Los fríos números del encuentro hablan por sí solos. Se cometieron 30 faltas, más bien "interrupciones del juego", por eso se mostraron 4 tarjetas amarillas. Pocas, en relación con la cantidad de fouls. Hubo 10 tiros a portería, sin incluir los remates desviados. Solo 5 posiciones de adelanto, y se concedieron 11 tiros de esquina. En definitiva "mucho ruido y pocas nueces".
Publicado el 17.05.2018
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Cuando uno va al cine, a ver una película de un libro que previamente leyó, y que además le gustó mucho, generalmente abandona la sala decepcionado, pues la cinta no cumple las expectativas del mismo, y a pesar de que uno sabe de antemano que esto va a suceder, igual la va a ver. Bueno eso me ocurrió el domingo, con lo sucedido en San Carlos de Apoquindo.

Si bien la analogía no es exactamente igual (todos los partidos son distintos), sirve para puntualizar la predicción que se puede hacer antes de un “Clásico de Clásicos”. Tuve la precaución de revisar previamente los 12 capítulos de esta novela, (fechas anteriores) escrita por los técnicos, Beñat San José, Guillermo Hoyos y Esteban Valencia.

A quien me quiso escuchar le pronostiqué que este encuentro sería un empate clavado. Conociendo la “ideología futbolística” del técnico cruzado, Beñat San José, el saber que Colo Colo igualó sin goles en Iquique y  que eso le permitía alejarse 8 puntos del cacique, empatar y no arriesgar ante los azules era un muy buen “negocio”. Imaginemos este escenario totalmente posible, antes de iniciar la 13°: Ganan Colo Colo y la U, la tabla habría quedado UC= 31, U. de Chile= 27 y Colo Colo= 26. Con los resultados que se dieron quedaron, UC= 32, U. de Chile= 25  y Colo Colo= 24. Cuando un equipo llamado grande va en punta, lo único que quiere es tener lo más lejos posible a los otros “grandes”.

En el banco contrario, para el novel técnico, Esteban Valencia, este era su segundo partido a cargo del plantel laico. No es fácil para un entrenador dirigir un equipo especialmente difícil, cuando por delante de su nariz pasa un desfile de “colegas” para reemplazarlo. Por lo tanto, para el “Huevo”, lo único importante era no perder, por eso también firmaba de antemano la igualdad.

En el segundo tiempo, con el ingreso de Pinilla y Soteldo, U. de Chile salió con todo en busca del arco cruzado, con más fuerza que fútbol. Y poco a poco se fue enredando en sus propios errores, no logrando inquietar al portero Dituro”.

Los 12.282 hinchas, que repletaron San Carlos, se disponían a presenciar el espectáculo, y si no hubiera sido por el colorido y por los austeros fuegos artificiales más el rugir de las tribunas, el primer tiempo, de espectáculo, habría tenido muy poco. Esos primeros 45’ fueron menos que regular, situación que yo al menos esperaba. Lo que no estaba en el “manual” de Beñat, era que sus pupilos hicieran un gol, un golazo del talentoso Buonanote, digno de otro partido. Y para mal de males de los cruzados, cuando expiraba el primer tiempo. El vasco sabía lo que se le venía encima, un “león” herido es muy peligroso y más si es azul…

Y así fue. En el segundo tiempo, con el ingreso de Pinilla y Soteldo, U. de Chile salió con todo en busca del arco cruzado, con más fuerza que fútbol. Y poco a poco se fue enredando en la “telaraña” local y en sus propios errores, no logrando inquietar al portero Dituro.

De esta forma, el cerrojo cruzado funcionó a la perfección. Tácticamente recurrieron a infracciones reiteradas, no graves, pero “desgastantes”, para friccionar, al límite de lo permitido, el trámite del juego. En los primeros 20’ del segundo tiempo, los cruzados cometieron 9 faltas, una cada 2,20’. Bastó un descuido del bloque posterior, para que a los 65’, Mauricio Pinilla, realizando una “cabriola” (def: Salto acompañado de una contorsión u otro movimiento del cuerpo), convirtiendo un gol espectacular, más bien “circense”.

Estoy seguro de que si ambos técnicos hubieran podido, no juegan los últimos 25’. El 1 a 1 estaba perfecto y no había que dar muchas explicaciones sobre el desarrollo del encuentro. Con solo quejarse y reclamar airadamente del arbitraje de Roberto Tobar bastaba (también es parte de la actuación).

Si bien es cierto que fue un mal arbitraje, no incidió en el resultado. Esto, porque también hubo empate en los errores de Tobar. Dos manos dentro del área no cobradas para cada equipo, un foul en el área de Kuscevic y en el gol de Pinilla, Beausejour estaba en clara posición de adelanto.

En resumen, los fríos números del encuentro hablan por sí solos. Se cometieron 30 faltas, más bien “interrupciones del juego”, por eso se mostraron solo 4 tarjetas amarillas, pocas en relación con la cantidad de fouls. Hubo 10 tiros a portería (no incluye los remates desviados). Solo 5 posiciones de adelanto, y se concedieron 11 tiros de esquina. En definitiva “mucho ruido y pocas nueces”.

Salgo del cine, perdón del estadio, con un sabor amargo. A pesar de haber leído el libro y saber el final de la película o del partido, siempre hay alguna “escena”, que sorprende, y la hubo. Una impactante, por lo cruel, que me llenó de amargura y tristeza. De la nada y sin ninguna razón, en una de las graderías aparece un tipo con un traje de Superman y una careta de Raimundo Tupper en su rostro. Mi pregunta es qué  justifica que una persona con la complicidad de unos pocos, actúe de esta manera, mofándose del dolor y drama de una familia. La verdad, a esas alturas, el partido no tenía ninguna importancia. Esta escena me impactó. Mumo, desde el cielo, por favor perdónalos… no saben lo que hacen.