La colombiana Liliana Villanueva y la cubano-libanesa María -quien prefirió reservar su nombre completo-, son dos médicos que deberán abandonar un sistema que tiene un déficit de más de 3.000 profesionales. Distinta suerte corrió el venezolano Elio Romero, quien aún labora debido a que espera ser homologado por la Corporación Nacional Autónoma de Certificación de Especialidades Médicas (Conacem).
Publicado el 20.02.2017
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María es cubano-libanesa, tiene 34 años, llegó en noviembre de 2013 a Chile y a la semana de aterrizar consiguió trabajo en el Servicio de Atención Primaria de Urgencia (SAPU) de Pudahuel como médico general, aunque ella es anestesióloga. Pero por reprobar el Examen Único Nacional de Medicina (Eunacom), pasó a ser parte de los 277 médicos extranjeros que deben retirarse de la salud pública, en un país donde el déficit de médicos en ese sector se estima en 3.594 según un informe de marzo de 2016 del Ministerio de Salud (Minsal). María trabajó hasta el 18 de febrero, aunque la ley decía que debía trabajar hasta el 14.

De los 2 mil 642 médicos foráneos que rindieron el Eunacom en diciembre -donde se mezclan profesionales que entonces estaban trabajando también en privados y otros que pretendían entrar al sistema-, 1.934 facultativos no lograron aprobar la prueba exigida para poder trabajar en el sistema público de salud. En contraste, de los 1.488 médicos nacionales, solo 51 reprobaron.

“Lo que pasa con gran parte de los médicos extranjeros es que no tenemos respaldo, ni familia, ni nada para uno poder vivir y dedicarse a estudiar para esa prueba. Para yo vivir, tengo que trabajar, y los horarios son horribles. Yo trabajo turnos de 15 horas de noche, y eso no se vacía nunca. Hay veces que un sábado a las 3:00 de la mañana podemos tener 25 pacientes en espera. ¡Un sábado a las 3:00 am! No hay horarios decentes para estudiar o para hacer un curso. Mientras que la mayoría de los chilenos que se presentan, pasan un año entero dedicados a estudiar al terminar la carrera. ¡Y estudian con los profesores que hacen la prueba! Hay muchas cosas mal en esa prueba, empezando porque al rendir el examen sientan en salas separadas a extranjeros y chilenos”, cuenta María, quien pide reserva de su identidad.

En los últimos cinco años, el 76% de los médicos extranjeros han reprobado el examen, pero ante la falta de profesionales en el sector, muchos han sido contratado de igual manera. Pero en 2015, para regularizar la situación, el Minsal dio un plazo de dos años para que aprobaran el test o debían retirarse.

María se presentó por primera vez en diciembre del año pasado y el lunes 9 de enero le llegó un correo que le notificaba que sacó 48,6 sobre 100 en la prueba. Se necesitan 51 puntos para aprobar, y son 180 preguntas en el examen teórico.

Al ser notificada de que debía retirarse del consultorio, lo que hizo al día siguiente fue comprar un pasaje para El Líbano -se va en marzo-, país donde se crió. “Me cansé, nos tratan muy mal. Muchos pacientes nos ven en menos y muchas cosas no funcionan bien, la comunicación en cuanto a las leyes no son claras. Devolverme a Cuba -donde nació y estudió la carrera-, no es opción, son 50 dólares mensuales y con eso no puedo ayudar a mis padres -mamá cubana, padre libanés-, así que toca ver qué pasa. En su momento no me fui al Líbano, porque estaban en plena guerra, pero vamos a ver cómo va ahora”, explica.

Las pocas horas de sueño, el perder la cuenta de las veces que le dijeron que se “devolviera a su país” o que los “médicos chilenos son mejores”, no son las únicas razones que la hicieron desistir. Haber trabajado todos estos años a honorarios, sin vacaciones pagas y tener que pedir anualmente una nueva visa profesional, porque el Departamento de Extranjería exige tener el Eunacom aprobado para sacar la permanencia, también pesaron en la decisión.

María cuenta que en su equipo de trabajo no hay ni un chileno. “Porque la mayoría se van a la salud privada, y en mi equipo hay extranjeros que están súper preparados. Hay una ecuatoriana que es anestesióloga que es muy buena, que hizo la especialidad aquí y reprobó. También está un cardiólogo venezolano que pasó la prueba a la tercera, por los pelos. ¿Cómo gente tan buena puede reprobrar? No se entiende, hay algo que está mal”, asegura.

Compromiso con la salud pública

Liliana Villanueva (44), sumará el próximo 6 de marzo seis años en Chile y más de dos se los dedicó a la salud pública en el Centro de Salud Familiar (Cesfam) de Santa María, en la región de Valaparíso. Es oriunda de Colombia y hasta el 14 de febrero trabajó, por pertenecer a esa cifra de médicos extranjeros que reprobaron el Eunacom.

