El ex senador RN recuerda que gracias a un gran acuerdo que se logró en el Senado fue posible cambiar el texto de 1980 con apoyo transversal.
Publicado el 29.06.2015
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“Chile cuenta desde hoy con una Constitución que ya no nos divide”, expresó el 17 de septiembre de 2005 el LAGOS la nacion.clentonces Presidente Ricardo Lagos Escobar. En una “gran ceremonia”, tal como la describieron los medios nacionales, el Mandatario borró la firma de Augusto Pinochet Ugarte y promulgó el nuevo documento bajo su rúbrica; tenía 58 reformas, mantuvo 29 artículos y se dejaron atrás los llamados “enclaves autoritarios” que se arrastraban desde la Constitución de 1980.

Casi una década después de ese momento, Sergio Romero Pizarro, quien fue senador (RN) desde 1990 hasta 2010 y ejerció como presidente de la Cámara Alta en 1997 y 2005, recuerda en uno de los capítulos de su libro “Una mirada a Chile. Al rescate de los valores republicanos” cómo se vivió este proceso. El abogado desclasifica IMG_1276para “El Líbero” cómo después de años se logró llegar a un acuerdo entre ambos sectores para contar con una nueva Constitución que tuvo el total respaldo del Jefe de Estado de la época.

“El Presidente envió un recado diciendo que él quería firmarla. Lo encontré una cosa insólita y le dije que encantado, porque a mí me pareció que era la guinda de la torta, por una cosa muy obvia, porque al firmar él la Constitución estaba avalando toda la Constitución completa, no solamente los cambios”, cuenta Romero.

– En un capítulo de su libro usted cuenta cómo se vivió la reforma constitucional de 2005, que incluso parte por un proyecto de ley que presentó usted junto a otros senadores…

– La historia es un poco anterior. A partir de la transición chilena que se inicia en 1990, hay una legítima aspiración de las personas que no participaron ni compartieron la Constitución de 1980 de hacer básicamente modificaciones, donde la mayoría de ellos estaban dirigidos hacia lo que se llamaba los “enclaves autoritarios”, como los senadores designados, etc.

Finalmente junto a Andrés Chadwick, Hernán Larraín y Sergio Diez, presentamos un proyecto de ley de reforma constitucional cuando nos pareció oportuno. Al mismo tiempo, los “adversarios” José Antonio Viera-Gallo y Enrique Silva Cimma, presentaron otro proyecto de ley de reforma constitucional. Al estar estos dos proyectos encima de la mesa, se produce la posibilidad de llegar a un gran acuerdo. Éste se negocia ya en las postrimerías del gobierno de Lagos.

– Usted en ese entonces era presidente del Senado, ¿cómo se vivió ese proceso?

– No hubo ningún punto que no se armonizó, es decir, no quedó la sensación enLAGOS 2 nadie de que aquí hubo una doblada de mano de uno o de otro. Hubo un completo acuerdo, tanto así que el Presidente Lagos propició y pidió firmar él esta Constitución de todos los chilenos. Y no le bastó eso, sino que una vez promulgada con una mayoría espectacular tras el acuerdo alcanzado, él hizo una parafernalia, un acto impresionante en el Patio de los Naranjos con un estrado, era una cosa insólita. Cuando ya estaba lleno de autoridades, entre ellos el presidente de la Corte Suprema y yo como presidente del Senado, Ricardo Lagos bajó las escaleras exteriores como diciendo “aquí vengo”.

– Pero, ¿él conversó con usted sobre la reforma que se llevaba a cabo?

– No, él participó muy poco en las negociaciones directas, éstas se hicieron en el Senado. Esta es una actuación del Senado fundador y precursor, del lugar de encuentro de los grandes encuentros, porque ese era el objetivo que yo siempre tuve en mente. No se hizo a espaldas del Senado, sino que se hizo dentro del Senado.

– Entonces, ¿cuál fue el rol de Ricardo Lagos?

– Él dirigía la orquesta de su parte por atrás. Ricardo Lagos no fue directamente la persona que negoció esto, sino que lo hizo a través de Viera-Gallo, de Silva Cimma y de toda la gente que estaba trabajando el tema y probablemente de su ministro del Interior y de Justicia.

– Esta Constitución lleva la firma del ex Presidente…

– No sólo lleva la firma, él al final lo exigió, porque no se había acordado eso. Después que se habían logrado todos los acuerdos, Ricardo Lagos envió un recado diciendo que él quería firmarla. Lo encontré una cosa insólita y le dije que encantado, porque a mí me pareció que era la guinda de la torta por una cosa muy obvia, porque al firmar él la Constitución estaba avalando toda la Constitución completa, no solamente los cambios. Es que el orgullo a veces antecede a la caída de las personas, porque lo cierto es que es increíble que haya partido de él, fue casi una cuasi exigencia que él tenía que firmarla, ¿para qué? Para pasar a la historia.

– ¿Era una nueva Constitución?

– Absolutamente, porque eran los puntos discordantes. Cuando uno habla de las constituciones, uno no piensa que éstas se cambian todos los días. En Chile ha habido tres grandes constituciones: 1833, 1925 y 1980. Ya ha pasado mucho tiempo entre una y otra, estoy hablando de las constituciones no de los reglamentos provisorios como el de Carrera. Lo cierto es que todas las discusiones giraron en torno a lo que ellos llamaban los “enclaves autoritarios” y en lo demás ellos nunca hicieron observaciones en otra materia. De modo que hoy subirse al carro de los que quieren asambleas constituyentes, que quieren partir de cero, es simplemente oportunismo político.

