El ex ministro de la Segpres se refiere al rumbo que debe tomar el Ejecutivo para salir de la crisis, al rol de los partidos y al supuesto “secretismo” de la Presidenta Bachelet.
Publicado el 12.06.2015
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El domingo pasado, cuando el ex ministro Jorge Insunza leía desde La Moneda un comunicado para renunciar a la Segpres, José Antonio Viera-Gallo, quien ocupó esa misma cartera en el primer gobierno de Michelle Bachelet, se encontraba de viaje en Nueva York junto a su familia. Dice que le sorprendió la dimisión y que desde ese día hasta su regreso a Santiago el martes, siguió todos los detalles de la última crisis del Ejecutivo a través de los medios.

En entrevista con “El Líbero”, el actual presidente de Chile Transparente se refiere a los últimos acontecimientos que ha debido enfrentar el gobierno y al clima de desconfianza que se ha instalado. Señala que “lo que hay que hacer es llamar a una convergencia lo más amplia posible para sacar adelante el país”, pero descarta de plano la idea de un gobierno de unidad nacional liderado por Ricardo Lagos, tesis que ha circulado en distintos círculos de la élite ante una poco probable dimisión de la Mandataria.

Respecto de la queja que han manifestado los partidos al “secretismo” con que se toman las decisiones en La Moneda, el ex parlamentario del PS sostiene que “más que demandar cosas del Gobierno, los partidos tienen que reformarse ellos mismos”.

– En octubre usted decidió apoyar a Escalona porque tenía la convicción de que él tenía una visión más realista de las reformas del Gobierno. En ese mismo mes, Óscar Guillermo Garretón también escribió una carta muy crítica sobre el rumbo que estaba tomando el Ejecutivo y el proyecto reformista de Bachelet. Sin embargo, en ese momento aún no se daban a conocer los últimos episodios que ha tenido que enfrentar La Moneda. ¿Cómo ve hoy el panorama?

– En primer lugar ha habido un cambio muy importante de gabinete que corresponde al cambio de situación del país y ese es el hecho significativo más importante. Ese cambio de gabinete supone, a mi juicio, entender que además del programa de reformas comprometido, hay dos ejes fundamentales en esta primera etapa, uno el crecimiento económico por una parte y la renovación de instituciones democráticas por otra, o sea la agenda de probidad que surgió de la comisión Engel. Ese esquema tuvo un traspié importante con el caso del ministro Insunza, pero están dadas todas las condiciones luego que él mismo adelantó su renuncia para que se nombre a una persona adecuada y el equipo pueda desplegar en plenitud una agenda que corresponda a este nuevo ciclo o a esta nueva etapa que se ha iniciado.

– ¿El nuevo gabinete ha logrado retomar el control de la agenda?

– El desafío del Gobierno es grande, y no sólo del Gobierno, si no que el desafío del país es grande. Pero yo creo que están dadas las condiciones para que el nuevo gabinete despliegue su agenda, no es fácil, porque las investigaciones judiciales más las investigaciones de la prensa van generando  un clima de gran incertidumbre, lo que algunos llaman el goteo. Eso nos va a acompañar hasta mediados del año próximo por lo menos, entonces hay que saber que la agenda gubernamental tiene que ir en paralelo a las investigaciones judiciales y obviamente esas noticias en algunos aspectos, son más atractivas que la agenda de transformación que lleva el Gobierno. Sin embargo, si el nuevo equipo cuando esté consolidado despliega bien sus tareas, eso también va a ir llamando la atención de la opinión pública, van a ser como dos caras de la misma medalla, una cara positiva que es el país que avanza, que recupera su confianza económica, y una cara negativa, que es como el lado b, el lado oscuro, que tuvo la política, que va a ir quedando paulatinamente en el pasado.

Pero el Ejecutivo está con baja popularidad y a la vez enfrenta una gran crisis de confianza. ¿Será capaz este Gobierno, bajo estas condiciones, de llevar adelante el proyecto reformista?

