El ex ministro aborda el proceso constituyente, las críticas y disculpas de Insulza, la respuesta del Gobierno, la reforma a la educación superior, la desaceleración económica, los liderazgos presidenciales en la Nueva Mayoría y las críticas de diputados comunistas al legado de Ricardo Lagos y la obra de la Concertación.
Publicado el 16.04.2016
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El extenso currículum profesional y político de Sergio Bitar –ex ministro de Salvador Allende, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, ex senador y ex presidente del PPD- lo convierte en un observador privilegiado de la situación actual en Chile.

Con “El Líbero” conversa desde Washington, ciudad donde está terminando un documento sobre tendencias mundiales y América Latina a 2030. Semanas antes estuvo en varias ciudades de Canadá exponiendo su libro sobre transiciones democráticas que se ha publicado en inglés, español y francés, y que lo ha llevado a exponer en varios países durante los últimos meses.

En pocos días partirá a Estocolmo a integrar el consejo de asesores de la fundación Ideas Internacional, iniciativa que acoge a 28 países y que tuvo como asesora anterior a Bachelet. Después presentará su texto en la Feria del Libro de Buenos Aires.

Pese a estar tres semanas fuera, Bitar se mantiene informado de cada detalle del acontecer nacional, como el proceso constituyente, las críticas y disculpas de Insulza, la respuesta del Gobierno, la reforma a la educación superior, la desaceleración económica, los liderazgos presidenciales en la Nueva Mayoría, las críticas de diputados comunistas al legado de Ricardo Lagos y la obra de la Concertación. Todos temas que aborda el ex ministro de Educación y Obras Públicas en esta entrevista.

-¿Cuál es su mirada sobre los dos primeros años de gobierno?

-Va a quedar un legado de reformas importantes para el futuro de Chile y en los dos años que faltan vamos a poder comprobar si su implementación es buena o deficiente. Hoy hay riesgos de una implementación débil, y creo que la tarea principal del gobierno es concentrarse en la gestión y administración del aparato público, y en la implementación de las reformas que puede hacerse mejor. Por otro lado, el gran proyecto de discusión del futuro es la educación superior, el capital humano, la educación técnica, la  investigación y desarrollo.

-¿Por qué habla de que la implementación ha sido débil?

-Creo que en general el aparato público para la implementación de tareas complejas está débil. La capacidad de gobernar se ha debilitado en relación con la magnitud de las reformas y de las tareas administrativas. Tenemos que hacer un esfuerzo mayor en materia de la calidad de la administración pública, de la selección de los mejores, crear mecanismos más fuertes de coordinación intragubernamental, lo que se llama el diseño estratégico del gobierno, modalidades nuevas para enfrentar la complejidad moderna. Creo que Chile se ha atrasado en eso y ante la magnitud de las reformas queda más en evidencia ese déficit. Además, creo que el gobierno en general, y lo reconocen las personas que trabajan en él, adolece de falta de coordinación, de agilidad e implementación. No basta con diseñar y aprobar reformas, hay que llevarlas a cabo bien. Si se concentra en eso vamos a tener años mejores y creo que subirá la evaluación positiva de la Presidenta.

Bitar: “La magnitud de las reformas es enorme para un plazo breve y eso es percibido por el resto de los países. Cuando expongo en foros internacionales sobre el proyecto de reforma a la educación superior la reacción es cómo intentan hacer todo eso en tan poco tiempo. Hay un evidente riesgo de implementación”

-El gobierno dice que la obra gruesa está lista. ¿Es la parte más difícil o lo serán las terminaciones?

-La magnitud de las reformas es enorme para un plazo breve y eso es percibido por el resto de los países. Cuando expongo en foros internacionales sobre el proyecto de reforma a la educación superior la reacción es cómo intentan hacer todo eso en tan poco tiempo. Hay un evidente riesgo de implementación. Las cuatro o cinco reformas impulsadas son de una envergadura que requiere implementarse bien y en esa fase hay que concentrar la energía. Cuando se dice que la obra gruesa  está terminada es que no habrá más reformas de esa envergadura, salvo las pendientes de educación y el proceso constituyente. Ahora no es un tiempo de grandes reformas sino de implementar y operacionalizar las que se hicieron.

-Insulza cuestionó el proceso constituyente, se desdijo ante las críticas y el vocero Marcelo Díaz dijo que sus críticas reflejan “una forma de entender la política del pasado”. ¿Qué opina de este debate?

-Creo que tenemos que respetar el derecho a opinar y las diferencias de opinión no deben conducir a la descalificación sino a la contraargumentación. Por eso, no coincido con descalificar una mirada del pasado, aun cuando no coincido con Insulza respecto de que el proceso no estuviera bien conducido. Insulza tiene derecho a opinar y hay que respetarla. El aclaró su punto de vista advirtiendo el riesgo, y en vez de criticarlo hay que evitar los riesgos. No es bueno que se polemice en el gobierno. Este proceso constituyente es la mayor experiencia de educación cívica de la historia de Chile. Nunca hemos tenido un proceso de debate democrático sobre la estructura jurídica de la sociedad que queremos. Esto debemos valorarlo y puede ser de gran beneficio para la confianza nacional. Hay que apoyarlo y cuidar de que todos se sientan parte. El gobierno debe incorporarlos a todos y la derecha debe dejar su ideologismo y temores y sumarse. Ese es el camino para mejorar Chile.

