El comentarista entró al área chica en el "fuego cruzado" provocado por los jugadores de U. de Chile y Colo Colo, horas antes que el tribunal del fútbol los exculpara tras la denuncia del directorio de la ANFP.
Publicado el 20.01.2015
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Es evidente que en situaciones como ésta -las declaraciones cruzadas entre Johnny Herrera y Emiliano Vecchio- la convivencia en el fútbol se ve afectada. No hay duda que en opiniones donde hay intercambio de ofensas, se genera un ambiente cargado de tensión, ya que los mismos jugadores tienen que convivir semana a semana en una cancha de fútbol.

Incluso esto puede ocurrir al interior de una selección nacional. Si tú como jugador has sido protagonista de dichos que afectan a quienes puedan ser tus compañeros, al momento que integras el grupo, el daño ya está hecho y la tensión se instala como un elemento, aunque se disimule.

Pero de ahí a hablar de incitación a la violencia dentro del fútbol, hay un camino largo por recorrer. Los violentistas, estos grupos que distorsionan la realidad de los espectáculos futbolísticos, buscan cualquier excusa para generar violencia. Uno asiste regularmente a muchos eventos deportivos –como los últimos Juegos Suramericanos o los combates de boxeo de la “Crespita” Rodríguez -donde ni por asomo se encuentra con actos de violencia. Y en el fútbol llegamos a extremos en que, por ejemplo, cuando la Universidad de Chile anuncia la construcción de su estadio, vemos manifestaciones y amenazas de futuras acciones violentas, en la puerta del municipio de La Pintana.

Volviendo al caso puntual de las declaraciones por twitter entre Johnny Herrera y Emiliano Vecchio, hemos copiado del fútbol argentino esto de “calentar el espectáculo”. Herrera es deslenguado, es irónico, es agresivo, pero sus palabras no deben ser sancionadas por un tribunal del fútbol, tal como las respuestas de Vecchio. Aquí hay algo que pone en juego lo que para mí es muy peligroso: que las corporaciones privadas – en este caso la ANFP- pretendan coartar la libertad de expresión.

Es la legislación chilena la que establece claramente el punto en que la libertad de expresión se transforma en injuria o en calumnia. La ley dice cuándo se constituye un delito, por el cual una persona puede ser querellada por el agredido en un tribunal de justicia. Si está establecido en la justicia ordinaria, basta y sobra. No se puede pretender conculcar la libertad de expresión a través de un artículo de un tribunal privado, como es el artículo 68 del código de procedimientos y penalidades del tribunal de disciplina de la ANFP.

Más encima el tema que se puso en juego en esta discusión entre Herrera y Vecchio, trasciende la cuestión futbolística. Por un lado, el arquero de la Universidad de Chile atacó el comportamiento religioso y no la religiosidad, de un grupo de jugadores de Colo Colo, que consideró que no era adecuado. Y por otro lado, Vecchio le responde con una violencia inaudita, lo mismo que el preparador físico Juan Ramírez. Pero lo que corresponde es que cualquiera de los tres implicados presente una querella en los tribunales ordinarios de justicia.

La ANFP declara que este fuego cruzado entre ambos jugadores “puede eventualmente generar actos de violencia en los futuros encuentros en que participen los involucrados”, lo que a mí no me parece. No se desprende directamente de las declaraciones de uno u otro, una incitación a que se cometan actos violentistas. Lo que sí ocurre es que existe un ambiente enrarecido, a propósito de una Ley de Violencia en los Estadios que no se cumple, con un plan Estadio Seguro que nunca ha funcionado medianamente bien. Pero de ahí a decir que estas declaraciones incitan a la violencia, me resulta exagerado.

De acuerdo al ambiente que existe, que es insano producto de las malas relaciones entre las barras de Colo Colo y de la “U” que terminan siempre en disturbios, declaraciones de esta naturaleza podrían derivar en actos de violencia, pero no hay que considerarlas como un hecho de la causa.

Por estos días el mundo entero se ha estremecido por el ataque a la revista francesa “Charlie Hebdo”, con un saldo de doce personas fallecidas. Más de alguno ha pensado que la ironía y el sarcasmo del semanario francés naturalmente pudo haber provocado una respuesta violenta de quienes se han sentido afectados por sus artículos. Pero intentar coartar la libertad de expresión porque puede causar reacciones violentas, me parece delicado. Es al revés la situación. Preocupémonos que los violentistas no puedan aniquilar un bien tan preciado como es la libertad para opinar. Hay que establecer cuál es el bien fundamental que hay que cuidar y defender, que no es otro que la libertad de expresión.

Lo que corresponde tras el caso Herrera-Vecchio es mejorar el nivel de las declaraciones, el nivel de discusión en el medio futbolístico. Los tribunales deberían actuar por esa vía, y no por el camino de la sanción. En definitiva, la libertad de expresión es un derecho que está en juego en la causa que conocerá hoy el tribunal de disciplina del fútbol chileno, un derecho inalienable que debe ser tratado con cuidado y con respeto.

 

Pedro Carcuro, comentarista deportivo de TVN y Radio Agricultura.

 

FOTO: TVN