La periodista Gracia Dalgalarrando escribe desde Francia para “El Líbero” que La vie en rose, con su música callejera que hasta el viernes se escuchaba y vivía en las terrazas de los cafés parisinos, quedó en pausa, porque ahora el país está en guerra.
Publicado el 15.11.2015
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Se suponía que tendríamos un fin de semana festivo con la inauguración de la principal feria navideña de París, justo al frente del Palacio del Eliseo. Un frío helado recorre París la mañana del día después. Francia se despierta de un mal sueño y el silencio se apodera de las calles. Estamos de luto. La Torre Eiffel apagada, el Arco de Triunfo y museos cerrados. Las tiendas están con sus cortinas abajo. Un país en estado de emergencia, con las calles cortadas y con militares -metralleta en mano- desviando el tránsito. Francia acaba de vivir el ataque más agresivo que haya tenido desde la II Guerra Mundial producto de siete atentados perfectamente orquestados que dejaron al menos 129 muertos y 352 heridos. Es un país en guerra.

Cunde el pánico en Europa y en el mundo occidental. Los parisinos están parapetados en sus casas. Las pocas personas que circulan en las calles no se miran a la cara. Hay sensación de desconfianza y miedo. Poco a poco, también se suman otros sentimientos: justicia para los caídos y ansias por ganar esta batalla.

Sin duda el tipo de guerra cambió. El salvajismo y brutalidad con la que operaron los terroristas, divididos en tres equipos, solo nos recuerda que su objetivo es crear inseguridad y expandir el jihad o guerra santa a nivel global. No hay límites ni vidas civiles que importen. No necesitan un gran ejército para abatir personas, pueblos e ideales. Bastan sólo dos extremistas -como en el caso de los atentados a Charlie Hebdo de enero pasado- para desestabilizar una nación. Sus ataques son planificados desde distintos lugares del mundo, con logística, recursos y sangre fría. Son profesionales organizados y no fallan.

Esta es la primera vez que el Estado Islámico se adjudica un atentado en Europa en un intento por ser reconocidos mundialmente como los representantes de la jihad y posicionarse al frente de otros grupos como Al Qaeda. Muchos se preguntan por qué Francia. Algunos teorizan con que sea consecuencia de la arremetida del Presidente François Hollande contra Siria e Irak. Otros dicen que es un asunto de pragmatismo y que Francia es un objetivo más fácil y a la mano que Estados Unidos. Es difícil de determinar, pero lo cierto es que los franceses no son los únicos expuestos a potenciales ataques terroristas. Todos coinciden en que teniendo la oportunidad de atacar, probablemente lo harán independiente del lugar.

Estos atentados terroristas simbolizan un ataque a los ideales de Francia y de toda la humanidad. Después de Charlie, donde se buscó limitar la libertad de expresión, ahora se atenta contra la vida diaria de los parisinos, su cultura, los deportes y el ambiente nocturno. Un golpe a la cultura occidental y sus valores. La vie en rose, con su música callejera que hasta el viernes se escuchaba y vivía en las terrazas de los cafés parisinos, quedó en pausa. Ahora, Francia está en guerra. Ya no basta con organizar marchas simbólicas contra el terrorismo o quitarle la nacionalidad a quienes hayan participado en actos terroristas. Francia hoy asume que sus enemigos están dispuestos a matar y a morir como kamikazes. “Estamos en guerra. Vamos a responder al mismo nivel que estos ataques, con la determinación y voluntad de destruir”, fueron las crudas palabras del primer ministro Manuel Valls. Lo mismo se lee en los diarios, reflejando que todo el país está pidiendo demostrar autoridad y coraje. Ir a la guerra para hacer justicia y defender a los compatriotas.

 Este lunes Hollande se reunirá con el Parlamento en Versalles para determinar acciones a seguir. Es posible que la extrema derecha se levante con su híper nacionalismo generando más divisiones entre los franceses autóctonos y la población musulmana viviendo en el país. Temor, resentimiento y venganza. Esos son finalmente los objetivos del atentado y de lo que se nutre el terrorismo para expandirse entre ciudadanos descontentos o delincuentes en las cárceles. No cabe duda que la libertad y los ideales democráticos deben ser defendidos y que no se pueden permitir más muertes en manos de fanáticos religiosos que terminan con la vida misma de nuestra cultura. Francia tiene que tener cuidado al responder a esta masacre. Estamos frente a un nuevo tipo de guerra, donde nadie sabe para quién trabaja.

FOTO: LAVANGUARDIA.COM