En conversación con "El Líbero", Rosario Moreno dice que "Ámbar ratifica la crisis sistémica que existe en el servicio". Describe el proceso de creación del texto y afirma que "hay mafias políticas y de explotación sexual" dentro de la institución.
Publicado el 04.05.2018
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“Me logré escapar, porque para mí el Sename es una mierda. Un mal sueño. No te toman en cuenta, si lloras por pena te dicen que estás haciendo show. Nos encerraban, parecíamos animales. Las tías no nos querían, y de repente llegaba la siquiatra y nos diagnosticaba a todos lo mismo: depresión”. 

Este es un fragmento del libro “Huellas Imborrables”, de la periodista y columnista de “El Líbero”, Rosario Moreno. El texto incorpora testimonios de niños, padres, jueces, gendarmes, directores y funcionarios de centros del Sename. Para el Gobierno, se ha transformado en un “manual” para enfrentar la crisis.

En conversación con “El Líbero”, Rosario Moreno cuenta los principales hallazgos que encontró durante el proceso de producción de su libro, critica al Servicio Nacional de Menores y reflexiona sobre la necesidad de reformular la institución, especialmente, a raíz del la violación y asesinato de Ámbar, una menor que se encontraba bajo cuidado de una familia de acogida.

-En sus palabras, ¿cómo describiría el libro, y cómo fue el proceso de producción?

-El libro tuvo once meses de reporteo en terreno, muy duro. Hay que ir a caletas, a poblaciones, a cárceles, a centros. Trabajé con cinco alumnos míos de la Universidad del Desarrollo, donde hago clases. Pero el proceso, en total, fue de un año y medio, porque partí con un pre reporteo importante antes de eso. Lo que me motivó a escribir el libro fue la muerte de Lissette Villa, que me caló hondo, y dije que algo tenía que hacer. Y qué mejor que hacerlo desde el periodismo, que es mi profesión. En el segundo semestre de 2016 envié a los alumnos a investigar todo lo que tenía que ver con el Sename, para saber si había material, si se podía llegar a la fuente, y si la gente quería hablar. Me di cuenta que sí, que era posible. Los testimonios que me llegaban eran macabros, y al final de ese año le propuse a la universidad hacer este libro.

El libro ha sido un insumo más para todas las políticas que está tomando este gobierno”.

-¿Usted se involucró personalmente con las historias del libro?

-Totalmente, un 100%. De hecho, cuando hicimos el libro dejé de hacer clases. Me aboqué al libro, hice entrevistas, fui a centros. No solo quería estar ahí liderando, sino también quería embarrarme los pies. Revisaba cada testimonio y lo escribíamos, luego, en primera persona tal como está en el libro. Eso lo hace, a la larga, más amigable con el lector y más sensible, porque el protagonista de la historia cuenta desde su “yo” lo que le está pasando.

“Lo que le pasó a Ámbar no me llama la atención, porque son cosas que pasan en el Sename”

-El Presidente Sebastián Piñera, el ministro Alfredo Moreno y la subsecretaria de la Niñez, Carol Bown, han aludido públicamente a su libro. ¿Por qué cree se ha transformado en una especie de manual para el Gobierno?

-Eso de manual es un poco exagerado, pero es verdad que el libro ha sido un insumo más para todas las políticas que está tomando este gobierno. En general, lo que se hace son trabajos teóricos, con mucho gráfico, con mucho número, pero esto es primera vez que se hace en Chile. Nunca se había escrito un libro en el cual, de manera humana, se describiera a los distintos actores que tienen que ver con la institución. Había libros anteriores en los que hablaba un niño, o un joven, pero aquí hablan gendarmes, jueces de familia, niños, padres, sicólogos, cocineros… Todos. Entonces, al leerlo, te haces un contexto 360 grados de lo que está pasando en el Sename, y llegas a las mismas conclusiones que un estudio que haces en una oficina, pero con nombres y apellidos. Por eso el Gobierno lo ha citado mucho, y de hecho, en el lanzamiento estaba la subsecretaria Carol Bown, y ella leyó un extracto de los testimonios.

-¿Usted se acercó al Gobierno o ellos la contactaron a usted?

-No he tenido ningún acercamiento, nada. Este libro es totalmente independiente, no tiene nada que ver con el Gobierno. Me sorprendí que saliera en el diario “El Mercurio” una columna del ministro Alfredo Moreno y me sorprendí cuando el Presidente lo nombró en el discurso sobre la Subsecretaría de la Niñez, en La Moneda. Nosotros convidamos a la subsecretaria Carol Bown al lanzamiento para que hablara y también a Mónica Jeldres, una importante jueza de familia. Ellas fueron las dos expositoras del libro en la presentación.

-¿Cuáles son los principales problemas que encontró en el Sename y qué críticas hace al sistema?

-Hicimos 126 entrevistas, de las cuales 85 van en el libro. Uno, cuando hace todo este trabajo, se da cuenta que el Sename está en una crisis sistémica. Todo el Sename está mal, y lo que le pasó a Ámbar no me llama la atención, porque son cosas que pasan en el Sename. Lo que pasa es que ahora, como esta institución está con mayor visibilidad, se cubre la noticia. Es una institución que no da para más. Ámbar viene a ratificar la crisis sistémica que existe en el Sename.

Ámbar viene a ratificar la crisis sistémica que existe en el Sename”.

