El abogado y teólogo cree que se le aceptará la renuncia a una decena de obispos. Sostiene que el Cardenal Errázuriz "está al debe con las víctimas y con todos los católicos". Y que hoy la Iglesia vive un "cambio de paradigma".
Publicado el 04.06.2018
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“Creo que aquí reside una de nuestras principales faltas y omisión: El no saber escuchar a las víctimas. Así se construyeron conclusiones parciales a las que le faltaban elementos cruciales para un sano y claro discernimiento. Con vergüenza debo decir que no supimos escuchar y reaccionar a tiempo”. Este es un fragmento de la carta que el Papa Francisco le envió el jueves 31 de mayo al pueblo chileno, en medio de la crisis que vive la Iglesia. En ella, el Pontífice dice que en la Iglesia chilena hay una “cultura de abuso y encubrimiento”, pide perdón y agradece a las víctimas por entregar sus testimonios.

En conversación con “El Líbero“, Alejandro Álvarez, abogado, teólogo, y vocero de Voces Católicas, analiza el significado de esta carta, habla sobre la renuncia que presentaron los obispos chilenos, la crisis en la Iglesia y la visita del obispo Charles Scicluna a Chile. 

-¿Cómo se lleva el mensaje de la Iglesia en en medio de esta crisis?

-Ha quedado de manifiesto que estamos frente a una muy grave crisis. Es un crisis profunda, de no rápida ni fácil solución. Desde la visita del Papa, hasta hoy, hemos visto varios hitos que son muy relevantes, como la reunión de los obispos con el Papa, la presentación de sus respectivas renuncias.Ahora, el Papa está decidiendo sobre la responsabilidad personal de cada uno de ellos. En ese contexto se inscribe la visita de monseñor Scicluna y monseñor Bertomeu, que vienen a la localidad de Osorno para empezar en mi opinión, a comunicar las decisiones que el Papa ya habría tomado.

Aquí relevancia crucial tienen las víctimas, que son a quienes tenemos que escuchar”.

-¿Se les ha hecho difícil llevar el mensaje de Voces Católicas o de la Iglesia a la ciudadanía y a los laicos?

-Esta crisis, si tiene una característica específica, es que es un cambio de paradigma. Hasta antes de la crisis, el problema que teníamos como Iglesia era que no veíamos el problema. El Papa nos ha invitado a ver y escuchar el problema, y la relevancia crucial la tienen las víctimas, que son a quienes tenemos que escuchar, atender, y no podemos hacer como que no ha pasado nada. Aquí han pasado cosas muy graves y muchas se están sabiendo ahora… es una crisis de largo aliento. Estamos recién en el comienzo, y para los laicos es muy difícil, tenemos mucha vergüenza. Jamas me habría imaginado que la Iglesia chilena, tan prestigiada en otras épocas, iba a estar en esta situación tan triste. 

El cambio de paradigma implica poner siempre primero  las personas y, en segundo lugar, a la institución”.

-Hoy se están destapando muchos casos de encubrimiento de abusos, ¿cree que se debió haber actuado antes? ¿Haberlo transparentado públicamente?

-Este es un proceso largo y doloroso. Nos costó creerles a las víctimas al principio. Pensábamos “¿será cierto?, ¿será tal como dicen?, ¿estarán exagerando?”. Y ese es un tema del que tenemos que hacernos cargo. No podemos postergar a las víctimas. El Papa dice “tenemos que verlas, tenemos que escucharlas”. No podemos negar la realidad. El cambio de paradigma implica poner siempre primero  las personas y, en segundo lugar, a la institución. Parte de la crisis, y del problema que tuvimos, es que tanto la jerarquía como también los laicos pusimos primero a la institución por sobre las personas.

-¿Cómo hay que leer y entender esta carta que manda el Papa?

-La carta es muy profunda. El primer llamado es a los fieles cristianos. Dice que el pueblo de Dios tiene que hacerse parte de esta renovación de la Iglesia chilena, no se va a dar una verdadera renovación si el pueblo de Dios no está presente. El laico tiene que tener su posición frente al mundo, en la Iglesia, y debe tener una posición pensante, dialogante. Y eso implica comprometerse. 