“No voy a mentir, en mi país hay trabajo, pero me vine por un tema de dinero, aquí los sueldos son mejores y me permiten darle calidad de vida a mi hijo. Y trabajé primero en el rubro privado, pero después se me dio una oportunidad y me enamoré realmente de la salud pública, porque uno se va enamorando de la labor, al saber que estás ayudando a personas sin recursos. Le vas haciendo seguimiento a los pacientes y te enamoras, uno realmente se compromete con esto, se siente parte. Pero bueno, ya no se puede hacer nada”, dice Villanueva.

Trabajaba casi todos los días desde las 8:00 de la mañana hasta la 5:00 de la tarde. Casi siempre, le tocaba hacer extensión de horas. Y no recuerda muchos fines de semanas libres. Se tituló en su país en 1999 y mientras decide cuál será su plan a largo plazo, realizará un reemplazo por vacaciones en un consultorio privado. “Hay hipotecas que pagar y toca sobrevivir”, cuenta.

whatsapp-image-2017-02-15-at-20-37-37Villanueva presentó por primera vez la Eunacom en diciembre. “Me fue imposible antes, porque uno se va metiendo tanto en el día a día, en el ritmo tan agotador, que no logras sacar el tiempo necesario para estudiar. Y el tiempo que logro tener libre, es para mi hijo, no hay discusión en eso”, explica. A pesar de no poder hacer un repaso completo de la medicina general, sacó 47,6 sobre 100.

“Yo creo que la prueba Eunacom no es necesaria, tiene muchas fallas. Porque por ejemplo, no hay transparencia en la parte teórica, no sé en qué me equivoqué. Y hasta donde sabemos, después de presentar, eliminaron 30 preguntas y no sé si esas preguntas me podían dar los puntos que me faltaban. De todas maneras, la medicina es universal, lo que cambia en los países es el protocolo. Y ahora no  no sé si vuelva a la salud pública, porque uno se siente pisoteado, uno ha dado tanto al país ¿y le agradecen de ese modo?”,  finaliza.

En la página de la Eunacom, hay siete puntos en los que se explican los cálculos del puntaje (se puede revisar aquí). El tercero, explica: “De acuerdo a los límites que ha fijado el Consejo Estadístico con anterioridad a la rendición del examen, se filtran (se eliminan) aquellas preguntas que sean demasiado fáciles, demasiado difíciles o que discriminen mal. Este filtraje es automático y aritmético, está incorporado al software de corrección y no requiere intervención manual”.

Una segunda oportunidad

whatsapp-image-2017-02-15-at-16-37-20 Elio Romero (36) es venezolano, tiene 14 años como médico general y cinco como traumatólogo especialista en columna. Aterrizó en Chile el 28 de febrero de 2015 gracias a una beca que le permitió estudiar cirugía de columna vertebral en el Hospital del Trabajador. De ahí empezó a trabajar en el consultorio La Estrella de Pudahuel, donde le comentaron que él se puede quedar ejerciendo porque es especialista, aunque su contrato sea como médico general.

Gracias a una ley que se tramitó a finales del año pasado -con el fin de evitar el éxodo de la administración publica-, Romero aún no es despedido. Se trata de una reglamentación con la que médicos especialistas no deben tener la Eunacom aprobada, pero sí que estuvieran autorizados por la Corporación Nacional Autónoma de Certificación de Especialidades Médicas (Conacem), que se presenta el próximo 12 de julio. “Pero la verdad, hay problemas de comunicación, porque el Minsal igual me exige la Eunacom, porque Conacem aún no discute o acepta esa nueva ley”, dice.

Romero, a pesar de las pocas horas que tiene fuera del trabajo, entre las jornadas laborales de más de 12 horas y el viaje de más de 45 minutos que hace en transporte público desde Ñuñoa -donde vive- hasta Pudahuel, logró organizarse para asistir a algunas de las clases del Dr. Guillermo Guevara Aliaga, uno de los más conocidos en el rubro por impartir cursos de preparación para el Eunacom. Es tan cotizado, que ya no tiene cupos disponible para el semestre marzo-julio y tiene un costo de $990.000 por alumno. Pero su puntuación fue de 46.

Con el doctor trabaja otro venezolano especialista, pero en cirugía general, trasplante renal y accesos vasculares, quien está en su misma situación. “Ambos esperamos poder aprobar la prueba. El Eunacom me parece que es una prueba que hay que hacer. Independiente de que seas especialista o no, porque es la única  forma que existe de tratar de homologar o de protocolizar las atenciones de todos los médicos que vienen para acá. Lo que sí no estoy de acuerdo es que no hay transparencia con respecto a muchas partes del proceso y que no se toma en cuenta que los extranjeros que llegamos venimos a trabajar, no tenemos tiempo. Y al menos el tiempo que tengo, lo trato de dedicar a mi familia, a mis hijas”, cuenta. Romero tiene tres hijas, una de nueve años, de cuatro y otra de dos años. Y recuerda que en el invierno pasado llegó a pasar varios días continuos sin verlas al tratar de repartirse entre los estudios y el trabajo.

“No sé que puede pasar conmigo más adelante, no sé si me vaya a la salud privada, porque la necesidad está en la pública. Al final, el trabajo de uno es ayudar y eso es lo que estamos haciendo”, agrega.

 

FOTO: RAUL LORCA/AGENCIAUNO