-¿La Concertación está en el pasado o puede volver?

– La Concertación es parte integral de la NM, una continuidad y ampliación histórica del mismo proceso político de centro-izquierda de reformas, de mayorías, sin radicalizaciones y tampoco sin frenos. Este es el mismo camino pero con ampliación de los poderes que se ganaron en las fases anteriores. No hay una ruptura, no son dos cosas distintas, es una fuerza que se presenta de distinta manera a medida que hace los próximos cambios. Lo que hicimos antes permite hacer lo de ahora, no hay que volver atrás pero no hay que desconocer lo de atrás.

Bitar: “Quisiera que los jóvenes discutan más de ideas que del carné de identidad. Me parece que descalificar por el carné es un argumento muy pobre. Pretender que las personas son lo que hicieron en su momento, y no son capaces de mirar hacia el futuro es un error”

-¿Lagos representa el pasado al que no se quiere volver, como dicen los diputados comunistas?

-Quisiera que los jóvenes discutan más de ideas que del carné de identidad. Me parece que descalificar por el carné es un argumento muy pobre. Pretender que las personas son lo que hicieron en su momento, y no son capaces de mirar hacia el futuro es un error. Entiendo la importancia de abrir muchos liderazgos nuevos, de aportar sangre al debate. Es una prioridad que debemos hacer, pero eso no se consigue descartando a los que tienen más o menos edad.

-¿Ud. prefiere una nueva constitución o cambios a la actual?

-Creo que debemos crear una Constitución en democracia, eso es nuevo. Que sea nuevo no quiere decir que sea completamente distinto de lo anterior. Será un mejoramiento de lo anterior, cambios en lo anterior, pero no se parte de cero. Por tanto, hay que hablar de una nueva Constitución en democracia, legitimada por un proceso de participación que recoja las enseñanzas históricas. Sería un error hablar de reformas a la que hay, aunque cuando lo que resulte sean reformas a lo que hay. Lo que vale es el proceso a través del cual se consigue una Constitución.

-Lagos dijo en 2005: “Este es un día muy grande para Chile. Tenemos razones para celebrar. Tenemos hoy por fin una Constitución democrática, acorde con el espíritu de Chile, del alma permanente de Chile, es nuestro mejor homenaje a la independencia, a las glorias patrias, a la gloria y a la fuerza de nuestro entendimiento nacional”. ¿Por qué 10 años después estamos hablando de una nueva Constitución? 
-Cada momento histórico tiene su afán. La Constitución que hagamos al 2020 será vista en 2060 como una Constitución con fallas. Así es la vida humana. Estoy orgulloso de firmarla al pie del Presidente Lagos en el 2005, porque fue un salto de gran envergadura al eliminar los senadores designados, la inamovilidad de los comandantes en jefe, entre otros temas relevantes. Costó mucho porque la derecha obstruía todo. Hay que valorar en cada momento histórico la magnitud de esa tarea. Nunca habrá una Constitución congelada. Esa fue valiosa y hoy corresponde hacer una nueva Constitución que surja de un proceso participativo de todos los chilenos, que no fue en 2005.

-¿Qué liderazgos presidenciales le gustan a Ud. en la Nueva Mayoría?

-Cada vez valoro más los liderazgos colectivos, en que las instituciones abran la participación y con poderes que se equilibran. Más que pensar en la persona, que es la cultura del caudillismo, lo importante es que sea fruto de un programa común y que se sostenga en partidos sólidos que den gobernabilidad. Las personas iluminadas no sirven, tienen que surgir de partidos mejorados y con programas viables. Y eso creo que lo pueden hacer media docena de personas y en primarias habría que competir.

-¿Le gustaría ver a Lagos en la papeleta?

-Perfectamente puede estar. Creo que es una persona que tiene una mirada de futuro. Hemos estado juntos en las grandes transformaciones institucionales que se requieren a 2030 en materia medioambiental, participación, equilibrios mundiales. Está preparado para sacar a Chile de la mirada provinciana. Pero será el proceso democrático el que determine qué quiere Chile hoy.

Bitar: “Aún no veo un proceso de reflexión estratégica nacional como el proceso constituyente en el ámbito del desarrollo del país y creo que este gobierno lo puede iniciar. Se requiere crear nueva visión de Chile y eso requiere un proceso participativo”

-¿Cuál es su opinión sobre el desempeño de la economía en este gobierno?