– Va a depender mucho de cómo combine en forma virtuosa algunas de las reformas que están en el programa con las exigencias actuales de la coyuntura en un escenario que no es favorable. Entonces tenemos que ser realistas. Como país tenemos que saber que vamos contra el viento, contra la corriente… la corriente va a la baja en la economía, al descrédito de la política, al incremento de la corrupción, y eso requiere unidad de las fuerzas políticas y requiere una conducción clara y firme que se puede lograr. Si no se puede lograr quiere decir que estaríamos como inermes ante la adversidad.

– Patricio Navia en una columna en El Líbero dio como solución a la crisis que se llegue a un gobierno de unidad nacional encabezado por Ricardo Lagos. ¿Cree que esa es una buena opción para salir de la crisis?

– Es sólo una fantasía. En el sistema política chileno la conducción recae en la Presidenta de la República, ella tiene todas las condiciones para hacerlo, ha dado pasos muy valientes con mucho coraje para conformar un equipo nuevo, que tuvo un traspiés pero creo que se puede arreglar. Y obviamente hay que darle la oportunidad para que se despliegue, si eso no ocurre porque hay mucho desorden dentro del conglomerado de Gobierno, eso puede sabotear el diseño, pero creo que el diseño está bien hecho, están las personas adecuadas, falta completarlo y darle una oportunidad, después veremos.

Es importante que de todo esto surja una energía positiva para arreglar el país. No sacamos nada con darnos vueltas en reproches mutuos, que la justicia haga su tarea, pero la política no es sobre el pasado, es sobre el futuro. Por tanto, lo que hay que hacer es llamar a una convergencia lo más amplia posible para sacar adelante el país.

– ¿Cuál es el perfil entonces que debiera tener el nuevo ministro de la Segpres para completar el comité político?

– Yo creo que básicamente debe tener como misión llevar adelante la agenda de probidad de la comisión Engel, esa es su tarea principal, fuera de las tareas obvias de la Segpres. Pero la tarea fundamental es pescar el informe Engel y hacer de eso una carta de navegación.

– El ex ministro Brunner escribió una columna en “El Líbero” sobre algunas salidas para la crisis, como no hacer nada, apurar las reformas, la dimisión de la Presidenta, entre otras. ¿Está de acuerdo con alguna?

– No. Son escenarios de un analista y él es una persona muy inteligente y se pone a pensar y a divagar sobre distintas alternativas, pero no son políticamente realistas. Yo creo que la única alternativa realista en Chile es lo que se está haciendo, o sea retomar con fuerza la iniciativa gubernamental para sanar la vida pública, mejorar el funcionamiento de los mercados, recuperar parte de la confianza ciudadana y entregar un sistema que funcione mejor que antes. No veo otra salida, todas las otras son fantasías, en vez de solucionar la crisis, la agravarían.

– En estos últimos días y, en el marco del cambio de gabinete, se ha hablado mucho acerca del “secretismo” de la Presidenta para tomar sus decisiones. ¿Cuál es su impresión? ¿Los partidos debiesen tener mayor injerencia?

– Mientras más diálogo haya, mejor. Pero reconozcamos que no es tan fácil cuando existen en el conglomerado de Gobierno muchas tensiones, entonces no es tan simple, es muy fácil decir y muy difícil practicarlo en forma eficaz. Pero, sin duda, hay que mejorar todos los canales de comunicación que se puedan. Ojalá que todos se sientan partícipes de un proceso para remontar la crisis, esto no es cosa de un mundo político, es una situación de todos. Pero para que eso funcione, es necesario que cada grupo no mire al país desde el prisma de su interés particular inmediato, si no que a través del interés general. Y eso yo no lo veo hoy día, en general están todos demandando algo. Más que demandar, hay que entregar… es un cambio sicológico. Y al Gobierno en vez de exigirle tantas cosas, hay que ayudarlo, aunque uno sea de oposición. La oposición tiene también una función de bien común en una democracia y esa función es ayudar, aunque por cierto criticar cuando las cosas no les parecen, pero también favorecer para que el país funcione bien.

– ¿Y la Presidenta entra en esta lógica?

– Ella ha dado muestras de tener bastante apertura cuando hace sus giras e involucra a personas muy distintas, por ejemplo, eso no es frecuente, es un buen gesto. Ahora, evidentemente que esas cosas se pueden mejorar, es importante abrir La Moneda, abrir los canales de comunicación y que sean más fluidos.

