Tamara Agnic y Susana Sierra son las autoras de este nuevo libro en el que hablan ex presidentes como Sebastián Piñera, Ricardo Lagos y Eduardo Frei, además de la actual Mandataria Michelle Bachelet.
Publicado el 02.05.2017
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“La lucha contra la corrupción se enfrenta a una paradoja peculiar: escándalos más visibles llevan a la gente a suponer que la situación está empeorando, cuando la realidad es que el escándalo es una muy buena señal de que la tolerancia a las malas prácticas ha disminuido. Como consecuencia de la impresión negativa los inversionistas corren despavoridos y el público, desencantado de las instituciones, pierde la fe en su propia capacidad de hacer algo respecto al problema. Esta percepción incluso puede llevar a muchos a justificar sus propios actos de corrupción con la excusa de que se trata de una práctica generalizada”, es parte de la introducción del libro “Corrupción a la Carta”, publicado el pasado martes por Ediciones B.

Una publicación que busca centrarse no sólo en la palabra corrupción que tanto se ha mencionado en los últimos años con los casos Caval, Penta y SQM, entre otros. También indagar en los por qué en Chile no hay regulación para la malas prácticas específicamente en las empresas privadas. “No están tipificadas aún como delito y sin embargo tienen la misma manera de operar que la corrupción que se conoce hoy día en el sector público”, asegura Tamata Agnic coautora del libro junto a Susana Sierra.

Ambas son ingenieras comerciales y juntas plasman sus experiencias en algunas de las páginas del libro. En el caso de Agnic, parte de su carrera profesional se ha centrado en el ámbito público como superintendenta de Pensiones y directora de la Unidad de Análisis Financiero. En tanto Sierra dirige BH Compliance, empresa que justamente monitorea la integridad corporativa y desde 2016 integra el directorio de Chile Transparente.

Para discutir sobre el tema, durante un año entrevistaron personalidades como ex presidentes, empresarios y periodistas para reflexionar y dejar claro que “el mundo privado no lidia con maletines de dinero que pasan por debajo de la mesa, pero, a la larga, en la sumatoria de favores, en la práctica de amiguismo, en el manejo de influencia para obtener resultados, puede adquirir esa forma (corrupción)”. Por eso Agnic y Sierra, quienes son amigas desde el año 2012, pasaron por La Moneda, el último piso de la torre Titanium, unas cuantas cafeterías y muchas casas de Santiago para tratar de conseguir “El Remedio” (nombre del tercer capítulo).

Los ex presidentes Eduardo Frei, Sebastián Piñera y Ricardo Lagos son algunos de los más de 30 entrevistados que les ayudaron a entender la cultura de la corrupción en el país. Y una de las primeras entrevistas fue con la Mandataria Michelle Bachelet, que les dijo: “Uno podría imaginar, como es muy frecuente escuchar desde el mundo privado, que la autorregulación es lo esencial. Y yo creo que puede ser muy importante, pero hay que reconocer que eso no ha funcionado”.

—¿Por qué hacer este libro ahora?

Tamara Agnic: La razón principal es porque cada una de nosotras está involucrada, tiene conocimiento de estos temas y queríamos ser un aporte para la sociedad, y ver cómo podíamos aportar a salir de esta crisis, si se pudiera llamar de alguna manera.

— Susana Sierra: También nos pasaba por otro lado que cada vez que abríamos el diario nos encontrábamos con casos de corrupción, o nos encontrábamos con puras cosas negativas dijimos, “bueno ¿qué es lo que se está haciendo?”. Se está pensando que se va a solucionar este problema solamente por sacar nuevas leyes, siendo que las leyes terminan siendo reactivas y la pregunta es: “¿será lo suficiente? ¿será lo adecuado o no?”. Por eso dijimos que queríamos intentar hacer un análisis reflexivo sobre el tema, más que un manual de buenas prácticas, para que la gente logre reflexionar y evitemos que estos casos que hemos visto, no se vuelvan a repetir en diez años más y volvamos a tener otra comisión sacando leyes.