Los principales responsables de toda esta situación no están en el Sename, que era uno de los prejuicios que yo tenía antes de partir la investigación, sino que son los padres. A ellos son a los que más nos costó entrevistar, porque saben que están haciendo algo malo, saben que son culpables, y por eso no nos quieren hablar. Nos pegaron varios portazos. Porque la drogadicción en las poblaciones es de alto impacto. Si hace cuarenta años atrás era el alcohol el que nos tenía sumidos como problema país, me atrevería a decir a través de los testimonios que vimos que ahora es el narcotráfico. Hay muchos más casos de papás drogadictos que papás alcohólicos, entonces hay un tema que hay que intervenir a las familias de los niños. Y el Sename es una consecuencia de esto, porque si no puede la familia tener al niño va al Sename.

El Sename premia mucho las horas extras, entonces ves muchos tíos que hacen 36 horas, 48 horas seguidas… Eso es inhumano”.

Después viene el Sename, que es una consecuencia, para mi gusto, muy negativa. Podría ser positiva, y esa es la idea. Cambiarlo entero para que sea una consecuencia positiva. Dentro del Sename lo peor que ves es el tema de los funcionarios de trato directo con los niños y jóvenes. Los “tíos” que se llaman, que son los encargados de cuidar a los niños que están institucionalizados. Se les pide solo hasta cuarto medio, no son profesionales. Yo fui a varios centros, los niños no son fáciles. Hay con enfermedades mentales, hiperquinéticos, hay niños violentos, niños normales, hay de todo. Entonces, una persona que cuida a esos niños tiene que estar capacitada para poderlos cuidar. O sea, ser psicopedagogo, psiquiatra, psicólogo, no sé, profesor por último… pero nada.  

El Sename no está cumpliendo con las normas laborales que existen en Chile”.

Nos tocó el caso de un “tío” que trabajaba en la ferretería, y de la ferretería se fue a trabajar al Sename. No puede ser. Y además, lo que ocurre es que estos “tíos”, que ganan entre 600 y 700 mil pesos de sueldo mensual, suben mucho sus sueldos si hacen horas extras, y el Sename premia mucho las horas extras, entonces ves muchos “tíos” que hacen 36 horas, 48 horas seguidas… Eso es inhumano. ¿Entonces cómo no va a haber violaciones, abusos, golpes, en un centro, si estás trabajando con tíos que no han dormido en una o dos noches?. Y después hablamos con psiquiatras, y el cuerpo humano a las 36 horas ya empieza a tiritar, se pone irritable, violento, te tirita la vista, no ves bien… Humanamente no se puede. Es un incentivo perverso, y a la larga el Sename no está cumpliendo con las normas laborales que existen en Chile.

Se paga más para un preso que para un niño, y la idea es que este salga adelante”.

“Hay mafias dentro del Sename. Mafias políticas, mafias de tipo de explotación sexual. Está todo viciado”.

-El Presidente Piñera anunció un “Acuerdo Nacional” por la Infancia y busca reemplazar al Sename por un nuevo servicio. ¿Como cree que se debe reformular? ¿Qué es necesario incluir para proteger de mejor forma a los niños?

-Todo. De partida en los países desarrollados se invierte cuatro veces más que por un niño acá. Hoy en día son menos de 300 mil pesos. Un preso adulto son 700 mil pesos. O sea, se paga más para un preso que para un niño, y la idea es que este salga adelante.

Si invertimos en el Sename vamos a bajar en un 50% los delincuentes que hay en el país”.

En muchos centros del Sename estatales, que son los que están en “Huellas Imborrables”, están mezclados los niños infractores de ley con los niños por protección, por ser vulnerables. Eso no puede ser, porque si llega un niñito de doce años que ya acuchilló a alguien, no puede estar con otro de ocho años que lo sacaron de su casa porque le pegaban. Entonces, el niñito vulnerado aprende del niñito que ha delinquido. Y después, un 50% de los niños del Sename son presos adultos. Si invertimos en el Sename vamos a bajar en un 50% los delincuentes que hay en el país y que ingresan a las cárceles.

Los niños que nos hablaron también creo que hicieron catarsis”.

También hay que sacar todo lo que es político. El Sename es un nido de politiquería espantoso, de cuoteo político. Me pasó algo increíble. Estaba en un centro y pedí que me ayudaran a ir a otro. La persona encargada era de la Democracia Cristiana, y me dijo que no me podía mandar para allá porque la directora era del Partido Comunista. ¿Y qué tiene que ver política con niños? Es un tema muy fuerte. Hay mafias adentro del Sename. Mafias políticas, mafias de tipo de explotación sexual. Está todo viciado. Por eso creo que el libro ha tenido tanto éxito, porque contamos sin censura lo que está pasando. Había que remecer a Chile y el libro remece.

Nos dimos cuenta que la gente quería hablar y desahogarse, porque está todo podrido. Llama mucho la atención que hay “tíos” que se portaron muy mal, que le pegaron y le quebraron la cabeza a un niñito de siete años, y contaron todo eso con nombre y apellido, porque querían limpiar sus culpas. Ves hasta eso. Los niños que nos hablaron también creo que hicieron catarsis. Nunca le han podido contar todo esto a nadie. La primera vez que los oyeron fueron mis alumnos y yo para este libro. Creo que había una necesidad de hablar y una necesidad de zamarrear a Chile y decir, “mira, esto está pasando al lado tuyo, y tú no te das cuenta”.