-Si se compara con el resto de América Latina estamos en una zona mediana, estamos creciendo y eso me parece que en este cuadro es positivo. Si miro a largo plazo creo que no estamos haciendo todos los esfuerzos para crear una base productiva que no dependa solo del cobre. Las propuestas del gobierno y de la CPC son señales interesantes de una mirada pragmática y específica para mejorar la competitividad, pero aun no veo un proceso de reflexión estratégica nacional, como el proceso constituyente, en el ámbito del desarrollo del país y creo que este gobierno lo puede iniciar. Se requiere crear un nueva visión de Chile y eso requiere un proceso participativo.  Eso nos falta para tener una economía que pueda crecer a largo plazo.

-¿Las reformas han impactado el crecimiento económico, que en este gobierno no supera el 2%, el más bajo en décadas?

-Sin duda las reformas tienen en el corto plazo un costo, no hay reforma sin costo porque alteran los procedimientos rutinarios, pero la dirección de las reformas de generar más inclusión, cohesión e igualdad me parece correcto, si no sería explosivo. Se podrían haber implementado mejor, pero no explica el fenómeno más profundo de la economía mundial y una estrategia de largo plazo. Todavía hay tiempo en este gobierno para que lancemos, paralelo al proceso constituyente, un gran debate nacional sobre el Chile del 2030 en los ámbitos político, económico y social.

Bitar: “Poner en un mismo paquete la superintendencia, la acreditación de la calidad, el financiamiento estudiantil y la reorganización de las universidades del Estado puede entrampar todo (…) Hay que regular más pero tampoco hay que caer en la trampa de que la burocracia puede reemplazar la autonomía creativa de las universidades”

-¿Ha podido ver las minutas sobre la reforma a la educación superior? ¿Cuál es su opinión?

-Creo que las minutas recogen muchas de las observaciones que ha hecho el consejo consultivo, del que fui parte, de rectores, expertos y dirigentes estudiantiles. La ministra ha hecho esfuerzo por desenredar la madeja que estaba confusa, que era muy ambiciosa y sin claridad de cómo se hacen las cosas. Se ha ido despejando porque el ministerio se ha tomado más tiempo. Está pendiente aún, y en eso tengo diferencia con el gobierno, de mandar la reforma en un solo proyecto. Hay que tener un solo proyecto paraguas para el conjunto, pero deben ser distintos proyectos para hacer un debate serio. Hacerlo todo junto generará una parálisis del debate o una aceleración sin tomar en cuenta la complejidad del tema. Poner en un mismo paquete la superintendencia, la acreditación de la calidad, el financiamiento estudiantil y la reorganización de las universidades del Estado puede entrampar todo. Es un proyecto clave que tiene que ser visto como el futuro de Chile. Se jugará nuestra capacidad innovadora, de formar nuestra mejor gente pero todavía veo que está desbalanceado hacia el financiamiento y no está puesto el énfasis suficiente en los aprendizajes, las habilidades, la capacitación y la innovación.

-La UC rechazó las minutas de la reforma de educación superior por considerarla demasiado estatista.

-Creo que el sistema actual es muy privatizador, y lo hemos corregido parcialmente pero no suficiente. Pero tenemos que evitar que el péndulo se vaya al otro extremo y se rigidicen las universidades, porque tienen que tener autonomía. El gran debate es autonomía versus regulación. Necesitamos más regulación pero hay que tener cuidado de que los remedios sean muy intensos para el tipo de enfermedad que existe en el sistema. En otros países hay regulaciones mayores que en Chile.  Por ejemplo, la acreditación en Chile es voluntaria y es indispensable que sea obligatoria, como en otras partes. Acá los directorios de las universidades privadas no tienen responsabilidad personal, y las universidades estatales son el 15% del sistema, mientras Canadá tiene el 95%. Hay que regular más pero tampoco hay que caer en la trampa de que la burocracia puede reemplazar la autonomía creativa de las universidades.

Bitar: “Es bueno que se delimite bien lo alcanzable. El diablo está en los detalles y estas grandes reformas, si no se implementan bien, tendrán un costo y no serán bien valoradas por la ciudadanía”

-¿Cuál es su mirada sobre la gratuidad, que ha tenido dificultades en la implementación?

-Hay que explicitar con nitidez lo que se podrá hacer en este gobierno. Este gobierno no podrá ir más allá de un financiamiento gratuito de la educación superior para los jóvenes del 50% de las familias más modestas, que son el 30% de la matrícula. Mantener la expectativa anterior del 70% es un error político porque todo lo que se haga se comparará con esa meta inalcanzable. Esta noción de gratuidad universal es confusa, no es para todos, no es posible alcanzar en tiempo razonable, coloca una meta que, si la llevamos a salud de que será gratuita y universal, no es posible. Ponerse metas imposibles políticamente es dispararse en los pies. Es bueno que se delimite bien lo alcanzable. El diablo está en los detalles y estas grandes reformas, si no se implementan bien, tendrán un costo y no serán bien valoradas por la ciudadanía.