—¿Se ha normalizado la corrupción en Chile?

— T: Afortunadamente no.

— S: También analizamos que ahora al menos nos escandalizamos con estos casos, que eso también es bueno. Porque si nosotros logramos ver a dónde podrían ocurrir o cómo pasan, también podemos hacer algo para prevenirlo. Si nosotros lo llegamos a encontrar normal o no nos escandalizamos, podría ser un riesgo muy alto.

— ¿Por qué mirar ahora a los privados?

— S: Porque la corrupción siempre tiene dos lados. Siempre se habla desde el lado público y siempre se ve como el lado público es el corrupto. Siendo que para que ocurra corrupción, tiene que haber lado privado y lado público y también entre privados pueden ocurrir muchos casos de corrupción, por lo tanto nos tenemos que centrar en los privados y no solamente de lo que se puede hacer desde lo público, como nueva regulación, sino cuál es el rol de cada uno de nosotros para que esto no vuelva a ocurrir.

— T: En el ámbito público solamente se puede hacer lo que está reglado, en el ámbito privado se puede hacer todo, excepto lo que está prohibido. Entonces la posibilidad del sector privado de autorregularse o de implementar iniciativas propias, es mucho más amplia.

— ¿A qué creen que se debe que la corrupción privada como término no sea tan conocida? 

— S: Porque principalmente la corrupción entre privados en Chile no es delito. En otros países sí. Luego de todos estos escándalos que pudimos ver hace un par de años y luego la comisión Engel, salió un proyecto para regular la corrupción entre privados que ya pasó a la cámara de diputados y desde agosto del año pasado se encuentra dormido en el Senado. Por lo tanto, muchos tienden a decir: “Ah bueno, pero si no es ley o si nadie me lo prohíbe, no es delito o no está mal hacerlo”. Siendo que sí trae muchas consecuencias para la sociedad en general.

— T: Nuestra intención es justamente ayudar a los chilenos a reflexionar sobre el tema. Nosotros no entregamos un manual de recetas, sino que entregamos puntos necesarios de conversar en todas partes, conversar en el interior de la familia, conversar en el espacio de trabajo, conversar en las empresas, conversar en los directorios… A fin de que en conjunto se puedan ir adoptando las medidas necesarias que eviten que este tipo de situaciones se vuelva regulares.

— ¿No es quizás un poco idealista la discusión de la corrupción?

— S: Es que para para poder prevenir se tiene que tener consciencia del problema, por lo tanto si no se discute es imposible que salga algo para prevenir. Un capítulo que nosotros recomendamos es de  “La manzana podrida”. Porque nosotros siempre estamos acostumbrados a que las cosas le pasan a otro, no a mi. Por lo tanto si es que yo nunca pienso que esto me podría pasar a mi, nunca voy a estar preparado para prevenirlo.

— T: Nos llegaba a pasar que cuando hablamos con emprendedores, nos decían: “No, es que nuestros propósitos son tan loables que la corrupción no tiene nada que ver con nosotros”. Y logramos abriles los ojos para que vieran que ellos que no están protegidos 100%. Puede que tenga una diferencia en relación a otros, pero de todas maneras están expuestos a incentivos que en algún minuto los podría llevar a cometer algún acto indebido.

— S: Efectivamente se han encasillado mucho a los empresarios, se dice que hay malos empresarios que tienen el poder, el lucro… Pero si el lucro está bien, si la gente tiene que ganar plata, lo que pasa es que se terminan como satanizando ciertos conceptos y los otros pasan a ser casi los santos. Y hoy día también nos enfocamos y dedicamos un capítulo a eso, a las empresas del futuro, porque ya las empresas no son de ladrillo con toda la gente trabajando ahí, sino que empresas globalizadas con clientes y trabajadores globales, cada vez es más fácil que esto pase.