 – ¿Cómo cree usted que Ricardo Lagos sintió esa proclamación en septiembre de 2005? ¿Hubo la sensación de que con ella se acababan las reformas constitucionales?

– Lo sintió como una nueva Constitución propia y de todos los chilenos, porque en su discurso él dice: “Esta es la Constitución democrática de todos los chilenos”. Entonces, borrar con el codo lo que tú firmaste, que además tú pediste firmarla y que nosotros le dijimos que así lo hiciera…

– Entonces, ¿por qué hoy un gobierno de la misma coalición que Ricardo Lagos busca realizar una nueva Constitución? 

– Porque hoy día hay una desorientación que alcanza magnitudes de todo orden que implican un desorden intelectual de marca mayor. Todos pensamos que se puede modificar la Constitución -son modificables per sé-, pero tú no puedes partir de cero y hacer una Asamblea Constituyente que no se sabe quiénes la van a integrar, etc. Es decir, toda una pantomima. La única expresión material que conozco son aquellas prefabricadas por los gobiernos bolivarianos. Proponer seriamente una Asamblea Constituyente, saltándose la propia institucionalidad del país, a mí me parece inconcebible.

– ¿Le llama la atención que ahora sea el ex Mandatario quien lleva la iniciativa denominada “Tu Constitución”?

– Yo creo que es la aspiración permanente que tienen los seres humanos a volver a detentar el poder.

– En su libro usted escribe lo siguiente: “Con la reforma (constitucional) se quedaron sin bandera” haciendo referencia a la Concertación…

– Al final del gobierno de Lagos y de Bachelet, habiendo llegado la Concertación a un punto en que la opinión pública calificaba de mediocre el resultado de sus gobiernos comparado con los resultados alcanzados anteriormente; estaban en el fondo casi entregando todos sus puntos a casi una hipotética reforma constitucional que nosotros propusimos. Este tema fue resuelto y a mi juicio de manera correcta, pues a pesar de que no coincidio en muchas cosas con el Presidente Lagos, sí coincidimos en que era la Constitución de todos los chilenos. Como hoy están ante la ausencia de planteamientos serios, responsables y de objetivos claros; han creado un nuevo propósito que es que todos los problemas se solucionan a través de una nueva Constitución. Por ejemplo, los problemas de la salud y educación se resuelven con una pomada que se llama nueva Constitución, una pomada mágica que está llegando al país en brazos de esta minoría demagógica y populista que está ofreciendo este bálsamo para resolver problemas que ellos no son capaces de resolver.

– ¿Para Ricardo Lagos la Constitución política de 2005 fue su bandera?

– Por supuesto que lo fue. Las constituciones no se hacen para durar una semana, sino que siglos. La Constitución de 1833 duró más de medio siglo. Tú no puedes jugar con nuevas constituciones todos los días, semanas y meses; eso es no entender lo que es una constitución política. La Carta Magna inglesa tiene 800 años y hay algunos que sostienen que hay que eliminarla, porque todos la comprenden. Yo creo que esta es otra bandera, porque se han dado cuenta que ya no tienen una. Es un ejército sin bandera y lo peor de todo que también sin personas, porque las encuestas muestran una deflación de masa crítica que hacen que hoy tengan que ir inventando todos los días algo nuevo. Y esta es una bandera muy peligrosa, porque está creando una intranquilidad artificial, porque los inversionistas cuando sienten que hay una suerte de ruido o intranquilidad institucional esperan que eso pase. Rodrigo Valdés no puede decirle a los inversionistas extranjeros que vengan, este es un coro a dos voces. Burgos y Valdés dicen una cosa, y el resto otra cosa.

– Cuando usted vivió el proceso de reforma constitucional en 2005, ¿se imaginó que sólo 10 años después íbamos a estar en este escenario?

– Yo creo que en la política uno tiene que anticiparse a los hechos y resolverlos. Por un instante pensé que por lo menos el Presidente Lagos, que había hecho un discurso tan brillante, se iba a quedar tranquilo, al menos él. La verdad es que me crea una suerte de disociación de personalidades el que ahora él aparezca señalando una cosa distinta. Si hubiese habido una diferencia tan importante lo podría entender, pero los hechos hablando por sí solos. Nosotros no teníamos la mayoría para forzar un acuerdo, había que llegar a ese acuerdo porque las constituciones no se ganan con un voto. Tú no puedes imponerle a la ciudadanía por un voto una determinada cosa, tiene que haber un consenso nacional y éste es aterrizado en una Constitución.

– En 2005 finalmente se llegó a un consenso…

– Fue un trabajo de meses en que se llegó a un consenso total. Si no se hubiese llegado a consenso, una persona con la personalidad de Ricardo Lagos no habría firmado ese acuerdo. Nosotros no engañamos a nadie ni ellos nos engañaron a nosotros. Los acuerdos son los acuerdos y éstos tenían la seriedad de haberse hecho en el Congreso. Además, no fue obra de Ricardo Lagos, fue obra del Senado. Quizás eso a él le molesta, pero coincidió que fue en su gobierno y coincidió que él lo hizo suyo. Ahora, él puede reconocer que se equivocó –es difícil que lo haga- pero una cosa es que discutamos algunas modificaciones, pero no partir de cero ni saltarse la institucionalidad que es la normativa legal de Chile creando un enorme perjuicio en la economía nacional con la intranquilidad que produce un terremoto de esta naturaleza de que crear una Asamblea Constituyente.

 

 

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