– ¿Abrir La Moneda hacia los partidos?

– Sí, pero los partidos políticos más que demandar cosas del Gobierno, tienen que reformarse ellos mismos, hoy están muy cuestionados. Entonces, pensar que un Gobierno va a solucionar su comunicación con la sociedad porque se relacione más con los partidos, es una ilusión. Es importante relacionarse mejor con los partidos, pero esos partidos hoy no tienen canales de comunicaciones con la sociedad. Sería bueno que los partidos se enfocaran en sus propias reformas. Nosotros como Chile Transparente hemos planteado un índice de transparencia de los partidos y, obviamente, está bajo. Es importante que los partidos transparenten su vida interna, su financiamiento, cuánto gastan en su funcionamiento. Ellos mismos tienen que relegitimarse.

– Pero, usted que trabajó con la Presidenta, ¿cree que este “secretismo” ha agravado la crisis?

– No lo creo. Cuando trabajé con ella, siempre había canales de comunicación y además estaban muy claras las responsabilidades. La última palabra la tenía ella y dejaba bastante autonomía a los ministros. Yo no vi ese tema. Ahora yo desconozco cómo funciona.

– Pero, por ejemplo, en el último cambio de gabinete los partidos se han quejado de que no fueron consultados.

– Eso es un detalle. El presidente Aylwin estableció la idea de un gobierno suprapartidario para no caer en la trampa de estar completamente subordinado a la lógica de los partidos. Eso le pasó a los presidentes Ibáñez, Alessandri, Frei y Allende. Entonces, aprendamos una lección y no busquemos un presidente cautivo de los partidos.  No caigamos en la idea de que aquí tiene que haber un comité de partidos que tendría que decidir las políticas del Gobierno, eso sería muy negativo.

– Respecto de la polémica por la precampaña presidencial, La Moneda desplegó una tesis comunicacional negando su existencia y señalando que la campaña partió en marzo de 2013 cuando Bachelet llegó a Chile. Pero después salió lo de los viajes de Peñailillo a Nueva York financiados por Martelli. ¿Cómo evalúa la acción del Gobierno?

– Lo que dijo la Presidenta (respecto del financiamiento del pasaje de Peñailillo) yo lo habría dicho desde el primer día. Porque es la pura y santa verdad. Yo por lo menos estuve con ella tres veces, dos veces en Nueva York y una vez en Roma, hablamos de política, pero obviamente ella no me iba a preguntar quién financió mi viaje, yo iba por mi propia cuenta.

– ¿Para qué viajó a verla? ¿Para convencerla de que fuera candidata?

– No, yo iba por mi cuenta y aprovechamos de hablar de política. Y obviamente que yo le dije que ojalá fuera la candidata. Pero nunca me quedó claro cuál iba a ser su decisión final. Yo creo que ella no podía ni por su cargo en la ONU, ni por la mente, que la tenía ocupado en viajes por todo el mundo y no en lo que pasaba en Chile y menos en una precampaña. Ahora, que ella supiera que había gente que se organizaba, que estaba recolectando ideas, eso es lógico. Yo creo que ella no sabía sobre su financiamiento. En general, creo que es muy difícil que un candidato a la presidencia sepa del financiamiento de sus campañas. Cuando Sebastián Piñera fue acusado en 2008 por Publicam, el fiscal no lo imputó por sus facturas falsas, él dijo que no sabía. Yo he sido candidato a senador, me costó bastante estar al corriente exactamente de los ingresos y los gastos, pero yo me reunía semanalmente con el tesorero. Imaginemos una campaña presidencial, es casi imposible, creo yo.  Ahí los responsables son los que dirigen la campaña, el jefe de campaña, el tesorero. Y en este caso de la precampaña, los que la organizaron.

– ¿Peñailillo y Martelli?

– Obvio, ellos tienen que justificar y creo que lo están haciendo ante la Fiscalía y ante la opinión pública de dónde venían los ingresos. Ahora yo espero que todo eso se haya hecho conforme a la ley, pero eso tiene que decidirlo el fiscal.

 

FOTO: AGENCIA UNO