudad luz que lo recibe con una razonable dosis de cariño, respeto y admiración. Como son los franceses.

* Gonzalo Mingo, ex dirigente de Unión Española y de la ANFP.