“Algunos piensan que estamos hablando de 10, 11 obispos a los que se les podría aceptar la renuncia”

-En esta carta, el Papa dice que “la renovación en la jerarquía eclesial por sí misma no genera la transformación a la que el Espíritu Santo nos impulsa. Se nos exige promover conjuntamente una transformación eclesial que nos involucre a todos”. ¿A qué cree que se refiere con esto? ¿Habrá o no un cambio de obispos?

-Cambios van a haber. Ahora, ¿le va a aceptar la renuncia a todos, o a algunos? eso no lo sabemos. Algunos piensan que estamos hablando de 10, 11 obispos a los que les podría aceptar la renuncia. Pero el Papa dice que es irrelevante el cambio o no cambio de los obispos. La transformación de la Iglesia es más profunda. Los va a cambiar, eso es un hecho, pero la verdadera transformación pasa por el compromiso real de cada cristiano, de cada fiel, para esta verdadera renovación.

-Nuevamente el Papa envió al obispo Charles Scicluna para abordar el tema de Osorno. ¿Qué significa esta visita? ¿Se debe interpretar como una intervención a la Iglesia chilena?

-Jurídicamente no se habla de los enviados del Papa como interventores en este caso, ni administradores apostólicos ni nada, sino que vienen en su nombre y representación. El gesto de ir a Osorno es muy significativo, porque el Papa se equivocó mucho con Osorno y quiere ver y escuchar, a través de estos enviados suyos, la realidad de lo que ocurre. Es un gesto, me parece, de reparación.

Creo que en estas circunstancias el Papa le va a aceptar la renuncia (al obispo Barros)”.

-¿Y qué cree que pasará con el obispo Barros puntualmente?

-Creo que en estas circunstancias, el Papa le va a aceptar la renuncia.

Cardenal Errázuriz: “Está al debe con las víctimas y con todos los católicos”

-¿Cómo se puede entender la renuncia de los obispos chilenos? ¿Se pusieron a disposición para facilitarle la decisión al Papa, o asumieron la culpa de esta situación?

-Distingo dos tipos de responsabilidad. Una colectiva, y una personal. Evidentemente que hay muchos obispos que son nuevos, otros que no tuvieron ninguna participación en ningún tema relacionado con el abuso, porque ni siquiera eran obispos, por lo tanto, no les cabe ni siquiera una responsabilidad colectiva directa en lo que ha sucedido. Sin embargo, el gesto de todos los obispos es significativo. Me queda cojo el gesto que no ha hecho el Cardenal Errázuriz. Evidentemente no puede renunciar porque no tiene ningún cargo pastoral, pero está al debe con las víctimas y con todos los católicos. Esperamos un gesto que todavía no se ha concretado.

-Últimamente se ha abierto el debate para poner fin al celibato, ¿usted cree que esa es una opción?

-El celibato es un don precioso que tiene la iglesia. No creo que se vaya a acabar ni que se vaya a dejar de lado, pero el celibato es un elemento disciplinar del sacerdocio, no es esencial. ¿Puede ser sacerdote una persona casada? sí. No es exigencia para ser sacerdote ser célibe, pero la Iglesia lo ha tenido como práctica habitual y, por lo tanto, no creo que lo deje. Eso no impide que, por la escasez de las vocaciones u otras circunstancias pastorales, se analice la posibilidad que algunos católicos casados puedan acceder al ministerio del orden sacerdotal. Es algo discutible, se puede conversar.

-Lo que el Papa está haciendo en Chile, ¿qué repercusión tiene a nivel global?

-El caso de la Iglesia Chilena se volvió un caso de repercusiones mundiales. Es inédito lo que ha ocurrido, como las reuniones que se han sostenido con el Papa. Por lo tanto, ofrece un paradigma clave para entender el tema del abuso en la Iglesia y las vías de solución que se adopten, y aquí el rol de los laicos va a ser crucial. El rol de las víctimas fue crucial. Por eso nadie puede restarse, al contrario, necesitamos que todos colaboren en proponer vías de solución. Hay varias ideas que andan dando vuelta, particularmente para evitar el abuso, en que los laicos están tomando una actitud muy comprometida, y da gusto ese influjo que el Espíritu Santo está soplando en la Iglesia. A pesar de la dolorosa y tremenda crisis que nos ha tocado vivir.